El sicario


Trataba de escapar de si mismo, los sueños lo perseguían noche a noche, el miedo a cerrar los ojos era más poderoso que el agotamiento físico que sentía, hizo el esfuerzo de seguir pensando aunque los pensamientos eran como lastres en su cabeza que se negaban a encajar en como el pretendía colocarlos para sacar el mejor partido de ellos, pero tal y como se encontraba no lo conseguía.
No quería echar mano de las drogas por miedo a que sus pensamientos fluyeran por otros derroteros que no pudiera controlar, sabía muy bien lo que las drogas podían hacer y más a una mente como la que el poseía en esos momentos, pero algo en ellas me atraía con fuerza, ¡Sería quizás el poder encontrar un poco de descanso a esta mente que me perturba! La medicación no me hacía gran cosa, los ansiolíticos y antidepresivos que acostumbro a tomar no son la solución en las dosis que tomo habitualmente mi organismo se ha habituado a ellos, ¿Debería probar otras cosas quizás? La marihuana es una buena candidata, podría probar haber que tal me resulta. Aún a riesgo de bloquear mi mente ¡Aunque más de lo que esta será difícil de que se bloque!
Así llevaba otra noche más cuando amaneció como tantos días, con mi cuerpo cansado, mi cabeza dolorida y al borde del bloqueo mental, me levante y me prepare un café cargado y me tome otro ibuprofeno no me hará gran cosas, pero de momento es lo que puedo hacer para paliar un poco el dolor. Con mi taza de café estaba sentado a la mesa cuando empezó a sonar el móvil.
– ¡Si! ¿quien es?
– Hola, no me conoce, Rufino me hablo de usted.
– ¡Rufino! No se quien es Rufino.
Rufino era un viejo colega de correrías era todo un profesional, habíamos hecho varios trabajitos juntos, pero alguien le quito den medio hace unos meses. Estuve preguntando a los conocidos del gremio y a un par de amigos que tengo dentro de la policía por aquello y nadie sabe a ciencia cierta que paso, pero todo apunta a que le contrataron para quitar den medio a un empresario del mundo de la música y algo no salió bien y pago por ello con su vida. Es algo que no me acaba de cuadrar, conociendo a Rufino no creo que dejara ningún cabo suelto, alguien se tuvo que ir de la lengua.
Mientras divagaba al otro lado del teléfono el desconocido esperaba aún.

– ¡Oiga! Esta usted ahí.
– ¿Como dice? Si perdón estaba tratando de hacer memoria sobre ese tal Rufino que me ha comentado, ¿pero no caigo ahora mismo quien podría ser?
– Necesito contratar sus servicios, le pagare lo que me pida.
– ¿No se a que cree que me dedico? Pero le aseguro que mis servicios no son baratos.
– ¿El dinero no será un problema?
– ¿Y cual es el problema?
– Por teléfono no, prefiero que nos veamos en persona y lo hablemos cara a cara
– ¿Quien me dice que puedo fiarme de usted?
– ¿Sinceramente? Nadie, pero como ya le he dicho, Rufino me dio su numero y me dijo que podía confiar en usted como profesional y en su discreción.
– ¿Por qué no contrato a Rufino si tanto lo conoce?
– Lo haría sin lugar a dudas, pero usted sabe tan bien como yo que esta muerto.
– ¿Por que habría de saberlo?
– No trate de jugar conmigo, ya me comento Rufino que no sería fácil tratar con usted.
– Supongamos que tal vez conociera a ese Rufino del que me habla, que no es el caso, y supongamos que voy a escuchar lo que tenga que decirme. ¿Qué garantías me ofrece de que no me la esta jugando?
– Esta bien para que vea que no trato de engañarlo y que soy un hombre de palabra, que solo quiero contratar sus servicios para lo que podríamos llamar un trabajo especial, deme un numero de cuenta en el que le ingresare mañana cincuenta mil euros, cuando haya hecho el ingreso le volveré a llamar a este numero para quedar donde usted me diga y cuando quiera. Hablamos del trabajo y de sus honorarios.
– Y si decido no aceptar, ¿que le hace pensar que va a recuperar sus cincuenta mil?
– Es un riesgo que estoy dispuesto a correr, ¿ahora que me dice?
– Esta bien escuchare su propuesta.

Le di el numero de mi cuenta y colgué, me serví otro café y me di una ducha, me dispuse a salir, tenia una cita de negocios que no podía posponer aunque después de la conversación telefónica no tenia muchas ganas de estar otra hora o par de horas tratando de negocios, hay que ver que unos tengamos tanto trabajo cuando dicen que hay mucho paro por ahí. Claro que el tipo de trabajo que realizo no es un trabajo que lo encuentres en las farolas, ni en los escaparates. “Se necesita asesino a jornada completa” o “Si necesitas trabajar y tienes experiencia en matar a gente ponte en contacto con el numero 609 XXX XXX bien remunerado”
Luego esta la negociación con el cliente siempre esta el regateo por la parte contratante, como si esto de liquidar a la gente fuera un rastro “Te doy cincuenta, por menos de ochenta no hay trato, lo dejamos en sesenta, venga ni para ti ni para mi setenta y mañana le quito de en medio” Parece que hablamos de ganado en una feria de las que había en los años treinta.
Me reuní con mi cliente en un restaurante donde se alargo la sobremesa y sin saber como se hizo de noche cuando a esos de las ocho de la noche dimos por finalizada la reunión y me despedí y regrese a mi casa cansado pero satisfecho de lo que había dado de si el día, apagué el teléfono no quería interrupciones esa noche, necesitaba descansar al día siguiente podía ser un día duro.
Por la mañana me levante temprano y después de tomar un café encendí el móvil y al momento recibí un sms de mi banco comunicándome que se había hecho una transferencia de cincuenta mil euros desde un numero de cuenta. Por lo que me dispuse a llamar al cliente, mientras marcaba me entro otro sms supuse que seria de la segunda transacción acordada el día anterior.

– Hola, he recibido el dinero.
– Hola, me alegro de que haya llamado
– Soy una persona de palabra, le dije que le llamaría en cuanto recibiera el dinero y no suelo faltar a mi palabra.
– Sabía que podía confiar en usted.
– ¿Cuándo le viene bien que nos veamos?
– Cuando usted me diga.
– ¿Le viene bien en una hora en la cala que hay en la playa de las siete rosas?
– ¿Por qué tan lejos?
– Me gusta la tranquilidad y la seguridad de que no me escuchan oídos indiscretos.
– Esta bien allí estaré en una hora.

– Si veo algo raro me iré y no volverá a saber de mi, ni de su dinero.
– Tranquilo no pasara nada, hasta dentro de un rato.

Colgué el móvil acabe de prepararme y salí de casa rumbo a la cala, lo que no le dije al cliente es que vivía a pocos kilómetros y quería estar con tiempo para verle venir desde la distancia no me fiaba de nadie y menos de alguien en quien no conocía de nada.
Media hora más tarde vi llegar el coche por la carretera y coger el desvió que llevaba hasta la cala, aparco y se bajo del coche y encendió un cigarro mientras esperaba a que yo llegara, miro varias veces el reloj, cuando acababa el segundo cigarro llegue y aparque unos metros retirado de su coche.

– Creí que ya no vendría.
– Era un riesgo que podía correr ya se lo dije ayer nadie le podía asegurar que no me quedara con el dinero y desaparecer.
– Me he informado de usted antes de atreverme a llamarle y todos los informes me han dado a entender que es un hombre de palabra.
– Vayamos al grano y dejémonos de charlas, ¿Qué quiere de mí?
– Que mate a alguien.
– ¡Ya! Eso es algo que ya daba por supuesto, ¿Cuánto esta dispuesto a pagar por ello?
– Cien mil euros, ya le he pagado la mitad la otra mitad se lo pagare antes de realizar el trabajo, yo le llamaría cuando deberá hacerlo.
– Bien.
Le dije mientras sacaba un cigarro y le ofrecía otro a el, le di fuego y me gire para irme hacía el coche, mientras le escuchaba decirme.

– ¿No quiere saber a quien tiene que matar?
– No. Ya lo se.

Le dije mientras me giraba con la pistola en la mano y le pegaba un tiro en la cabeza. Cogí mi móvil y le hice una foto que mande por sms a un numero determinado y tire el teléfono al mar. Me volví hacía mi coche mientras pensaba del por que ellas valoran más la muerte de sus maridos, que ellos la de ellas. Así siempre tendrán las de perder, mientras el tenia que esperar a juntar el dinero, ella lo tenia ya cuando me llamo para contratarme.

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