Todo era cuento


A veces vivimos lo que podría llamarse realidades confusas, me explico para no confundiros, al menos para no confundiros tanto como lo estoy yo.

Cuando eramos niños y hacíamos algo no bueno  «vamos a dejarlo ahí» siempre nos amenazaban con el hombre del saco «al menos en ni caso» claro que el hombre del saco pronto se canso de ir a mi casa y decidió instalarse allí con nosotros, le salía más económico que ir y venir constantemente, no porque yo fuera malo «que lo era» si no más bien porque mi madre era una gran cocinera y lo invitaba a cenar cada vez que iba «que eran todas las noches» de día se ve que no trabajaba porque yo era igual de día que de noche. «Bueno vamos al grano que me pierdo con mis pensamientos».

Cuando era un crío de edad «de pensamiento lo sigo siendo» me hice amigo de un niño que había sido de madera con el tiempo de madera paso a ser de carne y hueso con una peculariedad, que cuando decía mentiras le crecía la nariz, esto tenía sus pros y sus contras; Una mañana nos fuimos a jugar al bosque y nos perdimos, tal fue nuestra suerte que nos encontramos a dos hermanos que habían sido abandonados por su padre, «¿que padre puede abandonar a sus hijos en medio del bosque? Quizás entonces era muy raro hoy los dejan en los parques o en los centros comerciales, lo mismo da». Los cuatro nos fuimos a jugar, total ya estábamos perdidos lo mismo nos daba, jugando a pilla pilla encontramos una casa grande y nos quedamos parados mirándonos, ¡Quien podrá vivir en medio del bosque! Sin pensarlo entramos, teníamos hambre y queríamos ver si había algo de comida, mira por donde la mesa estaba puesta, no se veía a nadie y era muy raro porque parecía que habían comido de todos los platos, nos separamos para inspeccionar haber si había alguien.

—Hansel, tu y tu hermana subir a la planta de arriba, Pinocho y yo miraremos por aquí abajo, si encontráis a alguien dais un silbido.

Mientras los hermanos subían nosotros empezamos la inspección por la planta de abajo.

—Todo lo que encontremos de comida nos lo llevamos Pino. —Le dije a mi amigo de madera— Dándose por enterado.

Al momento oímos un silbido bajo pero largo, salimos corriendo escaleras arriba y vimos a Gretel en el fondo del pasillo haciéndonos gestos con la mano, llegamos hasta la habitación en la que estaba su hermano parado en medio del cuarto mirando a una cama en la que había una niña con un pelo rizado y dorado, parecía de oro cuando al abrir un poco la ventana para ver mejor los rayos del sol le hicieron brillar los rizos.

—Ahora que hacemos —me pregunta Hansel—

—Nada, dejemosla que siga durmiendo, vamos abajo cogemos lo que podamos de comida y nos marchamos de aquí echando chispas. —dije en tono burlón mirando a mi amigo de madera que ponía cara  de mala leche—

Cuando ya nos alejábamos de aquella casa empezamos a oír una canción algo rara, no entendía lo que decía, nos asomamos entre los matorrales despacio, con mucho cuidado para no hacer ruido y vimos a un grupo de enanos caminando en fila mientras cantaban llevando herramientas sobre el hombro; los seguimos despacio dejando terreno entre ellos y nosotros queríamos ver donde iban. Nos llevaron hasta una cueva en la cual entraron los siete enanos, según pudimos contar mientras íbamos tras ellos.

La cueva disponía de una ventana pequeña y redonda por la que me asome para ver que hacían, estaban todos alrededor de una cama, en la cual dormía una joven muy guapa, de pelo negro y su cara parecía que mostraba unos rasgos de tranquilidad y felicidad que transmitía una paz acogedora.

Nos marchamos de allí sin hacer ruido para no alterar aquel cuadro que acababa de ver.

Continuara…

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25 comentarios en “Todo era cuento”

  1. Fíjate que a mí nunca me han amenazado con llamar al hombre del saco. En mi caso, eso hombre era muy real y pobre del que le hiciera enfadar… Su voz era potente y grave, aunque no solía vocalizar mucho, y sus manos eran como tenazas. Además, su gran estatura también contribuía a la intimidación que provocaba. Quizá yo también me acabe convirtiendo algún día en un “hombre del saco”.
    Un abrazo.

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    1. Todos somos en algún momento el hombre del saco. Cuando era niño y hacía alguna trastada, mi madre la pobre ya no podía conmigo, me decía. «Cuando vengas tú padre te vas a enterar, se lo pienso decir todo, ya te puedes ir preparando» Aquello se cogió por costumbre y se volvió el cuento del pastor mentiroso, hasta que una vez vino el lobo de verdad «Aún me escuece cuando me toco» 😀

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