¿Puedo invitarle a un café? By Antonio Caro Escobar


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Roberto pasó una mañana por la puerta de aquella cafetería, algo le empujo a entrar, se sentó en un taburete de la barra, fue cuando la vio, allí, tranquila, como si estuvieras esperando a alguien. Cruzaron sus miradas y vio unos ojos tristes, apagados, con una pena que su rostro no expresaba, pero que ellos no podían ocultar.

Terminó su café y sé fue de allí.

A la mañana siguiente volvió, no supo que lo empujó a hacerlo, pero tenía que volver a verla. Cuando pidió el café y se giro hacía la puerta la vio entrar. Al verla de pie se dio cuenta que era alta, llevaba unos pantalones ajustados que le hacían unas piernas muy estilizadas,  junto a una camisa blanca con tres botones desabrochados, lo que le proporcionaba un escote considerable, que dejaba al descubierto el canalillo y acaba en un busto ni muy grande, ni pequeño.

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5 comentarios en “¿Puedo invitarle a un café? By Antonio Caro Escobar”

  1. Qué peligro tiene un café, puede ser el principio de una gran historia. ¿Funciona igual si te invitan a unas patatas bravas?, están poco explotadas y lo mismo de ahí sale otra historia, de colesterol sobre todo.😀 Estaré atenta a esa continuación.

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