La casa


El desfile de vehículos le siguen, como dolientes siguen un coche fúnebre camino del camposanto.

El silencio solo era roto por el ruido de los motores,

los curiosos se agolpaban en aceras y ventanas.

Él sabía que una vez atravesara aquella verja no habría marcha atrás.

En el edificio, tras las verjas, se ocultaba una total oscuridad, que no permitiría que nadie violara su intimidad.

La comitiva llegó a la altura de la verja, había dos personas esperando para abrir aquellos barrotes, tenían miedo de tocarlos con sus manos, lo reflejaban sus rostros.

Desde el primer vehículo les hicieron un gesto de asentimiento y ellos temerosos de cruzar el umbral, empujaron hacía dentro la valla, que se deslizo suave y silenciosa a pesar del tiempo transcurrido desde que se uso la última vez ¿Cuándo? Nadie de los presentes lo sabían, ninguno había nacido. Fue en un pasado muy lejano, que hasta el día de hoy creían olvidado.

El vehículo que encabezaba la comitiva entró despacio y tras el se volvieron a cerrar las puertas de metal; avanzó despacio hasta la entrada principal del edificio que vibraba como si tuviera vida propia, un zumbido se oía tenue pero claro. Al llegar al pie de la escalinata principal el coche paró, se abrió la puerta y alguien salió y se dirigió hasta la puerta de madera antigua de la que colgaba una aldaba con cabeza de león de bronce y de su boca una argolla con un contrapeso en medio del aro.

Sin llegar a tocar la puerta, esta comenzó ha abrirse, haciendo que la oscuridad se replegara a un rincón de la habitación, permitiendo que la luz entrara en un resquicio, viendo así violada su intimidad de siglos ininterrumpidos de total tranquilidad.

El ser de la puerta dio dos pasos y cruzo el umbral y la puerta se cerró tras el.

En el exterior un ¡oh! Se mezclo con suspiros de resignación, unos sabían que era lo mejor que les podía pasar, otros más escépticos, dudaban de que esa fuera la solución. Otros simplemente lloraban ante el miedo de un porvenir desconocido que se les avecinaba.

Mientras en la casa la oscuridad empezó a llenar de nuevo su espació, sabía que había vuelto a vencer. Ella era un pasado ya vivido, dentro de un edificio llamado presente, esperando a un futuro que llenara las habitaciones de aquella casa, sabiendo que todas al final, estarían repletas del pasado.

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6 comentarios en “La casa”

  1. Penetró en el pasado haciéndose presente y preparándose para el futuro… Todos soñamos en que el futuro sea una casa con mucha luz y vistas a las estrellas.
    Cada día, cuando no levantamos, estamos tocando la aldaba de nuestro futuro.
    Un abrazo.

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