Writing Challenge


Día 14.

Escribe una historia

En el día de hoy el reto, me pide que os cuente una historia. Creo que podré o sabré hacerlo, lo que no se, es si en 850 palabras podré hacerlo en tan pocas. No, no ha sido posible así que la mitad hoy la mitad mañana. Como el reto lo hago yo, las normas la hago a mi medida.

Un viaje accidentado 1/2

Érase una vez un niño de trece años, vivía en una familia numerosa en la que había once miembros los padres (o sea papa y mama) los abuelos maternos y cinco hijos, diréis que las matemáticas no fallan y aquí solo aparecen nueve y faltan dos miembros. Estas dos personas eran dos inquilinos que vivían en la misma casa que nuestro protagonista, no formaban parte directa, pero si indirecta.

He de recalcar que para que una familia numerosa en aquella época eran los padres y cinco vástagos o hijos.

Era en tiempo de verano y como cada año los abuelos tenían la necesidad y el placer de desplazarse hasta su localidad de nacimiento en tierras extremeñas, lo que venía a ser setecientos kilómetros de distancia desde la costa levantina.

Pero eran personas mayores para viajar solos ya, máxime cuando antes vivían en el norte se montaban en la viajera casi en la puerta de casa y los dejaba en el pueblo, que conocían como la palma de mano, y al lado del lugar de donde se quedaban a pasar los días estivales, por ende decir, que los esperaban algunos familiares que no veían desde el año anterior como mínimo.

Pero como decía el traslado a la costa de levante fue un pequeño trauma para los abuelos, ya que tenían que trasladarse desde la cuidad donde vivían hasta Alicante capital, coger un tren que les llevara hasta Alcazar de San Juan en Albacete, ahí hacer trasbordo y coger otro tren hasta Ciudad real, allí volver ha hacer otro transbordo, coger otro tren hasta el pueblo de Villanueva de la Serena en la provincia de Badajoz, localidad de llegada.

Toda una odisea para personas mayores, que no estaban acostumbradas a viajar y mucho menos a esto de los transbordos de trenes etc.

Así que se miro la posibilidad de hacer otro trayecto más cómodo y sencillo para ellos.

Esté era coger el tren en Alicante hasta Madrid, allí hacer un solo trasbordo a otro tren que iba directo hasta el pueblo, era bajar de una y subir a otro, no como en Alcazar que había que esperar una media de una hora hasta la llegada del tren que les llevaría a Ciudad Real.

Se decidió que esta segunda opción era la más aconsejable cómoda y rápida para dos personas mayores, en las que él (el abuelo) tenía cada día más problemas de visión, y ella (la abuela) necesitaba muletas para poder caminar ya que desde joven la espalda se le había ido encorvando y no podía caminar derecha. Estos eran otros alicientes para que su viaje fuera ya de por si una odisea, si a eso le sumamos el equipaje, que como mínimo eran dos maletas y un bolso, acabáramos. Alguien debía ir con ellos y acompañarlos por lo menos hasta Madrid y una vez en el tren, cuando llegaran a su destino tendrían familiares esperándolos allí.

Así que le toco al un muchacho de trece años acompañar a dos personas una de 78 y otra de 83 hasta Madrid para acarrear las maletas y dejar a los abuelos en el tren acomodados hasta que los recogieran en su lugar de destino.

Esto en si no es algo que tenga mucha trascendencia si no llega a ser porque el muchacho al volver se encontró que no tenía billete de vuelta, que el billete que llevaba no valía para el tren de regreso, ya que esté era un TALGO y el que llevaba correspondía a un tren de media distancia, lo que hoy son conocidos como cercanías. ¿Qué podía hacer un muchacho de trece años, en una situación así? Lo primero que se le pasó por la cabeza y que había visto en muchas películas, viajar sin billete.

Así que corto ni perezoso, se subió al Talgo con la esperanza de que no le pidieran el billete, pero no era su día de suerte, el revisor le pidió el billete, y cuando voy que no correspondía a ese tren le dijo que tendría que abonar la diferencia, algo imposible ya que no llevaba dinero ni para tomar un café. El revisor le advirtió que tendría que avisar a la policía del tren y que lo retendrían hasta llegar a la próxima estación donde tendría que bajarse. Por más que el muchacho le dijo que llevaba el billete, y el libro de familia como que era familia numerosa, que solo había cogido un tren por error (todo para quitar hierro al asunto y así poder llegar hasta su destino). El revisor trago, lo que si hizo evitar el bochorno de avisar a la policía y hacerle prometer que se bajaría en la próxima estación sin problemas, cosa que hizo y cumplió.

Llegaron a la estación de la Encina en Albacete y se bajo tal y como prometió al revisor, esté que estaba pendiente de que lo hiciera le saludo cuando empezó la marcha y paso a su altura.

855 palabras

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