¿Qué demonios está pasando?


Se hallaba Satanás reunido con siete de sus demonios, los llamados príncipes del infierno; harto de ir perdiendo posiciones en su guerra contra el bien.

Decidió, que debían hacer algo para que la balanza se equilibrara un poco a su favor, para ello reunió a los siete, y ver si entre todos trazaban un plan que les llevara a un factor favorable.

Desde su trono de fuego habló y retumbo la caverna con su atronadora voz.

—Sois los siete demonios más malévolos del infierno, pero no veo que vuestras maldades nos hagan ganar terreno, al revés cada vez hay más almas buenas que se nos escapan y suben al cielo, esto ha de acabar, cada vez hay menos que creen en mi y mi poder. Ya no ha ritos como antes, ni brujas de gran poder, los aquelarres están en desuso y las iglesias.

—Perdona que te interrumpa, mi maléfico señor. —le dijo Astaroth uno de los más influyentes de los siete. Las iglesias están prácticamente vacías, nadie se santigua como lo hacían antes, y si muchos van al cielo, no es por beatitud o bondad, es porque tu hermano ha decidido llevárselos antes que dejar que vengan aquí, les perdona sus pecados sin más.

—Aún así, para que os tengo a todos vosotros, sino para que compréis las almas de esos pecadores y no permitir que vayan al otro lado.

—Tienes razón mi malignicencía, pero qué podemos hacer, las guerras no son suficiente, que es lo que nos queda, porque ahora las catástrofes que causamos, terremotos, tsunamis, erupciones, tifones o huracanes; resultan ser designios del otro. Es vergonzoso cuando les oyes decir cada vez que ocasionamos alguna catástrofe la eterna perorata, Dios nos ha castigado o así lo ha querido el Señor.

Así no hay quien se atribuya nada, si encima luego les perdonan los pecados no nos da opción a comprar alma alguna, la cosas ya no son como antes…

—No quiero más excusas absurdas, me tenéis ardiendo con tanto tontería —le corto Satán echando humo por todos los poros de su no cuerpo.

Azazel, el demonio más promiscuo del infierno, pidió permiso para tomar vela en el entierro, o mejor dicho la palabra en la discusión.

—Desde hace tiempo, años atrás las mujeres y los hombres, claro esta, eran fáciles de atraer, de que se engañaran unos a otros, vamos que fueran infieles, de eso me encargaba yo —dijo Azazel. Pero ahora corren tiempos difíciles, ya no se engañan entre ellos, al revés se unen para hacer unas bacanales que ni los antiguos romanos serían capaces de crear.

—¿Y que propones tú Azazel? Antes eras el que más alma atraías junto Balaam, que sabía sacar lo peor de ellos, la avaricia y la codicia del ser humano —le pregunto Satán.

—Pues si he de serte sincero mi Señor —empezó a decir Azazel.

—Jamás —le corto bruscamente Satanás miente, nunca seas sincero, ni a mí siquiera. ¿Qué clase de demonio eres tú?

El demonio agacho las orejas y metió el rabo entre sus piernas.

Belcebú se adelanto mientras espantaba con la cola las moscas que pululaban siempre a su alrededor.

—Mi amado Señor mis hermanos tienen razón, todo va en decadencia —dijo. Antaño los Sabbaths, se realizaban con gran devoción hacía mi persona, pero ahora… Ahora lo máximo que conseguimos que algún loco, ciego de pastillas se cage en nosotros, me atronan los oídos de escuchar esa retahíla “Me cago en mis demonios” Cuando antes se no veneraba y se nos temía.

—Tiene razón Belcebú, a mi me pasa lo mismo —dijo Astaroth.

Y a mi, a mi también, se escuchaba en toda la caverna.

—¡Silencio! —grito Satán. Ya esta bien de lamentaciones, parecéis ángeles celestiales. A ver que es lo que más gusta hoy día a los hombres y mujeres.

Mammón le contesto.

—Los gustos no han cambiado prácticamente, mi señor.

—¿Entonces, qué demonios esta pasando? —pregunto enojado Satanás. Darme respuestas, no problemas, para que demonios os tengo, sino para que traigáis almas.

—Veras mi endemoniado Señor del averno —empezó a decir Mammón al tembloroso.

—Déjate de zalamerías ni estupideces y contesta a mi pregunta mamón —le dijo Luzbel alzando su tridente hacía su condescendiente demonio.

—No te enojes conmigo, mi Señor —dijo acojonado, perdón, acobardado. Mammón. Lo que quería decir es que desde unos años, décadas para esta acá, los humanos (hombres y mujeres) tienen un demonio común —le comento el demonio.

—¿Quién ese usurpador? ¿Responde? O te pongo a limpiar el infierno de cabo a rabo —le dijo enfurecido Lucifer.

—Le llaman Internet o la red. Los mortales se dedican a navegar por ella, hay una zona que la denominan la Internet oscura, que solo los más osados y listos saben donde se haya —le empezó a contar el demonio a su Señor.

—¿Quién dirige esa Internet oscura o lo que sea eso? —pregunto interesado Lucifer.

—Se llaman hakers, y son algo así como los dioses de la red, entran y salen sin que nadie los pueda controlar, roban, estafan, timan, todo ello sin compasión y rara vez los encuentran —le contó el demonio. Son los dueños y señores de Internet.

—¡Uhmm! Interesante, creo que vamos a tener que adaptarnos a los nuevos tiempos ¿Y dices que hay que navegar por ese mundo oscuro? —pregunto de nuevo Luzbel.

—Así lo llaman los mortales mi Señor.

—Bien. ¡Leviatán!

Llamo Lucifer a su demonio.

—¿Si mi Señor?

—Tengo un nuevo mandato para ti, deberás introducirte en es mundo nuevo llamado Internet y navegar por él, atrapar todas las almas que puedas y traérmelas, sobre todo la de esos dioses llamados …..

—Hakers, mi Señor —le dijo Mammón.

—Eso es, hakers —repitió Lucifer.

—¿Yo, mi Señor? —pregunto dudoso Leviatán.

—¿Quién mejor que tú, mi querido Leviatán? Tú, que eres el demonio de los océanos, el dragón de los mares ¿Quién mejor que tú, para navegar por ese mundo oscuro de los mortales? Quien mejor que tú, para tan ardua tarea —le ensalzo Satanás.

—Como ordenes mi Señor, haré todo lo que este en mis endemoniadas manos para traerte las almas que me pides —le dijo Leviatán.

—Así me gusta príncipe mío, y los demás ya podéis ir espabilando necesitamos almas mortales, espabilad.

Les dijo a todos el Señor del averno, el príncipe de la oscuridad.

—¿Mi señor? —le interrumpió Leviatán.

—Dime.

—Creo que debería cambiarme el nombre, ya que el mío es muy conocido —dijo el demonio.

—Como desees, ¿Como te quieres llamar ahora? —le pregunto Satanás.

—Si me lo permites mi Señor —dijo Amon de malas maneras. Yo le llamaría Leviatronic, es muy acorde a los nombres que usan los mortales. Jajaja.

Todos en el infierno se rieron como demonios, incluido Satanás.

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