Como matar a un editor


Este texto está escrito bajo las pautas de True Crime para el Taller de Escritura j re crivello

Desenlace…

Debería dejar de trabajar con él o con la editorial, pero no puedo perder la única fuente de ingresos que tengo, si los abandono, pierdo los derechos de mis libros y necesito ese dinero, claro que por otro lado también puedo… Es una locura y me arriesgo mucho con solo pensarlo, pero soy escritor y muy bueno por lo que dicen las críticas, ¿Así que porque no? Como dijo alguien, la vida es un riesgo que hay que aprender a vivir.

Cuando Tom salió del restaurante su cara era otra, un rictus de determinación cruzaba su rostro, parecía como si la cena le hubiera cambiado por completo haciéndole un hombre nuevo. Volvió a casa y se sirvió un whisky con hielo y se sentó a escribir, las palabras surgían de su mente a través de sus dedos como corrientes eléctricas, termino otros dos capítulos y los releyó tranquilamente, vio que lo que había escrito era un plan fantástico para llevar a cabo y satisfecho con ello se acostó cerca ya del amanecer.

Se levanto a media mañana, estaba satisfecho de la decisión que había tomado, así que después de asearse y tomar un café como cada día cogió el coche y condujo más de doscientos kilómetros hasta otra ciudad donde comprar lo que necesitaba para urgir su plan. Llego cerca de la tres de la tarde, así que le tocaba esperar a que las tiendas abrieran por lo que decidió comer en un bar en el que el menú que tenía en la puerta le llamo la atención, comió tranquilo, dándole vueltas una y otra vez a su plan, no quería que nada saliera mal.

Cuando termino de comer pagó la cuenta y salió de aquel bar hacia una tienda de caza y pesca por la cual había pasado al llegar, todavía se encontraba cerrada por lo que se dio una vuelta mirando escaparates, encontró un supermercado abierto y entró a comprar algo de comida y algunas cosas que iba recordando le hacían falta en la despensa, café, agua, algún dulce, algo de carne y unas latas de conservas, lo llevo todo al coche y volvió a la tienda de caza y pesca que ya debería haber abierto, así fue, entro y estuvo mirando, se le acerco el dependiente y entablaron un pequeña conversación mientras el empleado le fue sacando los artículos que más se adecuaban a sus necesidades, salió satisfecho de la compra que había realizado y así poder llevar a cabo sus planes.

Tomo rumbo de nuevo a casa y como se encontraba algo cansado se tumbo en el sofá a ver un rato la televisión, al cabo de unos minutos se quedó dormido.  Se despertó a las dos de la madrugada, se levantó y se preparo un café, —algo quizás raro en una persona normal, pero en un escritor no es nada raro, ellos no tienen horario, éste se lo marcan las letras, la mente y las ideas, las ganas de plasmar esos pensamientos del poeta, la trama de la historia del novelista. Son horarios raros para las personas normales, son horarios simplemente para los artistas—. Después del café se sentó a escribir, tenía las ideas claras, sabía lo que debía hacer y lo haría, ahora se centro en su novela y empezó a teclear.

Al venir el día llamó a la editorial sabía que a esas horas ya encontraría allí a Leo, eran las siete y media, haría media hora que habría llegado a su oficina, es lo que tiene ser un animal de costumbre, enseguida te siguen el rastro.

—Hola Tom, ¿Me llamas para decirme que ya tienes acabada la novela? —le dijo Leo sin más preámbulos.

—No Leo, aún no la tengo acabada, pero ya me falta poco.

—¿Entonces?

—Te llamó para invitarte a comer hoy y así podemos hablar sobre la novela, tengo unas cosas que comentarte sobre el tema.

—¡A comer! ¿Tú y yo? Bueno vale, ¿Dónde quedamos?

—En mi casa, así no tendremos interrupciones y hablaremos más tranquilos.

—Bien, como quieras, ¿A las tres esta bien?

—Si, es una buena hora. Nos vemos a las tres entonces. Hasta luego Leo.

Colgó y salió al jardín a fumarse un cigarro, no era algo que hiciera a menudo pero cuando se sentía tenso le apetecía fumar, sabía que no le relajaba, pero le hacía sentir mejor aunque fuera mentalmente.

Dispuso todo lo necesario para un almuerzo con Leo lo tenía todo planeado minuciosamente, nada podía salir mal, se jugaba mucho con aquella jugada valga la redundancia, preparo la mesa y puso una botella de vino a refrescar para que tuviera la temperatura adecuada para sacarle todo su boque, la empresa de comidas llego a la hora convenida con todo lo pedido para aquella comida, el camarero del catering preparo los platos y abrió el vino para que se fuera oxigenando. Leo llego puntual, se estrecharon la mano y Tom le invito a entrar, el camarero los sirvió una copa de vino y se sentaron en el sofá donde hablaron de cosas intrascendentes antes de sentarse a comer. Cuando el camarero les indico que todo estaba listo se sentaron a la mesa y empezaron a comer, comenzaron con unos entrantes, endivias con anchoas y salsa agridulce, unos canapés de salmón y un salteado de setas de temporada como primer plato, medallones de solomillo de ternera en salsa de vino al oporto acompañados con una guarnición de verduras a la brasa, todo ello regado con vino blanco los entrantes y el primer plato y vino tinto el segundo con un brownie de chocolate de postre y para culminar con una digestiva copa de licor de naranja y un café expreso.

Habiendo terminado la comida, Leo, se deshacía en elogios hacía su anfitrión, hacía mucho que no comía de una forma tan frugal y tan agradable como ese día, estaban hablando del libro y de sus avances cuando Leo empezó a sentirse acalorado, al principio pensó que sería la comida que empezaba a cocer en su estomago y hacía que las calorías se le subieran por el cuerpo, pero enseguida se puso rojo y unas erupciones comenzaron a salirle por el cuerpo, Tom aviso al camarero para que le ayudara a llevarlo a la cama mientras llegaba la ambulancia que había sido avisada por Tom. Cuando llegaron los facultativos y vieron el estado del editor lo montaron en una camilla y lo trasladaron de forma urgente al hospital. Aunque no consiguió llegar al centro, de camino sufrió un paro cardiaco a consecuencia de un shock anafiláctico por el consumo de almendras. Leo era muy alérgico a los frutos secos, algo que muy pocos sabían debido al carácter que tenía, era introvertido de pocos amigos por lo que solo unos cuantos sabían de su alergia así como de cualquier otro asunto de índole personal.

Tom quedo exonerado del fallecimiento de su editor ya que todos los indicios llevaban a pensar que había sido un desgraciado accidente provocado por la falta de información por parte del anfitrión de la sobremesa, al menos fue lo que declaro la policía en su informe que trasmitió al juzgado.

Todo lleva a pensar que fue un accidente ¿O no? Quien sabe lo que pudo pasar y de hecho pasó, como de una conversación intrascendente entre dos compañeros de  trabajo de la editorial, una noche de fiesta, pasados de copas, podía dar con la llave para abrir una puerta cerrada a cal y canto.

Tom asistió al entierro de su editor aunque no derramó una lágrima, su cara era un cuadro del que no se sabía lo que quería significar, ¿Dolor?¿Pena?¿Resignación?¿O regocijo? Todo en uno o uno en todos. 

Publicado originalmente en https://masticadoresamerica.wordpress.com/

Actividad 4Taller de Escritura j re crivelloTrue Crimen / Serie negra / Barcelona

4 comentarios en “Como matar a un editor”

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