Archivo de la categoría: Relatos

¿Qué demonios está pasando?


Se hallaba Satanás reunido con siete de sus demonios, los llamados príncipes del infierno; harto de ir perdiendo posiciones en su guerra contra el bien.

Decidió, que debían hacer algo para que la balanza se equilibrara un poco a su favor, para ello reunió a los siete, y ver si entre todos trazaban un plan que les llevara a un factor favorable.

Desde su trono de fuego habló y retumbo la caverna con su atronadora voz.

—Sois los siete demonios más malévolos del infierno, pero no veo que vuestras maldades nos hagan ganar terreno, al revés cada vez hay más almas buenas que se nos escapan y suben al cielo, esto ha de acabar, cada vez hay menos que creen en mi y mi poder. Ya no ha ritos como antes, ni brujas de gran poder, los aquelarres están en desuso y las iglesias.

—Perdona que te interrumpa, mi maléfico señor. —le dijo Astaroth uno de los más influyentes de los siete. Las iglesias están prácticamente vacías, nadie se santigua como lo hacían antes, y si muchos van al cielo, no es por beatitud o bondad, es porque tu hermano ha decidido llevárselos antes que dejar que vengan aquí, les perdona sus pecados sin más.

—Aún así, para que os tengo a todos vosotros, sino para que compréis las almas de esos pecadores y no permitir que vayan al otro lado.

—Tienes razón mi malignicencía, pero qué podemos hacer, las guerras no son suficiente, que es lo que nos queda, porque ahora las catástrofes que causamos, terremotos, tsunamis, erupciones, tifones o huracanes; resultan ser designios del otro. Es vergonzoso cuando les oyes decir cada vez que ocasionamos alguna catástrofe la eterna perorata, Dios nos ha castigado o así lo ha querido el Señor.

Así no hay quien se atribuya nada, si encima luego les perdonan los pecados no nos da opción a comprar alma alguna, la cosas ya no son como antes…

—No quiero más excusas absurdas, me tenéis ardiendo con tanto tontería —le corto Satán echando humo por todos los poros de su no cuerpo.

Azazel, el demonio más promiscuo del infierno, pidió permiso para tomar vela en el entierro, o mejor dicho la palabra en la discusión.

—Desde hace tiempo, años atrás las mujeres y los hombres, claro esta, eran fáciles de atraer, de que se engañaran unos a otros, vamos que fueran infieles, de eso me encargaba yo —dijo Azazel. Pero ahora corren tiempos difíciles, ya no se engañan entre ellos, al revés se unen para hacer unas bacanales que ni los antiguos romanos serían capaces de crear.

—¿Y que propones tú Azazel? Antes eras el que más alma atraías junto Balaam, que sabía sacar lo peor de ellos, la avaricia y la codicia del ser humano —le pregunto Satán.

—Pues si he de serte sincero mi Señor —empezó a decir Azazel.

—Jamás —le corto bruscamente Satanás miente, nunca seas sincero, ni a mí siquiera. ¿Qué clase de demonio eres tú?

El demonio agacho las orejas y metió el rabo entre sus piernas.

Belcebú se adelanto mientras espantaba con la cola las moscas que pululaban siempre a su alrededor.

—Mi amado Señor mis hermanos tienen razón, todo va en decadencia —dijo. Antaño los Sabbaths, se realizaban con gran devoción hacía mi persona, pero ahora… Ahora lo máximo que conseguimos que algún loco, ciego de pastillas se cage en nosotros, me atronan los oídos de escuchar esa retahíla “Me cago en mis demonios” Cuando antes se no veneraba y se nos temía.

—Tiene razón Belcebú, a mi me pasa lo mismo —dijo Astaroth.

Y a mi, a mi también, se escuchaba en toda la caverna.

—¡Silencio! —grito Satán. Ya esta bien de lamentaciones, parecéis ángeles celestiales. A ver que es lo que más gusta hoy día a los hombres y mujeres.

Mammón le contesto.

—Los gustos no han cambiado prácticamente, mi señor.

—¿Entonces, qué demonios esta pasando? —pregunto enojado Satanás. Darme respuestas, no problemas, para que demonios os tengo, sino para que traigáis almas.

—Veras mi endemoniado Señor del averno —empezó a decir Mammón al tembloroso.

—Déjate de zalamerías ni estupideces y contesta a mi pregunta mamón —le dijo Luzbel alzando su tridente hacía su condescendiente demonio.

—No te enojes conmigo, mi Señor —dijo acojonado, perdón, acobardado. Mammón. Lo que quería decir es que desde unos años, décadas para esta acá, los humanos (hombres y mujeres) tienen un demonio común —le comento el demonio.

—¿Quién ese usurpador? ¿Responde? O te pongo a limpiar el infierno de cabo a rabo —le dijo enfurecido Lucifer.

—Le llaman Internet o la red. Los mortales se dedican a navegar por ella, hay una zona que la denominan la Internet oscura, que solo los más osados y listos saben donde se haya —le empezó a contar el demonio a su Señor.

—¿Quién dirige esa Internet oscura o lo que sea eso? —pregunto interesado Lucifer.

—Se llaman hakers, y son algo así como los dioses de la red, entran y salen sin que nadie los pueda controlar, roban, estafan, timan, todo ello sin compasión y rara vez los encuentran —le contó el demonio. Son los dueños y señores de Internet.

—¡Uhmm! Interesante, creo que vamos a tener que adaptarnos a los nuevos tiempos ¿Y dices que hay que navegar por ese mundo oscuro? —pregunto de nuevo Luzbel.

—Así lo llaman los mortales mi Señor.

—Bien. ¡Leviatán!

Llamo Lucifer a su demonio.

—¿Si mi Señor?

—Tengo un nuevo mandato para ti, deberás introducirte en es mundo nuevo llamado Internet y navegar por él, atrapar todas las almas que puedas y traérmelas, sobre todo la de esos dioses llamados …..

—Hakers, mi Señor —le dijo Mammón.

—Eso es, hakers —repitió Lucifer.

—¿Yo, mi Señor? —pregunto dudoso Leviatán.

—¿Quién mejor que tú, mi querido Leviatán? Tú, que eres el demonio de los océanos, el dragón de los mares ¿Quién mejor que tú, para navegar por ese mundo oscuro de los mortales? Quien mejor que tú, para tan ardua tarea —le ensalzo Satanás.

—Como ordenes mi Señor, haré todo lo que este en mis endemoniadas manos para traerte las almas que me pides —le dijo Leviatán.

—Así me gusta príncipe mío, y los demás ya podéis ir espabilando necesitamos almas mortales, espabilad.

Les dijo a todos el Señor del averno, el príncipe de la oscuridad.

—¿Mi señor? —le interrumpió Leviatán.

—Dime.

—Creo que debería cambiarme el nombre, ya que el mío es muy conocido —dijo el demonio.

—Como desees, ¿Como te quieres llamar ahora? —le pregunto Satanás.

—Si me lo permites mi Señor —dijo Amon de malas maneras. Yo le llamaría Leviatronic, es muy acorde a los nombres que usan los mortales. Jajaja.

Todos en el infierno se rieron como demonios, incluido Satanás.

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Literatura


Bajó al infierno reclamando su sitió junto a Lucifer, al llegar a la entrada tras haber pasado el lago de Estigia junto a Caronte, que le exigió el pago como era en él.

Al atravesar las puertas del averno un silencio se hizo de repente, hasta las llamas dejaron de crepitar, todos los demonios, mayores y menores se volvieron hacía él.

¿Qué hará este aquí? ¿A qué habrá venido? Se preguntaban.

Él sin abrir la boca, se acerco al centro de la caverna que servía de receptorio, alguien alzó la voz.

¿Quién eres y ha que has venido aquí?

Soy un pobre difunto que ha venido a reclamar su sitio.

¿Y qué sitió es ese que quieres para ti?

El del señor del averno, el de Satanás o Lucifer, como prefiráis llamarlo.

Jajaja. Rieron a coro todos los presentes.

¿Qué te hace pensar que ese es tú sitió, y no el de un pobre diablo más de los que hay por aquí?

Porque yo fui el que peleo con dios desde que nació, y ahora se que gane mi pelea.

Yo crucifique al hijo de dios allá en la tierra y le tapo el sepulcro para que no pudiera resucitar.

Yo fui el que le vendió por trece monedas de oro y una de ellas la tiene ahora Caronte.

Yo partí a un niño en dos, cuando sus supuestas madres se lo disputaban.

Yo fui el que sentencio a la hoguera a miles de brujas y herejes.

Maté a miles de inocentes en las cámaras de gas en el holocausto.

Prendí la mecha que hizo estallar cientos de bombas en Afganistán

Provoque la Intifada de Hamas en Palestina.

Tiré la bomba de Hiroshima.

Derribe las torres gemelas de New York.

El del tsunami que asolo Fukushima, fui yo.

Yo provoque la guerra de Siria y ahí esta en pleno apogeo, con miles de adeptos que han ido llegando por tierra y por mar.

¿Y quién eres tú que tantos meritos se atribuye?

Yo soy Dios Omnipotente y omnipresente, yo soy el creador del bien y el mal, padre de la humanidad

Soy el que escribe la historia con tinta y sangre negra de sus propias venas muertas.

Soy el que ha pasado por la cruz, azotado y vendido.

El que enterraron y se levanto de su sepulcro al anochecer.

Me atravesaron el corazón con una estaca.

Me dispararon con una bala de plata.

Salí de un laberinto, después de matar a un minotauro.

Me enfrente a los Dioses del Olimpo y los vencí.

Odín y sus hijos no fueron rivales para mí.

El infierno de dante lo cree para mi diversión.

Me perdí en un camino de baldosas amarillas, en el desierto junto aladín aparecí.

¿Ya sabes quién soy?

Yo te lo diré, que no te quepa duda, aún me quedan muchas historias más.

Soy la Biblia, el Corán.

Soy los miles de cuentos que se han escrito y los que están por escribir.

Me llaman LITERATURA la madre de todas las historias contadas y por contar.

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Historias de películas veraces ¿o eran Bélicas? 1ª parte


Cuando la segunda guerra mundial estalló, la primera aún estaba en el recuerdo de los caídos, ¿Qué cómo lo sabemos? Por los escritos que dejaron los cobardes, de los valientes no hay constancia y los cementerios están llenos de ellos o eso dicen.

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Todo comenzó cuando un cuartel vació de leyendas —todas se fueron a la guerra— quedo abandonado por el ejercito, aquello debió de ser allá por el día D en el que ABC lo publico en primera página.

Dicen que fue el comienzo de lo que se convirtió en la debacle del ejército. Cuando se fue a proceder al desembarco de Normandía los controladores aéreos se aliaron e iniciaron una huelga indefinida, los paracaidistas caían, sin ton, ni son, por toda Francia, de haber sido Vietnam los hubieran dado la vietconida de una forma muy tradicional, Con caña de bambú bajo las uñas y descargas eléctricas, era la moda de la época.

El sargento de hierro se oxido al pasar bajo una cascada y de no ser por un francotirador que le pegó un tiro en el bote del tres en uno, aún sería una escultura más que visitar.

En Europa fueron a salvar al soldado Ryan, cuando lo encontraron se había salvado así mismo, lo hallaron en una iglesia metodista, había cambiado las balas por las palabras, en las traseras del la iglesia el cementerio estaba lleno de lápidas de arrepentidos Nazis.

A el que cierra las heridas lo hicieron cirujano en Dunkerque, por sus agujas de sutura paso hasta el último hombre.

Los americanos intentaron pasar la delgada línea roja, pero se les fue de las manos y crearon un lago de sangre, sudor y fuego, muchos perecieron ahogados en su propia sangre, ardiendo en su propio infierno o deshidratados de tanto llanto.

Cuando John Rambo volvió a casa, no le dejaron entrar, por los tres rombos que llevaba en la pechera y los niños no podían verle deambulando por el pueblo, aquello provoco que el patriota se encabronara y formara el Apocalipsis now, formara el cuatro de julio se convirtiera en el cazador, acabara con la hermandad local y se fuera al imperio del sol.

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La casa


El desfile de vehículos le siguen, como dolientes siguen un coche fúnebre camino del camposanto.

El silencio solo era roto por el ruido de los motores,

los curiosos se agolpaban en aceras y ventanas.

Él sabía que una vez atravesara aquella verja no habría marcha atrás.

En el edificio, tras las verjas, se ocultaba una total oscuridad, que no permitiría que nadie violara su intimidad.

La comitiva llegó a la altura de la verja, había dos personas esperando para abrir aquellos barrotes, tenían miedo de tocarlos con sus manos, lo reflejaban sus rostros.

Desde el primer vehículo les hicieron un gesto de asentimiento y ellos temerosos de cruzar el umbral, empujaron hacía dentro la valla, que se deslizo suave y silenciosa a pesar del tiempo transcurrido desde que se uso la última vez ¿Cuándo? Nadie de los presentes lo sabían, ninguno había nacido. Fue en un pasado muy lejano, que hasta el día de hoy creían olvidado.

El vehículo que encabezaba la comitiva entró despacio y tras el se volvieron a cerrar las puertas de metal; avanzó despacio hasta la entrada principal del edificio que vibraba como si tuviera vida propia, un zumbido se oía tenue pero claro. Al llegar al pie de la escalinata principal el coche paró, se abrió la puerta y alguien salió y se dirigió hasta la puerta de madera antigua de la que colgaba una aldaba con cabeza de león de bronce y de su boca una argolla con un contrapeso en medio del aro.

Sin llegar a tocar la puerta, esta comenzó ha abrirse, haciendo que la oscuridad se replegara a un rincón de la habitación, permitiendo que la luz entrara en un resquicio, viendo así violada su intimidad de siglos ininterrumpidos de total tranquilidad.

El ser de la puerta dio dos pasos y cruzo el umbral y la puerta se cerró tras el.

En el exterior un ¡oh! Se mezclo con suspiros de resignación, unos sabían que era lo mejor que les podía pasar, otros más escépticos, dudaban de que esa fuera la solución. Otros simplemente lloraban ante el miedo de un porvenir desconocido que se les avecinaba.

Mientras en la casa la oscuridad empezó a llenar de nuevo su espació, sabía que había vuelto a vencer. Ella era un pasado ya vivido, dentro de un edificio llamado presente, esperando a un futuro que llenara las habitaciones de aquella casa, sabiendo que todas al final, estarían repletas del pasado.

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Imagen sacada de la red

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HumoRelato


Relato escrito para los 52 Golpes 28/52.

La bicicleta

Aquel día se levantó dispuesto a empezar aquello que llevaba tanto tiempo posponiendo. Era su primer día de vacaciones y se había propuesto no pasarlos haciendo sofing con la tv y las cervezas.

Así que, se fue a la cochera, cogió su bicicleta que tenía más óxido que el hombre de hojalata del mago de Oz; la limpió, le echó aceite y engrasó los rodamientos, piñones y todo lo que pudiera ser menester engrasar. Se puso culotte, que llevaba en el armario desde que Indurain ganó su primer tour allá por 1991, —que ya ha llovido desde entonces—. Marcaba un paquete, que parecía la furgoneta de Seur.

Se subió a su bicicleta y empezó a dar pedales. Iba como la seda, recién engrasadita, apenas tenía que pedalear. Para ser el primer día se decidió por un paseo tranquilo por la ciudad, sin castigarse mucho, por aquello de las agujetas y tal. Calle arriba, calle abajo. Cuando se quiso dar cuenta estaba en la calle principal del centro, una calle que podía tener dos kilómetros de cuesta abajo, no muy pronunciada, pero lo justo para coger una buena velocidad. Se dispuso a bajarla y empezó a ir cada vez más deprisa, 20, 30, 40, 50 km horas.

¡Aquello era volar! La calle desembocaba en la plaza principal, justo a las puertas de la iglesia. Cuando vio la fachada de la iglesia quiso frenar, pero algo sucedía a los frenos que no respondían. Con tanta grasa, las zapatas se habían impregnado de ella y resbalaba sobre la llanta sin que hiciera la más mínima intención de frenar. Miró al frente y la puerta de la iglesia estaba cada vez más cerca. Miró a la izquierda: vehículos aparcados. Miró a la derecha, las fachadas de los edificios pasaban a toda leche por su lado. Miró al frente la puerta. ¡Plumm…! El golpe se oyó en toda la plaza. Salió el párroco al oír el golpe y vio a aquel pobre hombre contra la puerta, como un sello. Una de las ruedas seguía dando vueltas sobre su eje; la otra era un ocho.

El cura lo mira y muy serio le dice.

_¡Hijo mío! ¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte en algo?

Este le mira con los ojos vidriosos de lágrimas y dolor y le contesta.

_¡No padre, gracias, la ostia ya me la he dado yo solo!

El cura lo miró con cara de no entender nada ¿O sí? Solo dios lo sabe.

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Los hijos de la tundra


Este es parte del último relato que estoy escribiendo, empezó como un texto para el concurso de Paula de Grei, Almas y Bruja.

Lo que empezó como un pequeño relato, se ésta convirtiendo en un proyecto más ambicioso.

Resultado de imagen de Hijos de la tundra

Aquella mañana amaneció fría, la ventisca había soplado durante toda la noche, el frío
se había metido en los huesos de los habitantes de la tienda, a pesar del fuego que
ardía en el centro de la misma.
Kiara, la mujer intentaba por todos los medios caldear la estancia, alimentaba la
lumbre con troncos de pino, pero estos estaban húmedos y les costaba arder.
Moare había salido de caza temprano, no había empezado a clarear el día, aunque en
esta época del año los días en aquella latitud eran, cortos ya de por si, tan pronto
tuviera alguna pieza volvería a la tienda. Iba pensando en ello, cuando un conejo de
las nieves se puso a tiro de arco. Moare tenso la cuerda y apunto al animal, espero a
que el viento amainase un segundo para no errar el tiro y la soltó, el animal dio un
salto en el aire al sentir la afilada punta penetrar la carne de su cuerpo, pero cuando
toco la nieve ya estaba muerto y una mancha roja comenzó a extenderse debajo del
animal. El hombre fue a por su pieza la recogió y se la colgó del cinturón, no se paro
ni a destriparlo como tendría que haber hecho de haber seguido con su cacería.
Muage el niño se había asomado a la puerta de la tienda a pesar de que su madre le
reñía por que entraba el viento helado y no conseguía caldear la estancia.
— Ya viene mama, papa ya esta de vuelta y trae algo colgado al cinto.
— ¿Que bien, pero que es lo que trae? — le pregunto la madre para tenerlo
entretenido.
— Creo que es un conejo —contesto el niño.
— ¿Estas seguro?
— Sí, es un conejo, ahora lo veo bien.
El padre entro en la tienda cogiendo a Muage en brazos, cuando se le tiro encima para
abrazarlo.
— ¿Traes un conejo, verdad papa? —le dijo muy orgulloso el niño.
— Si hijo, es un conejo, y ahora baja que tengo que limpiarlo para que mama lo
prepare.
— ¿Me vas a preparar el rabo para hacerme un collar? —le pregunto Yara la
niña que hasta ese momento había estado tumbada en el otro lado de tienda,
hasta que los gritos de su hermano la despertaron.
— Claro hija y una de las patas traseras como amuleto, para Muage —dijo el
padre orgulloso.
— ¿Sí papa, me vas ha hacer un amuleto? ¿Y para que sirve un amuleto, papa?
—preguntaba el chiquillo como si le hubieran dado cuerda en aquel momento.
— Veras —comenzó el padre—. Los amuletos son objetos que sirven para
protegernos del mal. Pronto tendrás que salir a cazar conmigo por primera vez,
para eso practicamos con el arco casi todos los días.
— Siii, me gusta disparar con el arco —le interrumpió el niño.
— Lo se hijo, como te decía, iremos a cazar y lo primero que debes de cazar es
un conejo de las nieves —le explico Moare— pero no cualquier conejo, si no
el espíritu de la bruja blanca.
— ¿Una bruja? —pregunto el niño, muy intrigado.
— Si Muage, una bruja, pero no una bruja cualquiera, sino la bruja que nos
protege de las calamidades, la que nos abastece de caza durante todo el año

para que no pasemos hambre y la que evita que enfermemos, en los crudos
inviernos.
— Y si están buena. ¿Porque tengo que matarla? —pregunto muy serio.
— Bueno hijo, a ver como te lo explico para que lo entiendas —le dijo el padre
abrazándolo— No vas a matar a la bruja blanca, porque nadie puede matarla,
es más… algo simbólico.
— ¿Simbólico?
— Sí, algo que hay que hacer como acto de buena fe, para que ella nos acepte
entre sus hijos, los hijos de la tundra. A ella no la hacemos daño, al revés, la
veneramos y la adoramos, para que nos proteja siempre, ella es la que dirige
las flechas que disparamos y si lo cree acertado, nos deja que matemos la
pieza y si no, desvía la flecha salvando al animal. Por eso la primera pieza que
debes de cazar es un conejo blanco, porque en el estará el alma de la bruja
blanca y guiara tus pasos y tu flecha, si ella cree que estas preparado para ser
un cazador.
— Y el amuleto, ¿Qué tiene que ver?
— El amuleto es para demostrar a la bruja que la respetas y que acataras los
deseos que ella te mande, en la pata, una vez la preparemos, la hayamos
quitado el hueso, limpiado la carne y curado la piel para que no se pudra, le
tenemos que poner en su interior uno de cada uno de los cuatro elementos. Un
trozo de carbón como respeto al fuego, un saquito de tierra de los bosques, en
honor a la tierra, un frasquito con agua del mar salado y otro frasquito con aire
de tus pulmones, como respeto a la vida. Una vez estén todos los elementos en
el interior de la pata, la coseremos y la haremos los rituales, bailes y rezos en
honor a la bruja blanca para que nos proteja y nos guié por este mundo y se
haga cargo de nuestra alma cuando lo dejemos. Cuando ya tengamos todo
preparado y los ritos realizados, será el momento en el que saldremos a cazar
juntos por primera vez y veremos si ella te acoge como un hijo más.
— ¿Y si no lo hace?
— Entonces hijo mío, deberás dedicarte a la pastoreo de alces y renos u ovejas y
no podrás cazar nunca, porque ella, la bruja blanca te habrá negado el don.
— Seré un gran cazador, ella me mostrara el conejo que porta su alma y guiara mi
mano para que no falle el tiro. Seré un hijo de la tundra como tú, papa.
Así sea hijo mío o desapareceremos de este mundo y el hombre acabara por arrasar lo
poco que queda y la bruja blanca desaparecerá y con ella la protección que su alma
otorga a todos los seres vivos de este mundo. —pensó el padre— eres el último
descendiente que queda hijo mío.

Imágenes descargadas de internet.

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Bienvenidos a Megaluz. La ciudad de los iluminados


Relato escrito para los 52 golpes. 25/25

Éste, era el cartel que rezaba a la entrada de una ciudad costera de una pequeña isla de mar mediterráneo.

Desde hacía unos poco años se había convertido en una de las ciudades con mas afluencia de turistas de toda la costa Española.

Por su clima, sus playas, sus noches de diversión, pero sobre todo, por la cantidad de gurús y nuevos profetas, que habían empezado a instalarse en aquella pequeña ciudad, alabando a sus deidades, enseñando sus doctrinas.

Habían ido llegando de distintos lugares, se habían asentado allí, como moscas atraídas por el azúcar.

El primero en llegar fue un tal Scotch, al parecer era oriundo de una isla muy al norte y adoraban al Dios Cebada.

Un poco mas tarde, atraída por los comentarios que llegaban desde aquella isla; llego una mujer llamada Gin que adoraba a la deidad dorada Maíz.

Algo más tarde llegó un tal Stolichnaya su religión era más insignificante que las otras, pero aún así, hay devotos para todas, Stoli veneraba a los dioses vodka que eran fríos como el témpano, pero cuando se te metían dentro ardían como llamaradas de fuegos salidos del mismísimo infierno.

Cuando todos lo gurús de las distintas religiones se las veían felices, creyendo que habían adoctrinado a sus adeptos y que ya nada podría hacerlos renegar de sus dioses, llegó él. Venia de las ardientes y caribeñas playas del mar del mismo nombre.

El nombre de este gurú era Barceló, era tostado de piel, de suave aroma y dulce como la miel, el que se dejaba engatusar por él, caía rendido a sus pies.

Su deidad era Caña de azúcar, quizás por eso la dulzura de sus sacerdotes. Como en cada religión, había distintas ramas, pero estos que os he nombrado, quizás son los más importantes de cada una de ellas.

Como os decía, estos gurús, fueron llegando a aquella ciudad llamada, Megaluz, habían ganado miles de adeptos en los distintos lugares de oración, donde su palabra se dejaba oír, y sus deidades se dejaban adular, les daban lo que ellos pedían, felicidad, un éxtasis de bienestar, que los volvían idos, aunque dicho así, pueda parecer una incoherencia.

Cuando los ritos empezaban —estos podían hacerse a cualquier hora del día, pero la noche era el momento álgido—.

Era a partir de la media noche cuando se hacía notar el fervor que los acólitos tenían hacía sus respectivos dioses.

Estos dioses no eran estrictos como en otras religiones; en cuanto a la castidad. Por lo que las noches se podían volver verdaderas orgías sexuales, en las que todo valía, relaciones lésbicas, homosexuales, heterosexuales, tríos, cualquier forma imaginable de placer estaba permitido sin coto alguno, tan solo el que los adeptos se marcaran.

Otro de los ritos que se celebraban en los momentos más álgidos del éxtasis, siempre dejándose llevar por el amor y el ardor hacía sus dioses, eran sin duda las inmolaciones.

Este tipo de sacrificio solo lo realizaban los más fieles adeptos, iluminados.

Cuando sus dioses se aparecían ante ellos —esto lo sabemos por algunos de estos fieles que sobrevivieron de forma milagrosa, o como dicen ellos. —en el último momento sus dioses se dieron cuenta que no estaban aún preparados para estar a su lado—.

Les pedían que mostraran su verdadera idolatría hacía ellos, inmolándose, para ello debían de subir a lo alto de un edificio y lanzarse al vacío. A cambio les prometían un lugar a su lado en su reino.

Acto, que como ya hemos comentado muchos son los iluminados que se dejan llevar por esta pasión y se lanzan desde los balcones de sus habitaciones, de hoteles, apartamentos o viviendas en general en honor a su dios particular. Ya sea Scotch, Gin Stoli o Barcelo.

Al final son enviados en un saco de plástico a sus familias para que sepan que veneró a su correspondiente dios hasta el final.

Esta son bodas totalmente eternas, ya que ni la muerte los separa. O al menos así lo creemos todos, ya que sus acólitos cada día son más, llegan de más países.

A esta ciudad de iluminados.

Llamada Megaluz.

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La charca del ahogado. capitulo final


Relato escrito para los 52 golpes 13/52

Aquí os dejo los capítulos anteriores para aquellos/as que estén interesados en leerlos.

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/08/la-charca-del-ahogado-capitulo-1/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/15/la-charca-del-ahogado-capitulo-2/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/23/la-charca-del-ahogado-capitulo-3/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/31/la-charca-del-ahogado-capitulo-4/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/04/08/la-charca-del-ahogado-capitulo-5/

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El día llego mucho antes de lo que el inspector José Luis le hubiera deseado, el cansancio de los días que llevaba investigando empezaba a hacerse visible en su rostro.

Se levanto de la cama y se dio una ducha, alternando el agua caliente, con fría para despertar sus músculos y a la vez que el agarrotamiento se mitigara en lo posible. Bajo a la cafetería a desayunar. Cuando llegó Juan ya estaba esperándole.

Buenos días Juan —le saludo— ¿No ha dormido usted?

Buenos días, no tanto como me hubiera gustado, pero quería pasarme por el cuartel y traerle el expediente de la chica, el de su detención por de trafico de marihuana —le dijo.

Gracias, ¿Le apetece un café?

Si gracias.

Que dice el expediente —le pregunto.

Al parecer el caso lo llevo la comisaría de la policía nacional, de ahí, que no lo encontráramos cuando buscamos sus antecedentes en nuestros archivos, según parece, alguien aviso de que Natalia iba a transportar una gran cantidad de marihuana aquel día.

¿Un chivatazo?

Eso parece, pero no pone el nombre del informador.

Esto corrobora lo que nos han contado los padres hasta ahora, ella no se dedicaba al tráfico, no se explican como la cogieron con esa cantidad —dijo el inspector.

¿Qué piensa sobre ello?

Bueno esto cambia mucho las cosas —mascullo— mande a buscar al o a los amigos de los chicos, ya sabe los que se juntaban en la plaza de Trujillo y que declararon en su día a favor de la chica.

Si señor, ahora mismo llamo, y que unos patrullas los traigan al cuartel.

Bien, mientras vamos a ver si están los informes de la científica, quiero saber si apareció algo en la cuerda, que lo dudo y si la sangre del maletero corresponde con la de los chicos, ah y ver al capitán que ayer al final no volvimos, y no pude hablar con él.

Terminaron de desayunar y se dirigieron directamente al cuartel. El capitán les estaba esperando.

Buenos días, señores —les saludo sin el formalismo se que debiera en estos casos.

Buenos días capitán —contestaron al unísono ambos guardias. Juan se disculpo con la excusa de ir a buscar los informes de lo hallado en el coche.

Perdone. porque que ayer no volviera a verle como quedamos capitán — se disculpo el inspector.

Tranquilo no se preocupe, supongo que estuvo muy liado —le disculpo el oficial.

Sí, la verdad es que fue un día duro.

¿Averiguo algo nuevo? —le pregunto interesado el capitán— la prensa se ha hecho eco de la noticia y no me los puedo quitar de encima.

Bueno señor, tengo algunas conjeturas, pero no quiero adelantar nada hasta estar seguro, ya sabe lo que ocurre cuando sale a la luz una noticia que no esta contrastada, puede hacer mucho daño a la familia. —le dijo el inspector.

El inspector le contó lo que averiguo respecto a los chicos, lo que decía la chica en su defensa y lo que venía en el expediente del caso del los inspectores de la policía nacional que llevaron el caso en su día.

Entonces todo apunta, a que fue una encerrona que le jugaron a la chica —dijo el capitán.

Eso parece, pero algo me dice que hay algo más, que no hemos logrado ver aún.

Juan llamó a la puerta y pidió permiso para entrar, traía el informe y les dijo que los amigos de las victimas acababan de llegar.

Bien inspector, no le entretengo más. Manténgame informado en cuanto pueda.

Si capitán, así lo haré —dijo el inspector saliendo por la puerta.

¿Vamos a hablar con los chicos? —le pregunto Juan.

No, déjelos un rato que piensen, eso les pondrá nerviosos, nos vendrá bien.

Como diga, aquí tiene el informe.

El inspector se dirigió al despacho que le habían habilitado cuando llegó y que apenas si usaba, se sentó en la silla y comenzó a leer, primero el informe que le acababa de traer su compañero y después el que le dio a primera hora. Cuando los hubo leído tranquilamente se levanto y fue a la sala de interrogatorios, al pasar por una sala contigua vio que había tres jóvenes esperando, dos chicos y una chica.

Hizo pasar al primero un chico de veintidós años llamado Tomás, estuvo formulándole preguntas durante casi una hora y cuando vio que ya no iba a sacar nada nuevo le dejo marchar. La chica se llamaba Vanesa tenia veinte años y era la mejor amiga de Natalia.

Siéntate Vanesa, tranquila, solo quiero hacerte unas preguntas, sobre tu amiga Natalia —le dijo el inspector— no te preocupes, que no estas detenida ni nada parecido.

Pero yo no se nada sobre lo que paso con ellos —dijo la chica un poco asustada.

Es posible, pero igual si sabes algo del porque paso, lo que ocurre que aún no sabes, que lo sabes —le dijo el inspector— se que parece un trabalenguas, pero bueno. Empieza a contarme todo lo que sepas sobre lo que paso cuando detuvieron a Natalia con la droga encima.

¿No se, que es lo que quiere que le diga, que no sepa ya?

Lo que tu crees que paso, ¿Porqué Natalia se dedicaba al trafico de marihuana?

Ella no traficaba con nada, si es verdad que se fumaba algún porro que otro alguna vez, pera nada más. Cuando la detuvieron con la maria, fue algo raro, ella no me dijo de quien era, pero que estaba haciendo un favor a alguien.

¿Y no sabes a quien o sospechas de alguien?

No, no se a quién, se lo pregunte muchas veces, pero no me lo dijo. Yo siempre sospeche de Roberto, y se lo dije a ella, siempre lo negó.

Habría alguien que quisiera hacerla daño.

¡A Natalia! No que va, todo el mundo la quería, era un sol de chica.

¿Seguro? Algún antiguo novio, no se, alguien debía de tenerla ganas, sino, no la habrían matado, ¿No crees?

Lo que creo que la han matado injustamente, por hacer daño a su novio o a su padre.

¿A su padre? ¿Por qué a su padre?

Por que no es trigo limpio, todo el pueblo sabe que le gusta mucho la priba y cuando se emborracha pierde los papeles, más de una vez le han calentado por bocas.

¿Y sabes quien querría vengarse de él, como para matar a su hija?

Alguno al que le debiera pasta, yo que sé. Pregúntele a él.

El inspector le hizo una serie de preguntas más y se las repitió varias veces, Vanesa le respondió lo mismo una y otra vez, así que dio por finalizado el interrogatorio y la dejo que se fuera. Solo quedaba una persona por interrogar, por lo que se tomo un respiro y salio del cuartel, le dijo a Juan que no lo necesitaba y se fue caminando hasta un bar cercano, mientras, realizo unas llamadas.

Al cabo de una hora volvió, pidió al chico que quedaba que entrara en la sala y se sentara.

Hola Fran, soy el inspector Donoso, estoy al cargo de la investigación de las muertes de tus amigos, Roberto y Natalia —dijo a modo de presentación— Voy a hacerte unas preguntas y me gustaría que fueras sincero del todo ¿De acuerdo?

Si señor.

Bien. Empecemos. ¿Sabes de alguien que quisiera hacer daño a tus amigos?

No señor,  nadie que yo sepa.

¿Sobre la detención de Natalia? ¿De la marihuana que llevaba encima, que puedes decirme?

Eso, eso fue un marrón que se comió ella sin tener porque.

Explícate.

Pues eso, que se la jugaron, bueno a ella no, quisieron jugársela a Roberto.

¿Y eso? ¿Quién quería jugársela? Alguno a los que le compraba la droga para luego venderla?

No se quién le habrá contado que el pasaba maria, pero no es cierto, eso es un camelo de la gente.

¿Qué quieres decir?

Que si, que es verdad que consumían de vez en cuando, pero como todos nosotros, nos fumamos algún porro que otro en el botellón, o cuando vamos alguna fiesta y eso, pero nada más.

¿Entonces como explicas que la pillaran mis compañeros con toda la maria que llevaba? —pregunto el agente— ¿A alguien se la tuvo que pillar no crees?

No, no lo creo. Ellos no compraban y menos Natalia, es cierto que Roberto cultivaba algunas plantas, pero para consumo propio, le puedo decir donde las tenía, yo las cuido aún, por que me da no se que, dejar que se mueran. Toda la movida que se comió Natalia fue por culpa del colgado del Sergio.

¿Quién es ese tal Sergio?

Ése, ése es un pringao que estaba pillao por Natalia, pero ella pasaba de él, fueron pareja hace mucho, antes de que ella conociera a Roberto, pero cuando lo conoció a él, paso del pringao ese, y se lió con mi amigo.

¿A qué se dedica ese tal Sergio? —le corto el inspector.

A todo lo que puede y nada limpio. Pasa droga, pero no sólo maria, sino todo lo que quiera, pastillas, coca de todo. También he oído que ha dado algún palo que otro en bares y comercios, pero como todos los tontos, siempre tiene suerte y nunca lo pillan.

¿Y que tiene ese Sergio que ver con la detención de Natalia?

Vera, Roberto me contó, que el colgaó de Sergio le había pedido un favor.

¿Qué favor?

Que llevara un paquete por él hasta Miajadas, ya ve unos treinta kilómetros de nada, bueno, pues eso que le llevara el paquete, que le pagaría unos pavos por ello, que él no podía, por no se que historia le contó, mentira, era todo una movida para que pillaran a Roberto con el paquete encima, lo quiso utilizar de chivo.

¿Tú crees?

Fijo que si, estaba pillao de Natalia y se lo quiso quitar de encima para volver ligársela.

Y si es así, como es que no cogieron a Roberto y si a Natalia.

Porque ese día nos pusimos hasta el culo y Ella no le dejo a Roberto que cogiera el coche, bueno, ni  a Roberto, ni a ninguno de nosotros. Quisimos ir nosotros y tomar unas copas en Miajadas, hacía mucho que no íbamos, pero nos pasamos con la priba y la maria. —le dijo el muchacho.

Entonces ella, cogió el paquete y se fue a Miajadas. —le dijo el inspector.

No le dio tiempo a salir del pueblo, la estaban esperando, la nacional, en la gasolinera, conocían hasta la matricula del coche. —dijo muy serio.

¿El de Natalia?

Que va, el de Roberto, ella llevaba el coche de él, si hubiera llevado el suyo no la paran.

¿Eso crees?

No lo creo, estoy convencido, fue un chivatazo del cerdo ese.

¿Y Roberto como se lo tomo?

Pues usted vera, quiso ir a por el mierda ese y darle una buena, por cabrón, pero Natalia no le dejo, le dijo que si le ponía la mano encima lo dejaba.

¿Después de todo lo defendía?

No, a ese cabrón no, lo hacía por Roberto, ella sabía que si le dábamos una paliza nos metían pa dentro y era lo que ella quería evitar, así que se comió el marrón ella sola — explico Fran al inspector.

¿Tú crees que se pueden haber enfrentado el tal Sergio y Roberto, y por eso los han matado?

No, Natalia no hubiera dejado a Roberto, ni que se acercara a ése, es un mal bicho y es mejor tenerlo lejos.

El interrogatorio siguió por espacio de dos horas más en las que el inspector repaso una y otra vez todo lo que estaba diciendo aquel chico. Cuando acabo el interrogatorio, le pidió que le llevara donde cultivaban la marihuana, pero le prometió que no haría nada, que podría seguir cuidándola. Así que llamo a Juan y los tres fueron hasta Trujillo. Las plantas estaban en una casa propiedad de la familia de Roberto. Había material para consumir una buena temporada. Dejaron a Fran en la plaza del pueblo, porque así lo pidió él.

Cuando se quedaron solos los agentes el inspector le dijo a Juan que le llevara a la casa del tal Sergio Romero Sánchez. Quería hablar con él.

Cuando llamaron a la puerta, les abrió un hombre mayor, se presentaron y preguntaron por Sergio. El hombre dijo ser el padre de chico, pero su hijo no se encontraba en casa. Al preguntarle donde podían encontrarle, el hombre no supo decir nada del paradero.

Pero pueden preguntarle a su amigo Alberto, vive en la siguiente calle, dos casas más abajo.

Muy bien gracias. Iremos a preguntar a Alberto, de todas formas si viene dígale que queremos hablar con el —dijo el inspector entregándole una tarjeta.

Los agentes se dirigieron hacía la casa del amigo, dieron enseguida con la casa, al llegar a la puerta, vieron algo que les llamo la atención a ambos. Llamaron al timbre y salió una mujer en bata a abrirlos.

¿Qué quieren? —pregunto muy seca.

Estamos buscando a Alberto, nos han dicho que vive aquí.

No esta, se fue esta mañana temprano con un amigo—dijo la mujer.

¿Sabe donde?

Yo que se, no me dice donde va.

¿Esa motocicleta es suya?

Si, es su moto, ¿por qué?

Entonces fue cuando el inspector sacó la placa y se presento como inspector de la guardia civil.

¿Me permite pasar un momento por favor?

Pase si quiere —dijo la mujer.

Los agentes entraron y el inspector se acerco a examinar de cerca la moto, miro las ruedas y le dijo a Juan.

Llame que vengan a por esta motocicleta y que la examine la científica —se volvió hacía la mujer y le pregunto— ¿De verdad, no tiene idea de donde han ido Alberto y Sergio?

Ya le he dicho que no, se fueron en el coche de Sergio.

El inspector volvió a mirar a Juan.

Que emitan una orden de búsqueda del coche. Que tráfico nos proporcione la matricula y el modelo —volvió a mirar a la mujer y le pregunto— ¿Sabe el número de teléfono de Alberto?

Sí, lo tengo grabado en mi móvil.

Me lo da por favor.

Voy a buscarlo, lo tengo dentro —dijo la mujer solicita.

Si no le importa Juan, acompañe a la señora a por su teléfono —le pidió el inspector a su compañero, mas que nada para evitar que pudiera llamar al chico y que le dijera que estaban allí.

Claro inspector. Vamos por favor la acompaño.

Mientras el inspector llamo al capitán y le puso al día de todo. Le pidió que lanzara la orden de búsqueda del vehículo a todas las patrullas de tráfico. En ese momento llego Juan con el número de Alberto. Se lo paso al capitán para que triangularan la señal y poder acotar la zona de búsqueda de Alberto y de Sergio. Ambos guardias esperaron hasta que unos compañeros llegaron junto a una grúa a recoger la motocicleta. El inspector les ordeno que se quedaran en la casa y llamó a otro coche para que se apostaran en la casa de Sergio por si volvían antes de que los localizaran. Cuando vieron que todo estaba en orden, los dos agentes se marcharon de vuelta al cuartel, con la esperanza de que no tardarían en descubrir el paradero de ambos.

Mientras se dirigían de vuelta, una patrulla dio el aviso de que el vehículo que buscaban acababa de ser visto en Navalmoral, saliendo hacia la A5, dirección Badajoz. El inspector ordeno que los interceptaran y que llevaran a los ocupantes al cuartel de Serradilla para interrogarles.

Al cabo de medía hora los sospechosos fueron interceptados cerca de Trujillo y trasladados a las dependencias de Serradilla, donde el inspector ya los esperaba. Éste pidió al capitán que interrogara a Alberto, a la vez que él hacía lo mismo con Sergio. Para ello le indico al oficial que era lo que quería saber del chico.

El inspector entro en la sala en la que Sergio estaba sentado, se le notaba nervioso, cualquiera diría que era normal, que una persona que se encuentra de repente en una sala de interrogatorios este nervioso.

Hola Sergio, soy el inspector Donoso —dijo a modo de presentación— Supongo que ya te han leído tus derechos ¿Verdad?

Si señor.

¿Sabes porque estás aquí?

Pues por que nos han parado los civiles, a mi y a Alberto. en mitad de la autovía y nos han metido en un coche patrulla.

Sí, supongo que eso es así, ¿Pero realmente saber por que han hecho eso mis compañeros?

Pues no, no tengo ni la menor idea.

Bueno pues yo te lo voy a decir, y desmiénteme si no es cierto —le dijo— Supongo que te has enterado de los asesinatos que ha habido en la charca del ahogado.

Si claro, quien no se ha enterado de ello.

Si, es cierto, sobre todo tú ¿verdad?

Que quiere decir —dijo el chico a la defensiva.

Nada, que Natalia fue tu novia un tiempo ¿No? Así que es lógico que te enteraras que tu ex fue asesinada.

¿Y que tiene que ver eso? De eso ya hace mucho.

Es verdad. También debes de recordar cuando Natalia fue arrestada por tráfico de drogas ¿No?

Si claro, quién le mando a ella dedicarse ha hacer recados a su novio, mientras el se colocaba —dijo Sergio en todo despectivo.

Ahí es donde quería llegar —dijo el inspector— ¿Sabes que nadie dijo que Natalia se ofreció a llevar el paquete por Roberto, porque estaba colocado?

No hacía falta que nadie lo dijera, lo sabía todo el pueblo —se defendió

Y como podía saberlo, si ella nunca dijo nada, ni siquiera a sus padres. Trago con todo por no decir a nadie que fuiste tú el que pidió a Roberto que llevara el paquete, que tú diste el chivatazo para que detuvieran a Roberto, que fuiste tu el que dio la matricula a mis compañeros de la nacional, creyendo que seria el Roberto el que llevaría el coche —comenzó a decirle el inspector, cada vez más alto.

Eso es mentira.

Ahora dime — le dijo el guardia mirándole a los ojos— ¿Por qué los mataste? Si todavía querías a Natalia.

Yo no los maté —dijo Sergio acalorado.

Tú los mataste, no se porque, pero sí, lo hiciste —le acusó el inspector— y ahora esta tu amigo Alberto confesándolo todo en la otra sala, él fue el que te recogió con su motocicleta, lo llamaste después de matarlos y le dijiste que te recogiera en la charca, porque llevaste hasta allí el coche de Roberto y lo hundiste en el fondo de la charca, y no tenias como volver.

Eso no es cierto —se defendió otra vez el chico.

Tú los mataste, sabemos que estabas en la charca el día de autos, tú móvil te sitúa allí, hemos comprobado tus llamadas a Alberto de ese día, y la señal del repetidor de la zona recogió la llamada a tu amigo. Lo que no logro entender es porque los has matado. Aclárame las dudas.

Yo quería a Natalia, no la haría daño.

Tú la querías y lo que querías era apartarla de Roberto, por eso quisiste colarle lo del paquete, para que lo detuvieran y quitarlo de en medio y que quedarte el camino libre para volver con ella.

Sí —grito Sergio con rabia— quería que él se comiera el marrón, era un imbecil, un gilipollas que no la merecía, pero no se que veía en él.

¿Y por eso lo mataste a los dos ¿Por celos?

Yo no quería matarles, pero ese mierda se río de mi, en mi cara, me escupió que ella le quería a él, que nunca se iría con alguien como yo, bueno sus palabras fueron, Natalia jamás se ira con una mierda que hizo que la trincaran, todo por querer joderme a mi, la jodiste a ella, se comió un marrón que no le pertenecía y encima tuvo los cojones de no delatarte, y todo porque un día sintió algo por ti —confeso Sergio con lágrimas en los ojos.

¿Y ella que hacía mientras tanto?

Ella nos miraba, no decía nada —dijo— luego, él me llamo amargado, dijo que era un desgraciado, carne de cañón, que algún día me encontrarían tirado en una cuneta.

¿Qué paso después? —le insto el agente.

Le dije que si iba a ser él, el que me dejara en la cuneta tirado, que no tenía los cojones suficientes, entonces fue ella, la que le animo a que me pegara —contó— le dijo, enséñale cariño quien eres, se lo merece por lo que quiso hacernos, déjale claro que pase de nosotros de una puta vez. Y el envalentonado, bien por las palabras de ella, o bien por que iba fumado, se me hecho encima.

¿Y?

Yo tenía las manos en el bolsillo, mi navaja estaba en el derecho la saque, se la clave una o dos veces en las tripas. Natalia, al verle sangrar se abalanzo sobre mi, yo no quería, pero se la clave en el pecho y en las costillas, cuanto más se la clavaba más me insultaba y se reía. Hasta que dejo de reír y de hablar, se quedo muda en el suelo, entonces él que estaba apoyado en el coche, empezó a llorar, a decir, la has matado cabrón, la has matado. Voy a ir a por ti, te lo juro por ella, voy a acabar contigo. Fue cuando le rebane el cuello, no podía seguir oyéndolo — acabo por derrumbarse del todo.

Sergio le confeso al inspector que su intención era tirar los cuerpos en el salto del gitano, que allí los buitres darían cuenta de ellos, pero sabía que iban muchos turistas a fotografiar el paisaje y las aves, que algunos tenían unos objetivos tan potentes que verían los cuerpos enseguida, así que opto por la charca. El inspector quiso saber porque no dejo los cuerpos en el maletero y los hundió en el agua como hizo con el coche, el asesino le dijo, que si dejaba los cuerpos a los carroñeros, en muy poco tiempo darían cuenta de ellos y no dejarían ni los huesos, mientras que si los dejaba en el coche, tarde o temprano aparecerían, la charca en verano baja mucho de volumen y el coche podría quedar al descubierto o verse desde la altura, bajo el agua, y no quería correr ese riesgo. Con lo que no conté, es que justo ese día el guarda pasaría por allí por casualidad, antes de que los animales acabaran su trabajo.

El inspector le dijo.

Sergio Romero Sánchez, queda detenido. Se le acusa de ser el autor material de la muerte de Natalia González Fresno y Roberto López Vergara: Tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga podrá ser usado en un tribunal, tiene derecho a un abogado, si no puede pagar uno, se le asignara uno de oficio ¿Ha entendido sus derechos?

El chico abatido asintió con la cabeza.

Diga, si. ¿Ha entendido sus derechos?

Sí, los he entendido.

Bien, ahora redactaran tu declaración y te la traerán para que la leas y si estas conforme la firmas, si no es así, volverás contar todo lo que me has dicho y será redactado por un escribiente —le dijo el inspector levantándose para salir de la sala.

El capitán salió del cuarto de al lado, había estado viéndolo y escuchándolo todo a través del espejo.

Buen trabajo inspector —le felicito

Gracias capitán, ¿Y el otro que ha dicho?

Que no supo nada, hasta que no llego a la charca a recogerlo, lo monto en la motocicleta y se fueron, que le pregunto y par de veces a su amigo que había pasado, y este le dijo que cuanto menos supiera mejor para los dos. Que se entero por las noticias y el revuelo que se armo en el pueblo por las muertes, pero que le dio miedo acusar a Sergio, entre otras cosas por que realmente tampoco sabia si había sido él o no. Así que se le acusara de encubrimiento, pero no creo que pase mucho en la cárcel.

Bueno capitán, prepararé el informe y volveré a Madrid, me esta esperando otro caso allí. Aquí ya pueden seguir ustedes con la instrucción de este caso.

Sí, como quiera Inspector, pero quiero que sepa, que ha sido un placer trabajar con usted.

Gracias capitán, lo mismo le digo —le contesto el inspector dándose la mano— ha sido un placer.

El inspector Donoso termino de ultimar los informes, llamo a Juan y se los dio para que fuera el en encargado de entregárselos al capitán. Los dos agentes se despidieron con un abrazo y un apretón de manos.

Hasta siempre Juan —se despidió el inspector.

Hasta pronto inspector —contesto el guardia— ha sido un honor ser su compañero estos días.

Gracias Juan, si necesitas cualquier cosa ya sabes mi número.

Si señor.

El inspector monto en el coche que habían enviado a recogerle y volvió a la capital a continuar con su labor, mientras pensaba que mientras hubiera personas como Sergio, siempre tendría trabajo.

Nota del autor: Este relato nació en su comienzo con el título “Los buitres”. Posteriormente se convirtió en la charca del ahogado. Quiero recalcar que todo los lugares y localidades que se mencionan en esta historia son reales todos pertenecen al parque Nacional de Mofragüe, la charca, Villareal de San Carlos, el salto del gitano, Serradilla, Trujillo. Las imágenes que han ido acompañando a los distintos capítulos, pertenecen a los lugares que se mencionan en la historia y todas han sido realizadas por mi persona.

Muchas gracias por la paciencia que habéis tenido con esta historia, Para mi, con que haya gustado a uno/a solo/a de vosotros/as me doy por satisfecho.

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La charca del ahogado. capitulo 5


Relato escrito para los 52 golpes 12/52 Aquí os dejo los capítulos anteriores para aquellos/as que estén interesados en leerlos.

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El inspector y Juan llegaron a casa del difunto Roberto López, al llegar vieron un coche patrulla en la puerta, saludaron a los compañeros y llamaron al timbre. Abrió un hombre de unos cincuenta o sesenta años.

  • Sr. López? —pregunto
  • Sí, quien es usted —contesto el padre el difunto con un hilo de voz.
  • Soy el Inspector Donoso —se presento— le acompaño en el sentimiento. Estoy a cargo de la investigación de los asesinatos de su hijo y la señorita Natalia. Se que no es el mejor momento, pero quisiera hacerle unas preguntas que quizás puedan arrojar algo de luz a la investigación, si no le importa.
  • Importarme me importa, claro que me importa, han matado a mi hijo y a su novia, no se porqué, llevó todo el día respondiendo las mismas preguntas a los policías que vienen una y otra vez, ustedes son los cuartos o los quintos que vienen a hacerme unas preguntas para lo cual no tengo respuesta. Y todavía me dice que si no me importa. Pues si que me importa, pero quiero que cojan a quien haya asesinado a mis hijos de una forma tan cruel y los metan en la cárcel para el resto de sus vidas.
  • Le comprendo Sr López, se muy bien por lo que esta pasando y entiendo como se siente —le dijo el inspector.
  • No, no lo entiende, cree entenderlo, pero le aseguro que no es así. Es usted padre.
  • No señor.
  • Ve como no lo puede entender, y menos saber por lo que estamos pasando, si alguna vez tiene un hijo y lo pierde, Dios no lo quiera, entonces será cuando comprenda por lo que se pasa. Ojala no tenga que hacerlo nunca —le dijo muy compungido el padre— pasen ustedes, llámeme Mario por favor
  • Gracias Sr Mario. No le quitaremos mucho tiempo.
  • Ya me han quitado lo más importante de mi vida, el tiempo ya me da igual.

 

Entraron en casa de la familia del finado y pasaron al salón donde la madre de Roberto, vestida de negro riguroso lloraba desconsolada, junto a ella había amigos y vecinos de la familia.

Esperaban a que el juez les diera permiso para poder trasladar los cuerpos al tanatorio y allí velar a los chicos y su posterior entierro. Mario les llevo a una sala más pequeña en la que no había nadie, donde podrían hablar más tranquilos.

 

  • Siéntense donde gusten —les dijo.
  • Gracias, no tardaremos mucho —le dijo el inspector— ¿Sabría decirme si su hijo tenía algún enemigo?
  • Se que mi hijo no era un santo, que había tenido sus mas y sus menos con la justicia, pero no era mala persona, no para que lo mataran al menos —contesto.
  • ¿Podría darme una lista de los amigos que usted conozca?
  • Él era muy conocido en el pueblo, puede preguntar a quien quiera, nunca hizo daño a nadie, si que es cierto que tonteaba con las drogas, pero nunca tuvo que robar o maltratar a nadie, cualquiera de los que lo conocían se lo podrá decir, le daré los nombres y los teléfonos de los amigos.
  • ¿Y de Natalia? ¿Qué me puede decir?
  • Poca cosa. Quería mucho a mi hijo, llevaban juntos unos cinco o seis años, pero se conocían desde el colegio. Ella estuvo un tiempo en la cárcel por drogas, la cogieron con una cantidad algo más grande de lo que se podía declarar como consumo propio, o al menos eso nos contaron. Pero vaya usted a saber para que era. Todo el mundo decía que la droga era de mi hijo y que la obligaba a ella a pasarla, pero no es cierto, mi hijo juraba y perjuraba que esa droga no era suya. Y por más que le pregunto a ella, nunca le dijo de quien era, al menos que yo sepa. ¿Cree usted que eso tendrá que ver es sus muertes? —le pregunto el padre visiblemente preocupado.
  • No sabría decirle, pero para eso estoy aquí, para averiguar quien y porqué los han matado.
  • ¿Esta seguro que cogerán a quien lo ha hecho?
  • En ello estamos trabajando y podré todo mi empeño en que así sea.
  • Gracias inspector. ¿Me mantendrá informado?
  • Puede estar tranquilo en ese aspecto que le informare de todo lo que me sea posible, siempre que no perjudique a la investigación —le dijo con toda tranquilidad— ahora le dejamos, tenemos que ver a los padres de la chica.
  • Lo entiendo, gracias de nuevo inspector.
  • De nada, como ya le he dicho antes, mis mas sinceras condolencias para usted y su familia, se que no es un trago fácil.

 

Le fue diciendo a la vez que ambos agentes y el padre del chico salían hacía la calle de nuevo, una vez en la puerta el inspector estrecho la mano al hombre y se dirigieron al coche, a la vez que saludaban con un gesto de cabeza a los compañeros que seguían en su puesto, dentro del vehículo policial.

  • ¿Y ahora?— pregunto Juan.
  • Ahora vamos a hablar con los padres de la chica —dijo el inspector.
  • Bien, como diga.

Los dos agentes se montaron en el coche y se dirigieron a casa de Natalia, estuvieron hablando con los padres, pero al igual que los de Roberto, poco pudieron aportar sobre la vida que llevaba su hija fuera de casa, era, según sus padres, una buena chica que quería a su novio. Cuando les preguntaron sobre todo lo ocurrido con los comentarios referente al trafico de drogas, lo desmintieron rotundamente, sabían que su hija fumaba marihuana, pero jamás había traficado y mucho menos que Roberto la usara para ello. Creían que era un bulo que alguien había hecho correr para manchar la reputación de su hija.

Al cabo de una hora se despidieron de los padres, y al igual que a los del chico, les aseguro que harían todo lo posible por encontrar al culpable o los culpables de su muerta. Al montarse en el coche le dijo a Juan que le llevara al hotel, que por hoy ya estaba bien, necesitaban descansar, pero antes de irse a casa le pidió.

 

  • Hágame el favor, averigüe quien llevo el caso de la chica, y que nos envíen una copia. Haber si para mañana por la mañana lo tenemos encima de la mesa.
  • Si señor, ahora hago las averiguaciones oportunas.
  • Gracias Juan.

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La charca del ahogado Capitulo 4


Relato escrito para los 52 golpes 12/52

Aquí os dejo los capítulos anteriores para aquellos/as que estén interesados en leerlos.

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/08/la-charca-del-ahogado-capitulo-1/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/15/la-charca-del-ahogado-capitulo-2/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/23/la-charca-del-ahogado-capitulo-3/

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El inspector y Juan comieron en uno de los restaurantes que había en la pedanía de S. Carlos, a escasos kilómetros de la charca, mientras comían hablaron de lo que habían adelantado en el caso. Faltaba mucho aún para poder aclarar, el quién y el porque de esos asesinatos. De momento no habían querido publicar las fotos de los fallecidos para ver si así averiguaban sus identidades, pero lo que estaba claro que el autor o autores de los hechos, eran conocidos de las victimas, y conocían el entorno en el que había dejado los cuerpos a merced de los depredadores.

Se hallaban por el café cuando al inspector le sonó el teléfono.

  • ¿Sí? Dígame capitán, ¿O sea que tenía razón? —pregunto el inspector— Bien dígales que plastifiquen el vehículo y lo lleven a dependencias, que los de científica estén allí para cuando llegué, sí señor en menos de una hora estaré allí, por favor que no toquen nada —se quedo escuchando al capitán y le respondió— Si señor, gracias, salimos para allá en cinco minutos.

Juan se le quedo mirando al inspector y por la cara de esté le dijo.

  • Por lo que veo, han encontrado el coche como usted pensaba.
  • Sí, así es Juan. Bueno que voy a decirte que no hayas oído ya.
  • Sí, más o menos me hago una idea. —contestó el guardia mientras se levantaba— voy a pagar y nos vamos.
  • Tranquilo Juan, yo pago —dijo José Luis— nuestra comida entra dentro de las dietas que paga el cuerpo.

Llamó al camarero y pagó la cuenta, recogiendo la factura para luego, como era habitual en él, pasarla para que se lo abonaran como gastos de dietas.

Salieron del restaurante y al montarse en el coche Juan le preguntó.

  • ¿Dónde vamos? ¿A dependencias o quiere pasar antes por la charca?
  • Vamos a dependencias, quiero estar allí para cuando el vehículo llegue, es importante todo lo que podamos averiguar de lo que haya en su interior.
  • Bien, como diga —le contestó Juan, mientras arrancaba y ponía rumbo a Serradilla.

Cuando llegaron, ya estaba el coche. Le estaban esperando para desprecintar el vehículo y empezar desmontarlo pieza a pieza para que no se les pasara nada, ni un pelo del su primer dueño en caso de que lo hubiera con anterioridad a hoy.

El inspector dio permiso para empezar, una vez se puso un traje al igual que los compañeros para evitar contaminar las posibles pruebas. Él abrió el coche despacio y empezó a mirar por todo lado sin llegar a entrar, mientras los compañeros sacaban el agua que quedaba en su interior, José abrió la guantera y saco la documentación del vehículo.

  • El coche estaba a nombre de un tal Roberto López Vergara, el domicilio que viene es de Trujillo, calle del recuerdo nº 4 —le dijo a Juan— Pida que manden una patrulla a esta dirección y que averigüen lo que puedan de esta persona y que consigan una foto, para ver si coincide con nuestra victima.
  • Bien inspector, se lo comunico al capitán ahora mismo.

Cuando Juan se retiro a hablar por teléfono con el cuartel, uno de los científica llamó al inspector para que se acercara hasta el maletero.

  • Creo que querrá ver esto inspector —le dijo.
  • Voy ahora mismo —dijo el guardia acercándose hasta donde se encontraba el compañero.

Se asomo al compartimento y vio que había sangre por todos lados, y una soga.

  • Ahora ya sabemos que cuando los trajeron ya estaban muertos, coge muestras de todo e incluso de la soga, aunque no había signos de que fueran atados con ella, no se, lo mismo pertenecía al asesino o asesinos y no al propietario del vehículo.
  • Como usted ordene —fue lo único que dijo el investigador.
  • ¿Juan? ¿Ha hablado ya con el capitán? —pregunto al chofer y compañero.
  • Si señor, me ha dicho que vayamos al cuartel, al parecer han llegado unos informes que pueden interesarle —le dijo.
  • De acuerdo, ahora vamos —le contesto— ¡Ustedes! Máxima prioridad a todo lo que encuentren, y cualquier cosa que crean que debo saber, me lo hacen llegar de inmediato, ¿entendido?
  • Si señor —contestaron los tres investigadores al unísono.
  • Gracias, sigan con su trabajo, intentare volver más tarde —dijo mientras salía.

Se montó en el coche y le pregunto a Juan.

  • ¿El capitán le ha dicho algo que deba saber antes de verle?
  • Me ha dicho que ya han averiguado quienes son los fallecidos, él es Roberto López el dueño del coche y ella es Natalia González Fresno. Su novia —le contó Juan mientras conducían.
  • Al parecer ella estaba fichada por posesión de estupefacientes, la cogieron con varias bolsas de marihuana en una redada, según dijo ella, eran para consumo propio, pero no la creyeron, — le comento— todo apunta a que el novio se dedicaba al menudeo y ella le hacía de mensajera. Ella nunca lo reconoció pero todo apunta a ello.
  • Bueno sea como sea ya no importa, lo que nos importa ahora es que ya sabemos quienes son las victimas, ahora nos falta saber, quien y por que los ha asesinado. —le dijo el inspector a su compañero.
  • No se lo que usted pensara, pero creó que todo apunta aún ajustes de cuentas —le dijo Juan.
  • Se que tiene razón Juan, pero no me gusta precipitarme en mis conclusiones, más de una vez me las he tenido que tragar por dar por sentadas las cosas, dejemos que las pruebas hablen por si solas.
  • Como quiera, pero todo a punta al mismo sitio,
  • Cierto Juan. Todo apunta a que los han matado por algo, y no sabemos porque.
  • Lo que quería decirle es… —iba a apuntar Juan.
  • Se lo que quería decir, pero son solo especulaciones, nos debemos atañer a los hechos, y los hechos hasta ahora dicen que hay dos muertes violentas de una pareja joven y nuestro deber es saber porque han muerto y quien los ha matado. —le corto el inspector tajantemente.
  • Si señor, tiene usted razón.
  • Bien ahora lo que vamos a hacer es desplazarnos a los domicilios de las victimas, hablar con los familiares y ver si no arrojan un atisbo de luz a estos asesinatos. —dijo José mientras andaban hacía el coche, más como un pensamiento en voz alta que como un comentario.
  • ¿Quiere que avise a los compañeros que vamos para allá?
  • No, no es necesario —contesto— Pero dígale al capitán que le vemos más tarde que primero vamos a hablar con los familiares.
  • Si señor.

Continuara…

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