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Entrevista a Antonio Caro Escobar y J. re crivello sobre MasticadoresColombia


Próximamente presentaremos aquí entrevistas a los otros gestores de MasticadoresdeLetras (Mel Gómez, Esteban Suarez, Diana Gonzalez, Victoria de la Fuente y Jean Carles Cacay)

¿Qué les llevo a crear Masticadores Colombia? ¿No es una zona aparentemente que no está en los circuitos culturales al uso?

Antonio Caro Escobar Desde que empecé en el mundo de la literatura, gracias a Juan que fue el que me (prácticamente me obligo) inscribí en el taller de escritura, y después de dos años trabajando con él y otros muchos escritores, me apetecía dar un paso más allá. Juan me propuso ser editor de Masticadores Colombia y aunque me lo pensé (lo reconozco). Los países latinos me atraen mucho, su forma de hablar, su cultura, sus costumbres, todo en general, así que porque no ayudarles a que sus escritores indis; que tengan la oportunidad que he tenido yo de llegar más allá de mis límites, que sin plataformas como Masticadores y todos los escritores, editores y editorial que hay detrás no sería tan fácil. No todos tenemos una editorial como planeta, punto rojo etc. detrás que nos dé a conocer.

J re crivello La relación con Antonio que viene desde el taller de Escritura y que le he editado un libro y ello me llevo a pensar que era la manera ideal para editar un blog juntos. Esa región es nuestra región. En un mundo globalizado lo que aparentemente está lejos es tal vez un espacio de creatividad que otros no han podido acceder para su lectura. El proyecto Masticadores impulsa el intercambio y las diferentes texturas culturales

¿Qué has publicado últimamente A. Caro y cuáles son tus proyectos? 

Bueno este año he publicado mi segundo poemario en solitario y me he embarcado en la literatura fantástica con la primera parte un libro titulado  “Los hijos de la tundra” se trata de dos libros en uno, ahora estoy trabajando en la segunda parte que consta de otros dos que espero tener lista a final de año o principios del siguiente.

¿Qué has publicado últimamente j re crivello y cuáles son tus proyectos?

He publicado 12+1 libros, estoy satisfecho. Pero tengo abundante material, tal vez los próximos vayan en la dirección de mis pre-ocupaciones reflexivas: la sociedad líquida, la I. A. y los robots.

En un mundo en red ¿es compatible la vida familiar, el trabajo y la actividad de activista cultural que los dos desempeñan?

Antonio Caro Escobar Es  difícil la verdad, más si tu pareja no comulga contigo en las actividades que haces, me refiero a que no es lectora asidua o escritora, respeta mi dedicación aunque a veces, puede sentirse un poco molesta por el tiempo que le dedico.

En cuanto al trabajo, en mi caso no tengo problemas ya que por desgracia, debido a mi enfermedad estoy incapacitado, que fue este hecho el que me llevo a reabrir mi blog y dedicarme más de lleno al mundo literario y cultural.

J re crivello Si… dejando de ver el futbol y Tele 5. Bromas aparte, hay 200 millones de Smart que circulan en los trenes que rodean Barcelona y otras ciudades. Vamos a por esa nube de lectores/ojos/chafarderos que buscan nuevas propuestas. Luego, trabajo en mi empresa (la otra Fleming dedicada a formación desde hace 20 años) solo 5 horas, y la vida me permite con mucha agenda de por medio llevar el proyecto Masticadoresdeletras que ya reúne 7 blogs y la Editorial.

Pero solo no podría, Masticadores reúne a 7 escritores conectados en distintas partes de América y España que cubren sus necesidades y que algunos se reúnen por video-app cada lunes (Diana Gonzalez, Melba Gómez, Esteban Suarez, Antonio Caro Escobar, Victoria de la Fuente, Jean Carles Cacay y yo. Y 25 escritores que participan en los cuatro talleres online y 44 escritores que han aceptado colaborar y escribir en los 6 MasticadoresdeLetras. ¡De ellos es este éxito!

¿Coral? Si, nuestro proyecto es muy coral y basado en el respeto. Cuando me preguntan si me jubilaré en diciembre, les contesto que amo esta manera de vivir y crear comunicación y cultura.

¿Para cuando el canal de YoutuBe?

Antonio Caro Escobar Yo tengo abierto mi canal en youtube desde hace ya unos años 5 años en los que publico sobre todo vídeo poemas, creados con poemas de otros/as poetas aunque inicialmente fue abierto con fines personales, vídeos de fotografías y otros temas.

J re crivello Ya, o casi ya. O sea incorporar un canal que muestres no libros, sino creadores de carne y hueso. Hablando… o mostrando los pajaritos que le rodean cuando escriben. Pero ahora, es consolidar el proyecto MasticadoresdeLetras. Es el objetivo y entre ellos MasticadoresEducación que editaré con Jean Carles Cacay y que abrirá en junio.

Viaje Onírico


Relato escrito para Fleming Lab, ejercicio para del curso de escritura masticadores de letras. 

Cuando desperté, me encontraba entre las raíces de un inmenso árbol, los troncos eran tan anchos como yo, y su longitud incalculable, visible había unos cinco metros y se introducía en la tierra a la vez que se iba afinando su diámetro, levanté la cabeza por encima de aquellas raíces y mire a derecha e izquierda, solo había árboles iguales al que me acogía a sus pies, unas plantas trepadoras subían por los troncos buscando la luz del sol que debía hallarse quince o veinte metros por encima de las copas.

La humedad que había en el ambiente era pegajosa, la claridad era escasa, apenas penetraba entre el follaje, me levante despacio, me dolía todo el cuerpo y no sabía si tenia algo roto, con cuidado me palpe en aquellas zonas donde el dolor era más intenso, moví las piernas, los pies, los dedos. Parecía que todo estaba bien, nada roto, ninguna herida, alguna pequeña contusión sin más consecuencias. Una vez de pie, cogí una rama a modo de bastón, empecé a caminar despacio en dirección sur, había aprendido a orientarme por medio del sol o en este caso ya que no podía ver el sol por las copas de los árboles.

Examinando los troncos, vi que la humedad hacía crecer verdín en el lado norte del tronco al igual que el musgo crece en los lugares más sombríos en el hemisferio norte del planeta.

Lo que me hacia creer que estaría en algún lugar del hemisferio sur, ¿Pero como había llegado hasta aquí? Camine lo que me pareció varias horas, pero el paisaje no había variado un ápice, algo que me llamo la atención al poco de comenzar a andar, fue no oír ni el canto de un pájaro, ni el graznido o chillido de animal alguno. Siempre había oído que las selvas son un cúmulo de sonidos.

Seguí avanzando y ya debería de haber pasado varias horas, pero la luz no variaba, el sol parecía que no se había movido desde que abrí los ojos en este lugar.

El cansancio me podía y me senté un rato, tenía hambre y sed, aún así me quede dormido.

Abrí los ojos despacio, me encontraba aturdido, algo había cambiado, era de noche, estaba oprimido, como si no me hubiera movido durante el tiempo que he estado dormido y hubiera quedado entallado entre las raíces del árbol en el que me había tumbado agotado.

La oscuridad lo abarcaba todo, levante la vista hacía el cielo, pero la negrura era total, intente moverme y no podía, estaba inmovilizado por algo que impedía realizar cualquier desplazamiento, poco a poco la vista se fue acostumbrando a aquella oscuridad total y comencé a vislumbrar algo a mi alrededor más cercano, baje la vista hacía mi cuerpo y vi que algo me tenía amarrado, era como un fino hilo de seda, como si una araña gigante me hubiera envuelto en su tela para preservarme, ¡Para Dios sabe que! Como pude empecé a mover la mano izquierda y pude meterla en mi bolsillo del pantalón, en el cual llevaba un encendedor, lo saque despacio y lo encendí a riesgo de quemarme, pero no, en cuanto el hilo noto el calor se encogió, por lo que pude sacar la mitad del brazo, como pude, siempre para no quemarme, fui prendiendo a lo largo de mi cuerpo hasta liberarme de aquel capullo de seda, una vez libre, levante la mano con el mechero encendido, recordé algo que siempre me había dicho mi abuelo, cuando era niño,

— Hijo, uno siempre debe de llevar encima, un mechero, una navaja y una cuerda.   —¿Por qué abuelo? “Porque nunca sabes cuando las vas a necesitar” —fue su respuesta. Aquello se me quedo grabado y siempre llevo un mechero de gasolina y mi navaja, la cuerda la llevo en la mochila, pero no siempre va conmigo. Ahora agradecía las enseñanzas de mi abuelo.  La llama del encendedor ilumino gran parte de lugar, había más de una veintena de capullos por toda la gruta. Sin pensármelo dos veces, busque por donde poder salir de allí, me desplace a lo largo de las paredes de la cueva, hasta que en uno de los puntos, no sabría decir cual, había perdido todo el sentido de la orientación, note un poco de aire que venia de más adelante, así que con una mano en la pared fui avanzando en aquella dirección, pasado una eternidad salí a la luz del día en un pequeño claro, la gruta en la cual había estado, se encontraba debajo de una ladera, pensé en subir a la cima y otear desde allí, desde arriba podría ver si había algún rastro de civilización.

Comencé mi ascenso por la ladera, no fue un camino de rosas, pero tampoco lo podría considerar muy complicado, cuando llevaba unos cuantos metros por encima de la entrada de la gruta, algo abajo llamo mi atención, de la boca de la cueva salía una cabeza con múltiples ojos y al menos cuatro patas, me tire al suelo de piedra y me fundí, mas que pegarme a él. Aquella cosa no salió mas de lo que había visto, no se si por miedo a la luz o porque había perdido mi rastro, al momento, se metió dentro de nuevo, me puse de pie y seguí el ascenso con más miedo que prisa, de vez en cuando miraba alrededor pero solo había árboles por todas partes, me recordaban a las secuoyas que había visto en un reportaje y comparados con estos, eran arbustos. Levante la cabeza, vi que quedaba mucho por ascender, así que me arme de valor y paciencia para seguir caminando hacía lo alto de aquella montaña, porque de ladera ya tenía poco, el cielo comenzó a oscurecerse lentamente, la noche se echaba encima y allí no había donde guarecerse, por otro lado solo el pensar en meterme en otra cueva para pasar la noche, hacía que mi cuerpo tuviera espasmos, por el temor a lo que pudiera encontrarse dentro.

Me metí entre dos rocas que encontré un poco más arriba, estaban de tal forma que no cabía nada por arriba, ni por los lados, tan solo por el hueco por el que había pasado yo, y me había costado entrar, tuve que hacerlo de lado y casi me quedo entallado. No quería dormirme por miedo, pero el cansancio y la mente juegan en contra de uno, volví a dormirme.

Cuando desperté me asuste, quise levantarme pero no pude, me encontraba atado con lianas las tenia por todo el cuerpo, me agite, convulsione, grite de rabia, de furor, todo en vano, no pude soltarme.

Una cara se puso en mi ángulo de visión, algo apartado, como si me tuviera miedo, me miraba de reojo mientras se movía de un lado a otro de la estancia donde me encontraba.

  • ¿Quién eres? —pregunte.

Silencio fue lo que encontré a modo de respuesta, aunque debió de oírme, porque me miro durante unos segundos y volvió a lo que fuera que hiciese.

  • Quiero hablar con alguien, con tu jefe o con quien sea que mande aquí — le dije un poco enfurecido.

Volvió a mirarme y se dio la vuelta y salio, no se si me había entendido o no, pero escuche como se abría y se cerraba una puerta de madera. Pasó lardo tiempo hasta que volví a oír aquella puerta, ahora estaba más despejado, mis sentidos estaban más alerta. La primera cara se puso de nuevo a mi altura y una segunda apareció por su derecha. Este último fue el único que me hablo.

  • ¿Como se encuentra? — preguntó.
  • ¿Quién es usted? ¿Dónde estoy? —preguntarle a mi vez.
  • Tranquilo, todo a su tiempo. — me dijo a su vez — Primero dígame como se siente.
  • Como una mosca en una tela de araña —dije.

Aquel comentario me trajo a la memoria el suceso de dos o tres días atrás, aquello me hizo estremecer, la persona que estaba delante al verme me pregunto.

  • ¿Tienes frío? Parece que tienes escalofríos.
  • No, lo que quiero es que me desaten y dejen marcharme.
  • Eso no va ha ser posible, aún no —me dijo.
  • ¿Qué es lo que quieren de mí?
  • Saber lo que hay en tu cabeza.
  • ¿Cómo? Que pretendéis abrirme el cráneo?
  • Si fuese necesario. Pero no creó que lleguemos a tanto. Solo queremos saber que ocurre dentro de tu mente, para entender ciertas cosas. Ahora descansa y después volveremos a hablar.
  • No quiero descansar, quiero salir de aquí y quiero que me suelte ¡Ya!
  • Tranquilícese cuanto más se altere peor será.
  • ¿Que quiere decir, con que peor será?

No contestó, solo miro al otro que seguía a su lado y le hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, esté fue al otro lado de la estancia, y comenzó a moverse de un lado a otro, yo no veía lo que hacía desde mi posición, pero al momento empecé a tener sueño, por más que luchaba por mantenerme despierto más se me cerraban los ojos, hasta que pasados unos minutos….

Debía de estar sumido en un sueño muy profundo, porque oía desde un lugar muy lejano. Sr. Pérez, me oye, Sr. Pérez vuelva, todo esta bien, despierte por favor.

Poco a poco fui abriendo los ojos, había un hombre con una bata blanca, que me miraba con cara de preocupación.

  • ¿Se encuentra usted bien?

Solo pude contestar.

  • ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?
  • ¿No lo recuerda?
  • ¡Recordar! ¿El qué?
  • Se encuentra en el centro de investigación del sueño, vino hace dos semanas para que le tratásemos las pesadillas que padecía. Le hemos tenido en un sueño inducido químicamente, le hemos monitorizado durante todo este tiempo —me explico el médico— Soy el doctor Gutiérrez, Joan Gutiérrez.

Me miré levantando un poco la cabeza y vi un montón de cables que salían por todos lados hacía unas maquinas que había a los lados de la habitación, más allá en la pared de la derecha, había un cristal que abarcaba todo el perímetro.

El médico dijo: ya tenemos todos los datos para tratar su problema Sr Pérez.

  • ¿Cuál problema? ¿Qué solución?
  • Su problema, es que tiene el poder de viajar a través de los sueños. La solución es que el gobierno quiera potenciar esa habilidad.

Fue todo lo que oí a modo de respuesta antes de volverme a quedar dormido.

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Mara


Mi último trabajo en el curso de escritura de ESCRITORES “INDIES” [FLEMINGLAB]

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Me detuvieron por primera vez con catorce años. Por clavarle una percha de plástico al vigilante de una tienda de ropa, intentaba retener a una amiga, decía que había robado unas prendas de ropa interior. Cuando la percha le penetro en la pierna soltó a Sonia y las dos corrimos como alma que lleva el diablo, yo me reía, no se si de los nervios o de lo que había hecho. Nos perdimos por las calles del centro, ya no podían cogernos, paramos para tomar aíre.

  • Tía eres la caña —me dijo Sonia— ¿como has podido hacer eso?
  • Qué querías, te tenía cogida por el brazo —le dije.
  • Pero si yo no he robado nada —me contesto.
  • ¿Y eso importa?
  • Aunque me registrara no me iba a encontrar nada —dijo ella muy segura.
  • Pero que ilusa eres tía —le dije— ¿Qué crees que quería él, tonta? Sobarte, meterte mano, estos tíos se las gastan así, te llevan al cuartito y primero te soban y cuando ven que no tienes nada, te hacen desnudarte para comprobar que no lo ocultas en alguno de tus agujeros.
  • Anda ya Mara, que has visto muchas pelis —me dijo con cara de incrédula.
  • ¿Tú crees? Pues la próxima vez dejo que te lleve al cuarto y lo compruebas por ti misma —la dije muy sería— Me voy para casa que por hoy basta de emociones

Cuando llegue a casa había dos polis esperándome en el salón con mis padres, me habían cogido las cámaras de seguridad de la tienda. Entre como si nada hubiera pasado. El más mayor de los dos me dijo.

  • ¿Tamara Fuentes?
  • No, lo siento se equivocan de persona —dije irónicamente— Yo soy Mara, Tamara es mi hermana gemela, pero ahora esta de viaje.
  • Mara hija —dijo mi madre a punto de llorar— ¿Como has podido?
  • ¿Cómo he podido qué?
  • Mire señorita, tenemos las grabaciones de la cámara de seguridad de la tienda, sabemos que ha sido usted quien a apuñalado al guardia de seguridad.
  • ¿Apuñalado? No, por ahí si que no. Solo lo he percheado. O tenía que dejar que metiera mano a mi amiga.
  • Llámelo como quiera, pero le ha clavado una percha en la pierna al vigilante y ha quedado grabado —dijo uno de los polis— El vigilante, dice que su amiga había robado unas prendas intimas.
  • ¡Eso es mentira! Ese cerdo lo único que quería era manosear a mi amiga.
  • Son acusaciones muy graves.
  • Pues es lo que hay — dije muy tranquila.
  • Debes acompañarnos a comisaría, te tenemos que tomar declaración y ya veremos lo que dictamina el juez —dijo el agente.
  • Como quieran, —dije poniéndome en pie— ¿nos vamos ya? ¿Por cierto a mi amiga que le va ha pasar? —pregunte a los agentes.
  • Ya han ido unos compañeros a buscarla, —dijo uno de ellos— la llevaran también a comisaría, para tomarla declaración, como a ti.

Aquella fue la primera vez que pise una comisaría de policía, fui fichada y entré a formar parte de la larga lista de delincuentes juveniles.

Posteriormente pasé a disposición judicial y más tarde a juicio en el que el juez me impuso una multa de mil quinientos euros y una pena de seis meses de trabajos a la comunidad.

Pero aquello más que amedrentarme lo que hizo fue enfurecerme más, perdí la fe en la justicia y en las leyes que sustentaban la sociedad actual. Mi ira fue en aumento, no comprendía como la ley protegía a una persona que abusaba del poder que le daba el uniforme, para cometer abusos a chicas jóvenes bajo la argucia de que habían robado en el establecimiento en el que estaba de servicio.

Empecé a juntarme con chicos y chicas que como yo habían tenido algún traspié con el sistema judicial. En poco tiempo fui convirtiéndome —sin yo pretenderlo— en una persona influyente dentro del grupo. Comencé a tontear con las drogas, al principio fueron los porros de marihuana o hachís, con el tiempo la cocaína y las pastillas me atraparon en una espiral de adicción. Para entonces ya había perdido la virginidad, tanto moral como física, la primera vez que me acosté con un chico, fue algo, no se… como explicarlo, no fue como había contado, algo especial, algo mágico. No sentí nada más que un dolor en mi sexo, que me duro un par de días, aquello me hizo ser  algo reticente a volver, cuando aquel ingenuo quiso repetirlo, a su madre le debieron de pitar los oídos de cómo puse al niñato y a la madre que lo parió.

Un mañana me levante algo asqueada de todo, como cada día mi madre se levanto con las pilas cargadas y empezó con su retahíla de siempre.

  • ¿Dónde vas, Mara?
  • A dar una vuelta.
  • ¿Una vuelta? Son las diez de la mañana. ¿No es temprano para dar una vuelta?
  • ¿Qué pasa, que las calles están cerradas a estas horas?
  • No me hables así.
  • Pues no me vengas con chorradas, Me largo.
  • No sales ahora, tenemos cosas que hacer.
  • Pues eso voy hacer mis cosas y una de ellas es largarme a dar una vuelta.
  • No salgas por esa puerta.
  • ¿Y que pasa si salgo? ¿Me vas a pegar? Anda y que te den.
  • ¡Maraaa!

Yo ya me había largado pasando de mi vieja. Fui a la plaza donde pensaba que encontraría a alguien de la peña, pero que va, no había nadie. Mande un whatsapp a Lucas.

  • ¿Donde andas?

Nada. — Que raro que no vea el whatsapp. Lo intente con Elías.

  • ¿Dónde estáis Elías? Lucas, no ve mis msj,
  • Estoy en casa.
  • ¿En casa? ¿Sabes algo de Lucas?
  • Se ve que no te has enterado. Lo pillaron anoche y esta detenido.
  • ¿Y eso? ¿Qué ha pasado?
  • Una movida con unos tíos de la banda de tú amigo Dominique. Iban fumados y se liaron a palos, pasaba la poli por allí en ese momento y los pillaron.
  • ¿Tú no estabas?
  • Que va, me fui antes, tenia planes y los deje en la plaza.
  • ¡Ya! La Jeni.
  • Sí, jajaja. Como lo sabes. Nos vemos esta tarde y te cuento.
  • Chao entonces.

Me puse a caminar por la ciudad sin rumbo fijo, no quería volver a casa, con mi madre de uñas, solo tendría bronca. Cuando me dí cuenta, estaba dentro de la tienda donde clave la percha al guarda, no me acordaba de aquello hasta que no lo vi venir hacía mi.

  • ¿Que haces aquí, puta? —me escupió a la cara
  • ¿De que vas tío? ¿No puedes hablarme así? Soy una clienta.
  • Eres una zorra, eso es lo que eres.
  • Quiero hablar con el dueño, o si no, mejor, voy llamar a la policía.
  • No vas a llamar a nadie, ya te estas largando de aquí o acabaras en el cuarto de atrás, y no te va a gustar.
  • Eres un cerdo y un cabrón de mierda. No creas que te vas a salir con la tuya.
  • ¿Me estás amenazando, puta?
  • Llámalo como te salga de los cojones —le dije mientras me iba hacía la calle.

Salí de allí cagándome en todos los santos del cielo. Aquella tarde en la plaza vi a Dominique y hable con él.

  • Hola tío, ¿como lo llevas?
  • Ya ves, como siempre, vaya colegas tienes —me contesto.
  • Ya me han contado lo que paso ayer. En cuanto se fuman un porro se pierden.
  • Bat, no pasa nada. —Me dijo — Mira, ya los han soltado. Ahí viene tú colega Lucas.
  • Hola pareja —nos saludo Lucas.
  • ¿Qué pasa tío? Has dormido bien en la trena —le soltó Dominique.
  • Un noche de descanso viene bien de vez en cuando —dijo él con una sonrisa— ¿Y tú que tal Mara? Tienes mala cara.

Les conté mi encontronazo con el cabrón del segurata.

  • No jodas que te ha dicho eso, que hijo puta —dijo Lucas.
  • Su pinché madre, ese mierda se merece un escarmiento —dijo Dominique.
  • Sí tío, a ese cabrón le tenemos que dar por culo — contesto Lucas.
  • Bien dejármelo a mi, ya os aviso.

Les dijo Dominique levantándose y dirigiéndose hacía sus colegas, estuvo hablando con uno y este asintió con la cabeza y salió disparado hacía no se dónde.

Al cabo de unos días me vino a buscar a casa Carla.

  • Hola Mara.
  • Que tal Carla, qué haces ¿aquí? —la pregunte.
  • Me envía Dominique, quiere verte esta noche —me dijo.
  • ¿Esta noche?
  • Sí, dice que tenéis que solucionar algo que había pendiente —me comento.
  • ¿Y dónde quiere verme?
  • En el local abandonado del muelle, ¿sabes cuál es? —me pregunto Carla.
  • Si, se cual es.
  • Bien, pues esta noche a las once estate allí, hasta la noche Mara —me dijo despidiéndose.
  • Gracias Carla, nos vemos.

Hable con Lucas esa noche  y le conté lo que me había dicho Carla, se ofreció a ir conmigo y juntos fuimos hasta el local del muelle. Al llegar estaba uno de la pandilla de Dominique guardando la puerta.

  • Pasad —nos dijo sin más— están al abajo, al fondo están las escaleras, cuidado que no hay luz.
  • ¿Están? —pregunte— ¿Quiénes?
  • Bajad y lo averiguaréis, pero pasad que las paredes tiene ojo y no pueden vernos aquí o vendrá la pasma —dijo apremiándonos para que pasáramos.

Entramos y Lucas encendió la linterna del móvil, fuimos por aquella estancia en la que había basura por todas partes, hasta el fondo del local, las escaleras estaban justo al final a la derecha tras un pequeño recodo, bajamos despacio y otro de la pandilla de Dominique nos indico que fuéramos hacía una puerta que se encontraba al fondo del pasillo que había al final de las escaleras, se veía luz y se escuchaban unas voces apagadas, aunque por su tono parecían cabreadas. Avance decidida hacía allí, Lucas me siguió, al llegar a la habitación donde estaban Dominique, Carla y tres más de su banda, vi que estaban alrededor de una silla en la que había alguien sentado, con la cara desfigurada de los golpes que le habían propinado. Carla nos vio entrar y le hizo un gesto a Dominique, este se volvió y al verme me sonrió, se giro de nuevo hacía el que estaba en la silla y le dijo.

Ahora vas a saber de verdad lo que es la MARA.

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Felicitación de Navidad y año nuevo


Como última actividad del año FlemingLab y Juan Crevillo su tutor/impartidor del curso de escritura en el que he tenido el placer de participar durante todo el año 2017 y del cual he aprendido mucho sobre el mundo del escritor.

Quiero felicitar la navidad, a todos/as los integrantes de esta gran familia, que son/somos los masticadores de letras, y al resto de la blogosfera, con esta pequeña postal navideña,

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El Bosque de las sombras


Relato escrito para el curso de escritura de FlemingLab. Masticadores de letras.

El Bosque de las sombras

Galopaba entre los árboles sabiendo que sus perseguidores estaban cerca, las ramas pasaban veloces y algunas le pegaban en pecho y la cara, dejándole arañazos, el caballo veloz levantaba la hierba y los arbustos, desplegando un aroma: A tomillo, cola de caballo, manzanilla y otros olores que se entremezclaban entre si. A su espalda oyó como uno dijo: “Rápido, no paréis, no puede andar lejos hay que cogerlo. Cinco monedas de oro al primero que lo atrape”. Ethart que así se llama el muchacho, azuzaba su cabalgadura todo lo que podía, sabía que si salía de la arboleda no podrían atrapar a su caballo. “Vamos bonito, corre, corre como tu sabes que ya casi estamos” —Le susurraba a su oreja. El animal al oír las palabras de su jinete apretaba el ritmo.

Dejaron atrás el bosque saliendo a campo abierto. Tenía mucha confianza en su caballo, era ágil, veloz como el viento y negro como una noche sin luna. Por el prado podía correr con tal velocidad que apenas levantaba trozos de hierba del suelo, era como si no la tocara. Miró atrás y vio a sus perseguidores salir de entre los árboles, aunque ya estaban muy atrás, habían aprovechado la ventaja que Zahino, su caballo les había sacado en la pradera. Ahora más seguro de si mismo, sabía que les daría esquinazo pronto.

Los perseguidores eran soldados del señor del trueno, hermandad creada a raíz de la guerra de los siete estados. Su jefe o general, era un antiguo comandante del pueblo de los caídos, al ver que el desarrollo de la guerra no lo favorecía. deserto, junto a un grupo de treinta de sus mejores hombres y se adentro en los bosques de las sombras, donde se hizo fuerte y fue conquistando las tierras de alrededor, hasta formar lo que hoy es llamado el estado sombrío, nadie se atreve a oponerse al general Ojo Triste, dueño y señor del ejercito de las sombras.

Ethart, a sus dieciocho inviernos de vida, ya se ha visto obligado a acabar con la vida de varios soldados del trueno; que tuvo suerte, lo reconoce pero también sabe que es bueno con la espada, desde que era un niño se ha entrenado con los otros chicos de la aldea; pronto destaco sobre los demás y eso no gusto al jefe y mucho menos a su hijo, que siendo de la misma edad que Ethart, veía como sus huesos daban contra la tierra una y otra vez.

Cuando el general ataco la aldea nadie se opuso, el jefe se rindió sin siquiera blandir la espada, hinco la rodilla en tierra y se sometió a los usurpadores. Aquello hizo que siguiera como jefe. Ahora bajo el mando del ejercito del trueno y su general.

Algunos de sus vecinos se opusieron, y ello les costó la vida, entre ellos su padre, un simple panadero; vio como una espada le atravesaba el pecho, solo por decir que debían pleitesía al rey y no a un traidor renegado.

El chico al ver a su padre caer atravesado por la espada de un soldado, ataco preso de la ira y del dolor, al general y a sus soldados, matando a dos de ellos, algunos de sus vecinos al verlo se envalentonaron y le ayudaron en la rebelión, pero esta duro poco, los soldados estaban bien entrenados y acostumbrados a la lucha, mientras que ellos, unos aldeanos, apenas si sabían coger la espada, aún así causaron varías bajas, antes de dar su vida. Luther el herrero, que era de los más fuertes le pidió al muchacho que huyera antes de que le mataran.

  • Huye Etthart, huye antes de que te maten.
  • Nunca, prefiero morir a dejar que se salgan con la suya —le dijo el chico.
  • Si te matan, entonces se habrán salido con la suya y las muertes que ha habido hoy aquí, no habrán servido para nada —le dijo el herrero — Detrás del establo he dejado a Zahino ensillado, es el mejor de la aldea, móntalo,  busca ayuda más allá del bosque de las sombras.
  • ¿Y mi padre?
  • Ya no puedes hacer nada por él, le daremos un entierro digno.
  • Esta bien, —dijo vencido el muchacho— pero en cuanto pueda volveré y matare al general.
  • Esperemos que tengas razón chico —dijo apesadumbrado el herrero— ahora vete y que los dioses te acompañen.
  • No olvidare lo que has hecho hoy por mi Luther.

Dijo alejándose de su amigo.

Dio la vuelta al pequeño edificio, cogió las bridas del caballo, de un salto monto a lomos del animal, emprendiendo el galope hacía el bosque.

Uno de los asaltantes vio como huía el chico y aviso a su jefe.

  • ¡General! Alguien intenta escapar a caballo, va hacía el bosque      — grito.
  • Cogedle y traedlo vivo a ser posible — ordeno el general.
  • Vosotros, a los caballos, vamos tras él — Dijo el que había dado el aviso.

Los cuatro soldados que estaban alrededor corrieron a sus caballos, saliendo al galope tras el fugitivo que ya se había internado en el bosque. Cuando creían que lo tenían al alcance de sus espadas, salieron a campo abierto y allí se dieron cuenta de que el caballo de Ethart era más veloz que los suyos, que ya estaban agotados de la carrera, veían como éste, los iba dejando atrás poco a poco y que les sería imposible alcanzarlo, así y todo azuzaron a sus monturas en un intento por acortar distancias, pero los animales empezaron a echar espumarajos por la boca. El que iba al mando del grupo levanto la mano para que pararan.

  • ¡Alto! —grito— dejadlo, los caballos no pueden más.
  • ¿Y el general? —dijo uno de los soldados.
  • Yo hablaré con él —dijo el primero.
  • Lo que tu digas Ronan —contesto el soldado dando la vuelta a la montura.
  • Vamos a descansar un rato y dar un respiro a los caballos —dijo el tal Ronan— volvamos hasta el arroyo que hemos dejado allá atrás, y que beban un poco.

Ethart volvió la cabeza y vio como sus perseguidores desistían en su persecución, y paraban a sus monturas. No por ello freno el galope de Zahino, aunque sí se relajo un poco y el animal lo noto.

El muchacho paro unas millas más adelante junto a una arboleda, para dar un respiro a su compañero de viaje y a la vez descansar. Después del exceso de adrenalina que su cuerpo había ido creando, ahora al verse libre de sus perseguidores y relajarse, sus músculos estaban doloridos después de la tensión a la que se habían visto sometidos. Se sentó a la sombra de un alcornoque, resguardado por unas rocas de la vista de posibles enemigos, y sin darse cuenta siquiera, se quedó dormido, mientras su caballo pastaba a pocos metros, antes le había trabado las patas delanteras para evitar que se alejara más de la cuenta.

Tenía un sueño profundo a causa del cansancio, aún así oyó los cascos de un caballo que se acercaba entre las piedras. Toc, toc, toc. Alguien se aproximo hasta el y empezó a hablarle primero despacio.

—Despierta, vamos, abre los ojos perezoso— ¿Quién podría ser? Acaso lo habían seguido desde la aldea. —Pensó entre sueños—  De repente empezaron a zarandearle y a hablarle con más ímpetu. — Vamos despierta, que se hace tarde, espabila —oía en esa duermevela que no te deja moverte.

  • ¿Qué hora es? —logro preguntar adormilado como estaba.
  • Ya se te hace tarde para ir al instituto. —Su subconsciente conocía aquella voz, pero no la situaba en aquel páramo.

Venga Luis despierta. Al oír aquel nombre algo se despertó en su cerebro. Otra vez te quedaste dormido con el libro en las manos, le dijo una voz de mujer. Seguro que estabas otra vez soñando con alguna de tus aventuras. Anda levántate, que voy hacer para comer la receta que tanto te gusta. Hoy vienen tus primos o tengo que recordarte que hoy es tu cumpleaños —le comento su madre. ¡Felicidades cariño!  a la vez que le daba un beso.

La madre de Luis lo miro con ternura mientras salía de la habitación, sabía que le encantaba leer libros de aventuras. Literatura fantástica decía él. Fantasía era lo que le sobraba, tenía una imaginación desbordante. Cuando era más pequeño con siete u ocho años y le preguntaban ¿Qué quieres ser de mayor? Siempre decía lo mismo: “Yo quiero ser escritor”.

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Vidas Cruzadas


Relato escrito para el curso de escritura de FlemingLab. Publicado en el blog masticadores de letras.

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Cuando Tom llegó ya estaba muerta, la habían cortado el cuello de izquierda a derecha como a las otras, la había encontrado un hombre mientras paseaba a su perro por aquel recóndito paraje, el animal olió el cuerpo que ya había empezado a descomponerse. El forense creía que llevaba varios días muerta, a pesar de que el calor reinante había acelerado el estado de putrefacción. El médico apunto el día de la muerte entre el sábado y el domingo anterior, precisaría más cuando realizara la autopsia.

Laura estaba bailando en la discoteca con sus amigas como cada sábado noche, riéndose y divirtiéndose, de vez cuando apartaba algún moscón que otro, que solo quería intentar meter mano o llevársela al huerto. Ella odiaba los polvos de una noche, siempre decía que el día que perdiera la virginidad sería con el hombre del que estuviera enamorado y supiera que era el amor de su vida.

Lo que no sospechaba, era que aquello jamás sucedería, alguien la había estado mirando desde que salio a la pista de baile y vio en ella una victima propicia para sus deseos. Esperó a que fuera al servicio, la había visto ir anteriormente un par de veces y no era de esas chicas que tiene que ir acompañada de una amiga. Él supo que ese era el momento.

Él sabía que allí encontraría lo que buscaba, ya había estado en otras ocasiones y conocía el local perfectamente; en el pasillo de los servicios estaba una de las salidas de emergencias y sabía que al abrirla no sonaría la alarma, no tenía el sistema conectado, así que si salía por allí no se enteraría nadie.

Tenía aparcado su coche en el callejón, era un monovolumen. Lo dejo allí porque no había cámaras y tenía poca iluminación, todo se le ponía a pedir de boca, ahora solo tenía que encontrar la victima perfecta.

Cuando la vio ir hacia el pasillo de los servicios fue tras ella como si el también se dirigiera al servicio de hombres, la alcanzó a la entrada, se miraron y él le sonrió, ella se la devolvió la sonrisa sin mucha gracia y siguió su camino sin mirar atrás, de haberlo hecho se habría dado cuenta que él no había entrado en el water, sino que lo tenía detrás, cuando sintió su presencia y fue a girarse, era tarde, él la tapo la boca con un pañuelo empapado en cloroformo y ella se desplomo en sus brazos sin conocimiento.

Aquel era el momento más comprometido de todos, tenía que salir sin ser visto, aunque si alguien le veía, diría que era su chica que había bebido más de la cuenta y la sacaba a tomar el aire. Aunque eso podía desbaratar sus planes. No podría llevársela porque en cuanto se dieran cuenta de la desaparición la buscarían y no tardarían en acordarse de que le vieron salir con ella por la puerta de emergencias. Nadie lo vio, metió a la chica en el maletero, se montó en el coche, arranco y desapareció calle abajo.

Laura empezó a despertarse, un dolor de cabeza le atormentaba, y una sequedad en la boca le rasgaba la garganta como una lija. Estaba desorientada y no recordaba nada. —¿Dónde estaba? Se preguntó—A su alrededor había una gran oscuridad y ese traqueteo que notaba la desconcertó durante un rato. —¿Cómo había llegado allí? —Intento recordar. Se encontraba en la discoteca con sus amigas, y le entraron ganas de ir al baño, y fue, sola como siempre, alguien iba detrás como otras tantas veces, ni se giro para ver quién podía ser, de repente noto que una mano le tapaba la boca y la nariz con algo y que un olor rarísimo no la dejaba respirar. Todo se volvió negro hasta que se ha despertado aquí. —Me han secuestrado —pensó— Mientras un ataque de pánico se apoderaba de ella. Empezó a buscar una salida y fue cuando se dio cuenta que se hallaba en el maletero de un coche en marcha. No pudo más y comenzó a gritar. — ¡Socorro! Que alguien me ayude, estoy aquí encerrada. Por favor… ayuda—. Gritaba sin mucho éxito.

Tom  se dirigía hacía su casa. Había sido otro día duro, desde que por la mañana encontraran el cuerpo de aquella chica en aquél recóndito paraje hasta ahora había pasado doce horas de arduo trabajo y estaba como al principio, sin nada a lo que agarrarse. Sin una pista de la que poder tirar y con una chica más en el deposito. Una chica joven con toda una vida por delante, que no tendría que hallarse en aquella mesa fría de acero inoxidable, si no en su cama y con su familia. Maldito hijo de puta —maldijo dando un golpe al volante— Te voy atrapar y cuando lo haga no habrá juez que te condene —continuo diciendo en voz alta de el interior de su coche, cuando la emisora rompió el silencio. — ¡A todas la unidades. Una chica ha desaparecido de la discoteca Xanadu! Hace aproximadamente un par de horas es rubia, ojos verdes, metro sesenta y siete. Vestía pantalón marrón y camisa blanca, zapatos marrones de medio tacón. — Al escuchar el aviso Tom cogió el micrófono y contesto a la llamada.

— Aquí el detective Tomas Robles me dirijo al lugar de los hechos, llegaré en cinco minutos.

— Oído detective, cambio y corto. — Tom puso la sirena en el techo del coche y acelero en dirección a la citada discoteca.

—Cállate. O lo vas a lamentar— Le grito él —Deja de gritar zorra o tendré que dormirte otra vez, quiero que estés muy despierta para lo que te tengo preparado. — le dijo mientras conducía por la nacional hacía un paraje que conocía y sabía  que nadie lo podía molestar. —No volvió a escucharla en todo el camino.

Al cabo de media hora se desvió de la carretera y cogió una pista forestal que le llevaría a su destino. En su cara se dibujo una sonrisa ante la imagen que se formaba en su cabeza de lo que venía en un rato.

Cuando Tom llegó….

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Calle 13.


Como muchos ya sabéis hemos publicado un nuevo libro titulado Calle 13. Gracias a Juan Rcrevillo  que es profesor del taller de escritura de FlemingLab al cual todos los que colaboramos en este libro participamos o hemos participado en el.

Hace unos meses salio Habitación 308 escrito por los mismos componentes de Calle13 como podéis leer en la portada del mismo todos/as son o somos (valga la modestia) buenos escritores.

Calle 13 es una recopilación de relatos creados alrededor de un mismo escenario, la calle 13 de la ciudad de Barcelona y cada escritor ha creado un relato o dos dependiendo de lo que creyera oportuno cada uno, en mi caso he creado uno en dos capítulos que espero que sea del agrado del lector, todos los participantes administramos algún blog o participamos en ellos de forma directa e indirecta.

Para aquellos que no conozcan a los escritores y autores os dejo un enlace a sus espacios web.

Algo que se me olvidaba comentar y que es importante.

Hoy es el último día para la descarga gratuita de este libro en formato kindle , no dejes pasar esta ocasión. Como puedes ver en la foto también se puede tener en papel por 6,83€, si como yo eres un nostálgico del formato tradicional no te quedes con las ganas y compralo no te arrepentirás. ¿O si? Ya me lo dirás.

Sus autores son: Gema Albornoz, Francisco J. Martín, Conchi Ruiz, Frank Spoiler, Antonio Caro, Silvia Salafranca, Verónica Boletta, Ana Centellas, Paulina Barbosa, Pedro García, Javier Reina, Melba Gómez, Awilda Castillo, Juan re crivello

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El bar del Búho. (2ª parte)


¿Leíste la primera parte del “El bar del Búho”? ¡No! pues hazlo ahora, seguro que te dejara con los ojos muy abiertos.

https://antoncaes.wordpress.com/2017/04/19/bar-el-buho/

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Al cabo de una semana, llegaron al búho dos amigos de aquel que estuvo aquella noche. Venían atraídos por lo que les contó el amigo una noche de borrachera, quisieron ver si la Reme era como la había descrito el sordo, perdón, quise decir el camarero.

Uno de ellos era corto de vista, por lo que llevaba unos cristales culo botella de esas de pasta marrón que en su cara solo se veían gafas y así le llamaban “El gafas.” El otro era alto, escuálido que se parecía más a la lanza de D. Quijote que al mismo hidalgo.

Entraron los dos por la puerta del búho, mejor dicho entro el gafas, al largo lo tuvieron que plegar para que pasara bajo el quicio, si ya su amigo se dio un golpe en la cabeza imaginaos al largo pasando bajo una puerta de poco más de uno setenta.

El camarero al verlos entrar puso cara de circunstancias,

  • Buenas noche nos de dios. — les saludo.
  • Te las dará a ti. — le respondió el largo. A mi de momento lo que me ha dado a sido el lumbago.
  • Si vago parece que es un poco. — le respondió el camarero.
  • Hay que ver, pues si que esta sordo el tío. —le comento el gafas al amigo.
  • Pues ver, lo que se dice ver, no es que veas mucho tú. —le replico el camarero mientras le señalaba las gafas.

Un cliente que estaba sentado al fondo de la barra le comenta al camarero.

  • Estos dos no son de por aquí, se han equivocado de antro.
  • No, no creo que se hayan equivocado tanto al venir aquí. — le dijo el camarero.
  • ¿Que van a tomar los señores? — les pregunto con sorna,
  • Dos cervezas. — dijo el largo.
  • ¿Con o Sin? — le volvió a preguntar.
  • Si esta la Reme, Con ella, si no, Sin ella.

Jajaja. Se echo a reír el gafas, muy bueno si señor.

  • Para buena la Reme, dijo el parroquiano de la barra, vaya par de… Te quitan el sentido.
  • A mí con que me quite otra cosa me conformo y que no sea la cartera. — le dijo el gafas.

En eso que entra la Reme por la puerta, Una jamona de metro sesenta con una talla de sujetador de uno diez, por falda llevaba un cinturón ancho, al andar las nalgas iban por separado cuando una iba la otra volvía, al ver a aquella mujer al gafas se le empañaron los cristales y se le subieron unos calores para arriba que se le rizo hasta el pelo.

  • Buenas Reme. — le saludo el parroquiano.
  • Que tiene de buenas. — contesto esta un poco seca.
  • Tú todo — le dijo el largo.
  • ¿Quién es este? —preguntó la Reme al camarero. — O es que se te ha caído un puntal del techo.
  • Es un cliente nuevo.
  • ¿Nuevo? Este ya tiene unos añitos majo, vamos que la comunión ya no la hace.
  • Joer Reme siempre con tus salidas. —le contesto el camarero.
  • Para salida yo, estoy que parezco una estufa de leña. — le dijo esta mientras le guiñaba un ojo al gafas.
  • Leña te daba yo. — le respondió aquél.
  • Tú lo que me das es pena. — dijo ella riendo. —Te quito las gafas y no me ves ni pegando tu cara a mis tetas.
  • Pero te palpo si hace falta. — le contesto él riendo.
  • ¿Y tú no dices nada? — le dice al largo que los miraba como hubiera perdido el norte.
  • Que quieres que te diga Reme, que estas para comerte. Vamos que estas muy buena.
  • Como sabes que estoy buena si ni siquiera me has catado. —le dijo con mucha sorna la Reme. — Esto es mucho pan para tan poco tocino. — le respondió haciendo un gesto como si abarcara su cuerpo.
  • Eso es un cuerpo y no el de la guardia civil. — dijo el gafas.

El cliente que no se perdía detalle de la conversación les dice.

  • ¡Cuerpo! — con una sonrisa de oreja a oreja. — Es todo un destacamento, os coge y os deja seco a los dos, que parecéis la i y el punto.
  • Os coge y os deja seco, y punto. — le corrige el camarero mientras ríe.

La Reme le contesto a aquellos dos.

  • Mira quienes fueron a hablar, si no podéis con lo que tenéis en casa vais a dar lecciones. Me voy que esto es mucho arroz para tan pocos pollos.

El camarero le salto.

  • Ida estas tú hace mucho Reme.
  • Ida y salida. — le respondió la Reme mientras salía por la puerta.

Los cuatro se miraron y se echaron a reír. La Reme era mucha Reme.

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Habitación 308 Hotel 18X Barcelona.


Relato de terror para el taller de escritura de  FlemingLAB

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la habitacion

Habitación 308 Hotel 18XX Barcelona.

Aquella tarde llegué a la estación de Sanz de Barcelona a las 17,00 horas, al salir de la terminal cogí un taxi que me llevó al puerto donde al día siguiente salía un barco para el que tenía el billete, facturé el equipaje que llevaba y como aún era temprano decidí dar una vuelta por la ciudad, el taxi me dejo en la parte baja de las ramblas y fui subiendo dando un paseo y admirando todo lo que había a mi alrededor.

Los edificios señoriales restaurados y adaptados a los nuevos tiempos, como el teatro del liceo, mi visita no podía dejar pasar el mercado de la Boqueria, unos de los primeros de Barcelona. Las ramblas se encontraban atestadas de gente paseando, comprando en los kioscos que hay a lo largo de toda la avenida o disfrutando de los músicos callejeros que tocan para sacarse unos céntimos, se empezaba a hacer tarde y decidí dejar el turismo y retirarme a descansar, me dirigí al hotel en el que tenía una reserva para pasar la noche y que se encontraba en la misma avenida.

El hotel se llama 18XX un hotel del siglo XIX construido en lo que fue la Compañía General de Tabacos de Filipinas, totalmente restaurado y modernizado, pero con una historia en sus muros para recordar. Entre en la hall y era como cruzar las puertas a otro mundo completamente distinto a lo que estamos acostumbrados, me dirigí a la recepción y el recepcionista con un trato muy amable me tomo los datos y me entrego la llave de la habitación.

— Su habitación es la 308 caballero, tercer piso. Luego me indico donde estaban los ascensores y el horario del comedor para los desayunos.

  • Muchas gracias. —conteste, recogí mi bolso que había dejado a mis pies y me dirigí al ascensor.

Subí en hasta la tercera planta y recorrí el pasillo hasta mi habitación, al abrir la puerta estaba todo en penumbras, solo se escuchaba el zumbido del aire acondicionado que se había activado al meter la tarjeta en su ranura.

Deje el bolso en un taburete a los pies de la cama y me tire encima la cama. El cansancio empezaba a dejarse notar en mis músculos, hoy había sido un día completo y necesitaba un poco de descanso.

En estos pensamientos estaba cuando me envolvió el sueño, y me deje llevar por esa sensación de paz que solo se consigue ese momento de duermevela que te va arrastrando a lo más hondo del subconsciente.

Algo me empezó a agitar en mi placido sueño, era como un ruido de cristales cuando crujen antes de hacerse añicos, aquellos sonidos hicieron que volviera mi sueño algo agitado, como con miedo a salir de tu zona de confort de forma precipitada.

Me incorpore en la cama mirando a todos lados en aquella negrura que me rodeaba y me engullía, era una oscuridad densa palpable casi se podía rasgar con los dedos, mire al frente y un brillo. Que me puso los pelos de punta, me quede fijo mirando, era el espejo que había encima del pequeño mueble de la habitación y que contenía la nevera con los snacks y las bebidas que ofrecen casi todos los hoteles.

Unos ojos me miraban desde dentro del espejo, un escalofrío recorrió mi cuerpo a pesar de haber apagado el aire acondicionado antes de acostarme, me levante de la cama y las piernas me temblaban de miedo, me acerque lentamente hasta el espejo, para ver que había algo más que unos ojos, cuanto más cerca, mejor se iba perfilando un rostro, debía de tratarse de un hombre por su estructura ósea, nariz aguileña y barbilla prominente, ¡Los ojos! Los ojos eran terroríficos, hundidos en sus cuencas y con un brillo que acongojaba al más valiente.

  • ¿Qui qui, quién eres? Le pregunte en un susurro y con la voz temblorosa.
  • Acaso eso importa. —oí responder dentro de mi cabeza.
  • ¿Que quieres de mi?
  • ¿No lo sabes aún? — me contesto.
  • ¿Qué debo saber? — dije, un dolor de cabeza estaba comenzando, como si me oprimieran el cerebro.
  • Porque estas aquí y para que has venido hasta mi.
  • No se a que te refieres, solo estoy de paso, solo he venido a pasar una noche y mañana me embarco para Grecia.
  • Jajaja.

Aquella risa hizo que algo se rompiera dentro de mi cabeza, como si hubieran tensado demasiado los cables de un circuito y de hubieran partido por el medio con cientos de filamentos de cobre rozándose entre sí y dieran chisporretazos, cada uno era una punzada de dolor que recibía mi mente.

Fui reculando hasta sentarme en la cama, no podía dar crédito a aquello, que tenía que ver yo en todo aquello, empecé a decirme que era una pesadilla, que estaba soñando, que pronto se haría de día y despertaría de aquel sueño.

Pero esa voz no dejaba de reírse dentro de mi cabeza.

  • ¿Tú crees que es un sueño? ¿De verdad lo crees señor Ferdinal? —me dijo con ironía en su voz.
  • ¿Ferdinal? Yo no soy ningún Fernidal, ni conozco a nadie con ese nombre.
  • Que mala es la memoria humana, que pronto olvida lo que quiere olvidar. ¿Ya no recuerdas donde nos encontramos? — Me grito clavando sus ojos en mi rostro. Encogí y el miedo empezó a convertirse en un pánico, los espasmos de mi cuerpo eran ya sacudidas incontrolables.
  • Tú acabaste con mi vida hace cien años, tal día como hoy decidiste robarme un contrato con la compañía de tabacos que por entonces tenía aquí su sede, embaucaste para que subiera a este almacén, una vez aquí me clavaste un puñal en el pecho y encerraste mi cuerpo en un cajón que debía salir para Filipinas al día siguiente, pero dejaste atrás mi espíritu, he vagado por este edificio cien años esperando que volvieras, sabía que volverías, los asesinos siempre vuelven al lugar donde perpetran su crimen, te sentí en cuanto cruzaste las puertas y la felicidad se reflejo en mi rostro ¿No lo notas? — me dijo mirándome con esa intensidad desacostumbrada.

Al acabar de hablar una mueca cubrió su rostro y me encogí agarrándome los tobillos y sintiendo como algo calido se me escapaba por las piernas e iba helándose a medida que bajaba por mis piernas para acabar haciendo un cerco en la cama.

Ya no podía contestar algo acabo por romperse dentro de mi cabeza y así me encontraron a la mañana siguiente cuando el recepcionista al llamar a las ocho de la mañana —tal y como le había pedido que hicieran la noche antes— Al no contestar se extraño y mando a un compañero que subiera a ver que pasaba.

El empleado me encontró mirando al espejo con los ojos perdidos temblando, la baba se me escurría por la comisura de los labios y balbuceaba cosas inteligibles.

Los servicios sanitarios llegaron y me trasladaron a este sanatorio en el que llevo ya cinco años mirando a un espejo que no hay, viendo una cara que se ríe día tras día, noche tras noche, esperando a que me reúna con ella, pero mientras eso sucede sigue atormentando mi mente.

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El Bar del Búho.


Relato  de humor escrito para el taller de escritura FlemingLAB

de Juan Re Crivello.

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El bar del Búho.

Aquella era una noche fría, las nubes ocultaban la luna y las sombras se alargaban como  los chicles Boomer. Una solitaria silueta avanzaba por la calle pegada a los edificios para mitigar el frío que arrecia su cuerpo.

De pronto estornudó.

  • Jesús que frío hace, necesito meter algo al cuerpo que me caliente un poco.

Iba pensando cuando de repente piso un gato. Mahouuuuuuu.

  • Eso es, una mahou fresquita me vendría bien, pero donde ir a estas horas, parece que esta todo cerrado.

En la lejanía se oyó el ulular de una lechuza “buuuuuh… buuuuuh”.

  • Tienes razón, el búho debe de estar abierto a estas horas, allí podré tomarme una mahou.

Llego a el búho y al entrar se dio un golpe en la cabeza en el quicio de la puerta.

  • Joder que daño.
  • 2017, cinco de abril para ser más exactos. — le respondió el camarero, que había entendido otra cosa— ¿Se ha perdido? — Le pregunto.
  • A usted que le importa si soy o no un perdido, ponme una mahou.
  • Perdón, no se enfade, siéntese y le sirvo enseguida.
  • Tú a mí para lo único que me sirves es para ponerme esa maldita cerveza, pero al paso que vas se va a calentar.
  • Para caliente… la Remedios ¡esa si que!

Dijo el camarero mientras hacia gestos con las manos sobre sus tetas.

  • Vaya tela, la que me ha tocado con este abrebotellas — le contesto el cliente.
  • ¡Oiga! Que yo no le he tocado nada, para tocar y otros menesteres esta la Reme, si quiere la llamo. —replico el camarero.
  • No, veras como al final me coloca a la tal Remedios el papanatas este.
  • Vaya pues si que es usted exigente, no quiere las aceitunas ahora quiere patatas.
  • ¿Usted esta un poco sordo, no?
  • Y a usted que le importa si estoy gordo o no.

Murmuro el otro, algo que confirmaba lo que el sospechaba ya.

  • ¿A qué ha venido a beber o a insultarme? — dijo un poco malhumorado el camarero.
  • A beber una cerveza pero visto lo visto, mejor ponme un whisky.
  • ¿Solo?
  • ¿Ve a alguien más aquí?
  • No hombre, me refería a si lo quería solo o on de rock
  • ¿Tu me ves que este para bailar?
  • Joder y luego soy yo el sordo. —replico el barman.— ¿Qué whisky le pongo?
  • Uno de Malta.
  • Lo siento pero solo lo tengo escocés o irlandés, pero no maltes.
  • Pues un irlandés calentito me iría bien.
  • Y lo querrá pelirrojo de metro ochenta y ojos azules ¡El señor!
  • El señor se conforma con un par de velas, a mi ponme ese whisky de una puta vez.
  • Ya le he dicho que la puta es la Reme, yo solo soy el camarero.

Aquello ya saco de sus casillas a aquel hombre

  • Joder con el con la puta de la Reme, no si al final veras como me la mete el tonto este.
  • Es mejor que se la meta usted a ella, a mi no me van los tríos.
  • ¡Pero que coño hablas ahora de tríos, ni leches!
  • Lo siento pero la cafetera esta apagada. —le dijo el camarero— si quiere el whisky bien y si no se puede largar que cierre, lleva aquí una hora y no se ha bebido ni un puto vaso de agua.
  • Vaya un camarero estúpido este, no me extraña que no haya ningún parroquiano en este antro.
  • Si lo que buscaba era la iglesia se ha confundido, esta dos calles más arriba y ahora coja la puerta y lárguese. —Soltó el sordo de malos modos.
  • Para que coño quiero yo la puerta, con que me dejara un abrigo para paliar el frío sería suficiente. —dijo el otro saliendo por la puerta.

El camarero fue tras el para cerrar, pero antes se asomó y le grito:

—Si tenía frío debía haberme dejado avisar a la Reme y le habría hecho entrar en calor.

¡Usted se lo ha perdido! ¡Idiota!

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