Archivo de la etiqueta: Los 52 Golpes

Micro HumoRelato


Micro humorelato escrito para los 52 golpes 35/52

Exceso de profesionalidad

Cuando el doctor termino en el hospital, se fue a casa, al llegar, se topo con la sorpresa de encontrarse a su mujer en la cama con un paciente suyo, al que había tratado de una debilidad física.

Al verlo se quedo perplejo, cogió un cuchillo de la cocina y entro en la habitación donde yacían su mujer y el amante.

  • ¿Por qué? ¿Por qué se ha tenido que liar con mi mujer? —le dijo el médico compungido.
  • Cariño, no es lo que parece —se defendió la mujer.
  • Lo he hecho por usted doctor, para que su señora viera que usted tiene mucho talento —se trato de excusar.
  • ¿Qué quiere decir?
  • Porque cuando acudí a su consulta, iba agotado, no tenia fuerzas ni para respirar —le dijo el otro.
  • ¿Y? Eso que tiene que ver con que se acueste con mi mujer —le pregunto el médico.
  • Pues muy sencillo, que cuando fui a verle, no podía ni con los huevos y ahora después del tratamiento que me puso, he querido enseñar a su esposa, que no solo puedo con ellos, si no que me atrevo a llevarlos colgando.

El médico al oír aquello no sabía si matar a aquel desgraciado o llamar al psiquiatrico.

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Mi vecino del segundo


52 participantes, 52 semanas, 52 nuevos textos cada semana. Ray Bradbury estaría orgulloso

Poema escrito para los 52 golpes 33/52

Demonio

A un nuevo vecindario he venido a vivir,
sin querer a mi vecino del segundo he conocido,
me equivoqué de piso,
pues yo vivo en el tercero.
 
Metí la llave en el segundo
y un energúmeno me ha salido,
como se ha puesto el tío vaya la que me ha liao,
por haberme equivocao.
La del primero,
que nos ha sentio,
de risa se ha partio.
—buena la has liao vecino, con la iglesia te has topao. Este es de armas tomar me cuenta sin más—.
Tiene un corazón de oro,
ni late, ni tañe,
la sangre le hierve en las venas,
y eso, eso que le sale de las orejas,
es el vapor que se le produce en su frío corazón.
 
El día que este muera,
se van a pelear en el cielo y abajo Satán,
estoy segura que cuando éste llegue,
se jubilará y con los del inserso se irá,
para no tenerle que aguantar.
 
Dicen que Satanás es un ángel caído,
pero para mi que se arrojo del cielo,
cuando el primero de la sangre de hielo de este Adán,
allí fue a parar.
 
A su árbol genealógico las raíces se le pudrieron,
y las ramas lacias,
van dejando caer a su parentesco,
como manzanas podridas caen al suelo.
Una mañana vino el cartero,
a traerle un certificado,
ahora el pobre certifica que no hizo nada,
que solo tocó el timbre,
que si lo llega a saber antes,
a una jauría de perros se enfrenta,
ya no es el de antes,
que venia cantando,
“le traigo una carta, con agrado y esmero”.
Ahora llega temblando como si estuviéramos en enero.
Si vecino, así es el del segundo.
Al que has conocido el primero.

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Caricias


Poema escrito para los 52 Golpes 30/52.

Caricias

Caricias

Rezuman vapores de tu cuerpo sudoroso.

Te arrimas a él acariciándole la piel.

Besas su pecho despacio mientras

tu mano abarca su miembro con destreza.

Él te sujeta la cabeza,

la empuja con suavidad

y firmeza hacía su boca,

atrapa tus labios,

los besa.

A la vez que se incorpora

encima de tu cuerpo,

y con suma delicadeza

entra en el tuyo

jugando al juego del amor.

Un juego de dos,

dos cuerpos,

dos sexos,

dos deseos compartidos.

Convertidos en energía,

que hace mover el universo.

Arder de deseo y pasión,

los cimientos de acero que edificaron tu educación,

convirtiéndolos en un amasijo de caricias.  

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La jiguera


Este poema ha sido escrito para los 52 Golpes.  29/52

El castuo es una lengua que se usaba y aún se usa en algunos pueblos de extremadura, en la provincia de Badajoz. Es un lenguaje peculiar en el que las palabras eran —como decir— alteradas, cambiadas, por el ejemplo en ve de decir así, se dice asin o asina, dependiendo del tiempo que se use o la hache se pronuncia como jota, es decir en vez de decir higuera, se dice jiguera o en vez de hacha, jacha.

Otro ejemplo.

En vez de decir a donde vas, se dice ande vas.

Era el lenguaje que usaban nuestros abuelos y que ya esta casi en desuso, me gustaría aportar mi granito de arena para que no se quedara en el olvido, como tantas y tantas cosas se han perdido por falta de uso, o difusión.

Se que no soy un maestro en el uso del castuo, ya que no solo es el escribir, sino a la hora de pronunciarlo, tiene su aje, su cosina mesmamente dicha.

He escrito un poema en castuo, titulado la jiguera, que espero sea del agrado del personal.

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La jiguera

Seis años hace ya que sembré aquella jiguera,

cuando aún era nueva,

seis años de espera,

como espera el mozo a la moza,

en su querencia.

Seis años pa que me diera una breva,

dulce,

negra,

de la madera vieja.

Seis años tiene la jiguera,

ahora da brevas negras,

y jigos dulces,

de los tiernos brotes,

allá en la era.

Y yo voy toós los días,

a regá mi jiguera,

pa llevarle a ella,

los dulces jigos de mi jiguera,

pa demostrale mi amor,

pa que ella me quiera,

pa que vea que soy,

más dulce que los jigos de mi jiguera.

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La ducha


Poema escrito para los 52 golpes. 27/52

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Y sentir caer el agua,

como un aguacero que empapa mi cara.

Y sentir como me resbalan las gotas por la espalda,

fría, helada, agradable,

hasta el punto que me eriza la piel,

como carne de gallina.

La dejó hacer,

miró hacia arriba, tratando de absorberla,

y me siento mejor,

al notar como las saladas lágrimas resbalan por mi mejilla,

sin saber,

si lloro por ella,

por mí, o por los dos.

Me abrazo a mi mismo,

me arrodillo en una esquina,

y siento como chorrea mi cuerpo.

Como las penas que resbalan por mi cuerpo,

se las traga el desagüe.

Es cuando me doy cuenta,

lo agradable que puede ser una ducha de agua fría,

para relajar tensiones y eliminar tristezas,

como si de impurezas se trataran.

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Poema escrito para los 52 golpes 26/52

El bosque de lo sueños.

Donde todo es posible menos despertar.

Donde las luciérnagas brillan del color del mar.

Las fresas crecen en los manzanos y las manzanas en el peral.

Las hadas son como gatos, mimosos, sedosos y recelosos.

Los gatos hablan sin parar,

con setas que alucinan de verdad,

al comprender la belleza del lugar.

Los relojes nacen en la corteza de los árboles,

no dan la hora de la verdad,

juegan con el tiempo que debes de soñar.

En el bosque de los sueños,

los sueños son realidad,

¿La realidad? Esta por inventar.

Cierra los ojos y sueña que puedes volar,

veras el mundo pasar,

a vista de pájaro,

como en un sueño,

que esta por llegar.

Sueña,

como sueñan los niños,

contempla tú cara de felicidad,

reflejada en el sueño,

que te hará gozar.

Sueña,

en el bosque de los sueños,

todo aquello que sueñes.

Se hará realidad.

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Alma gemela


Poema escrito para los 52 golpes. 19/52

Eran dos almas gemelas.

Dos  hermanas,

dos flores hermosas

dos bellas rosas.

Tan diferentes,

tan preciosas.

Una clara como el lino,

otra del color de las amapolas.

Una dulce y melosa,

la otra fresca y ardorosa.

Nacidas del mismo vientre,

y las dos tan diferentes.

Una altiva y elegante,

la otra achaparrada y frustrante.

Y sin embargo se complementaba,

allá donde fueran eran el centro de atención.

Los hombres se enamoraban de las dos,

caían rendidos a sus pies,

otros a los pies de su cama.

Unos besaban sus labios,

otros aspiran por su alma.

Incluso las féminas no pueden aplacar,

el ansía de amarlas sin piedad,

de ser esclavas de sus deseos,

piadosas de sus recelos.

Aunque nadie consigue el favor de las dos.

Siguen anhelando ser su amor.

Aún sin conocerlas a la vez,

sin saber quien es quien,

el amor de ambas desean tener.

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La oscuridad ha vuelto


Poema escrito para los 52 golpes. 15/52

52 participantes, 52 semanas, 52 nuevos textos cada semana. Ray Bradbury estaría orgulloso

La soledad me envuelve,

no siento mi respiración,

el aire caliente de mi pecho

no empaña el cristal de la ventana.

Debo de seguir durmiendo,

desde mi cama,

no se ve la ventana.

Abro los ojos de nuevo,

y veo,

gente a mi alrededor,

se que están ahí,

por que los oigo hablar en murmullos,

que atronán mis oídos.

¡Callad! No veis que estoy dormido,

¿Que hacéis aquí?

¿Alrededor de mi cama?

Marchaos y dejadme tranquilo.

Alguien cierra las contraventanas,

la oscuridad me envuelve.

—Espera, no hay contraventanas en mi casa—

Grito en silencio.

¡Abrid!

¿Que queréis de mi?

Si es una broma,

dadme la oportunidad de reír.

Noto como me balanceo,

siento que me elevan del suelo,

dejadme.

¿Dónde me lleváis?

Me suben a un coche,

oigo el ronroneo del motor,

siento el movimiento lento,

los baches del asfalto.

De nuevo el ser elevado del suelo.

¡Ese olor!

A cera caliente, incienso.

Vuelve el murmullo de la gente,

cientos de voces al unísono entonando

una retahíla de incoherentes soniquetes.

Llueve,

oigo como el agua golpea contra la ventana,

me relajo,

su sonido siempre me ha agradado,

¡Huelo a flores!

Una mezcla de sus olores llenan mis fosas nasales.

Margaritas,

gladiolos,

crisantemos,

e incluso helechos,

todos juntos se retraen en mi memoria.

¡Esas voces!

Vuelven los murmullos ahora más altos.

¿Qué dicen?

No, no puede ser cierto.

Debo estar soñando,

quiero despertar.

Vuelvo a sentir ingravidez bajo mi cama.

A pesar de sentir el mullido colchón bajo cuerpo.

Otra vez el rodar de un coche,

Lento, pausado,

como si las prisas se les hubiese acabado.

Se acabó.

¡Abrid la ventana!

Necesito ver la luz del día.

El vehículo para,

siento como mi cama se desliza por una plataforma.

Abren la contraventana

¡Por fin! La luz me inunda de nuevo, el sol me da en la cara calentándome.

No me había dado cuenta del frío que hace,

siento que estoy helado a pesar de estar arropado hasta el cuello.

Veo las caras.

¡Esas caras!

Las conozco todas.

¿Qué hacen?

Desfilando una a una por delante de mi ventana.

¿Qué murmuran entre dientes?

¡Ella!

Esta aquí.

¡Ha vuelto!

Se fue y ha vuelto.

Siento una gran emoción.

Pero no siento el latir de mi corazón.

Debería haberse desbocado.

Como cuando nos conocimos.

Como la primera vez que me beso.

Pero nada,

no siento nada en mi pecho.

Se acerca a la ventana y me da un

beso a través del cristal,

leo en sus labios un ¡Te quiero!

Aún hay esperanzas

de que todo vuelva a ser como antes.

Antes de…

¡Ahora lo recuerdo!

Han vuelto ha cerrar la contraventana.

La oscuridad ha vuelto,

el último rayo de luz se ha desvanecido,

con él.

La esperanza.

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La charca del ahogado. capitulo final


Relato escrito para los 52 golpes 13/52

Aquí os dejo los capítulos anteriores para aquellos/as que estén interesados en leerlos.

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/08/la-charca-del-ahogado-capitulo-1/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/15/la-charca-del-ahogado-capitulo-2/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/23/la-charca-del-ahogado-capitulo-3/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/31/la-charca-del-ahogado-capitulo-4/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/04/08/la-charca-del-ahogado-capitulo-5/

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El día llego mucho antes de lo que el inspector José Luis le hubiera deseado, el cansancio de los días que llevaba investigando empezaba a hacerse visible en su rostro.

Se levanto de la cama y se dio una ducha, alternando el agua caliente, con fría para despertar sus músculos y a la vez que el agarrotamiento se mitigara en lo posible. Bajo a la cafetería a desayunar. Cuando llegó Juan ya estaba esperándole.

Buenos días Juan —le saludo— ¿No ha dormido usted?

Buenos días, no tanto como me hubiera gustado, pero quería pasarme por el cuartel y traerle el expediente de la chica, el de su detención por de trafico de marihuana —le dijo.

Gracias, ¿Le apetece un café?

Si gracias.

Que dice el expediente —le pregunto.

Al parecer el caso lo llevo la comisaría de la policía nacional, de ahí, que no lo encontráramos cuando buscamos sus antecedentes en nuestros archivos, según parece, alguien aviso de que Natalia iba a transportar una gran cantidad de marihuana aquel día.

¿Un chivatazo?

Eso parece, pero no pone el nombre del informador.

Esto corrobora lo que nos han contado los padres hasta ahora, ella no se dedicaba al tráfico, no se explican como la cogieron con esa cantidad —dijo el inspector.

¿Qué piensa sobre ello?

Bueno esto cambia mucho las cosas —mascullo— mande a buscar al o a los amigos de los chicos, ya sabe los que se juntaban en la plaza de Trujillo y que declararon en su día a favor de la chica.

Si señor, ahora mismo llamo, y que unos patrullas los traigan al cuartel.

Bien, mientras vamos a ver si están los informes de la científica, quiero saber si apareció algo en la cuerda, que lo dudo y si la sangre del maletero corresponde con la de los chicos, ah y ver al capitán que ayer al final no volvimos, y no pude hablar con él.

Terminaron de desayunar y se dirigieron directamente al cuartel. El capitán les estaba esperando.

Buenos días, señores —les saludo sin el formalismo se que debiera en estos casos.

Buenos días capitán —contestaron al unísono ambos guardias. Juan se disculpo con la excusa de ir a buscar los informes de lo hallado en el coche.

Perdone. porque que ayer no volviera a verle como quedamos capitán — se disculpo el inspector.

Tranquilo no se preocupe, supongo que estuvo muy liado —le disculpo el oficial.

Sí, la verdad es que fue un día duro.

¿Averiguo algo nuevo? —le pregunto interesado el capitán— la prensa se ha hecho eco de la noticia y no me los puedo quitar de encima.

Bueno señor, tengo algunas conjeturas, pero no quiero adelantar nada hasta estar seguro, ya sabe lo que ocurre cuando sale a la luz una noticia que no esta contrastada, puede hacer mucho daño a la familia. —le dijo el inspector.

El inspector le contó lo que averiguo respecto a los chicos, lo que decía la chica en su defensa y lo que venía en el expediente del caso del los inspectores de la policía nacional que llevaron el caso en su día.

Entonces todo apunta, a que fue una encerrona que le jugaron a la chica —dijo el capitán.

Eso parece, pero algo me dice que hay algo más, que no hemos logrado ver aún.

Juan llamó a la puerta y pidió permiso para entrar, traía el informe y les dijo que los amigos de las victimas acababan de llegar.

Bien inspector, no le entretengo más. Manténgame informado en cuanto pueda.

Si capitán, así lo haré —dijo el inspector saliendo por la puerta.

¿Vamos a hablar con los chicos? —le pregunto Juan.

No, déjelos un rato que piensen, eso les pondrá nerviosos, nos vendrá bien.

Como diga, aquí tiene el informe.

El inspector se dirigió al despacho que le habían habilitado cuando llegó y que apenas si usaba, se sentó en la silla y comenzó a leer, primero el informe que le acababa de traer su compañero y después el que le dio a primera hora. Cuando los hubo leído tranquilamente se levanto y fue a la sala de interrogatorios, al pasar por una sala contigua vio que había tres jóvenes esperando, dos chicos y una chica.

Hizo pasar al primero un chico de veintidós años llamado Tomás, estuvo formulándole preguntas durante casi una hora y cuando vio que ya no iba a sacar nada nuevo le dejo marchar. La chica se llamaba Vanesa tenia veinte años y era la mejor amiga de Natalia.

Siéntate Vanesa, tranquila, solo quiero hacerte unas preguntas, sobre tu amiga Natalia —le dijo el inspector— no te preocupes, que no estas detenida ni nada parecido.

Pero yo no se nada sobre lo que paso con ellos —dijo la chica un poco asustada.

Es posible, pero igual si sabes algo del porque paso, lo que ocurre que aún no sabes, que lo sabes —le dijo el inspector— se que parece un trabalenguas, pero bueno. Empieza a contarme todo lo que sepas sobre lo que paso cuando detuvieron a Natalia con la droga encima.

¿No se, que es lo que quiere que le diga, que no sepa ya?

Lo que tu crees que paso, ¿Porqué Natalia se dedicaba al trafico de marihuana?

Ella no traficaba con nada, si es verdad que se fumaba algún porro que otro alguna vez, pera nada más. Cuando la detuvieron con la maria, fue algo raro, ella no me dijo de quien era, pero que estaba haciendo un favor a alguien.

¿Y no sabes a quien o sospechas de alguien?

No, no se a quién, se lo pregunte muchas veces, pero no me lo dijo. Yo siempre sospeche de Roberto, y se lo dije a ella, siempre lo negó.

Habría alguien que quisiera hacerla daño.

¡A Natalia! No que va, todo el mundo la quería, era un sol de chica.

¿Seguro? Algún antiguo novio, no se, alguien debía de tenerla ganas, sino, no la habrían matado, ¿No crees?

Lo que creo que la han matado injustamente, por hacer daño a su novio o a su padre.

¿A su padre? ¿Por qué a su padre?

Por que no es trigo limpio, todo el pueblo sabe que le gusta mucho la priba y cuando se emborracha pierde los papeles, más de una vez le han calentado por bocas.

¿Y sabes quien querría vengarse de él, como para matar a su hija?

Alguno al que le debiera pasta, yo que sé. Pregúntele a él.

El inspector le hizo una serie de preguntas más y se las repitió varias veces, Vanesa le respondió lo mismo una y otra vez, así que dio por finalizado el interrogatorio y la dejo que se fuera. Solo quedaba una persona por interrogar, por lo que se tomo un respiro y salio del cuartel, le dijo a Juan que no lo necesitaba y se fue caminando hasta un bar cercano, mientras, realizo unas llamadas.

Al cabo de una hora volvió, pidió al chico que quedaba que entrara en la sala y se sentara.

Hola Fran, soy el inspector Donoso, estoy al cargo de la investigación de las muertes de tus amigos, Roberto y Natalia —dijo a modo de presentación— Voy a hacerte unas preguntas y me gustaría que fueras sincero del todo ¿De acuerdo?

Si señor.

Bien. Empecemos. ¿Sabes de alguien que quisiera hacer daño a tus amigos?

No señor,  nadie que yo sepa.

¿Sobre la detención de Natalia? ¿De la marihuana que llevaba encima, que puedes decirme?

Eso, eso fue un marrón que se comió ella sin tener porque.

Explícate.

Pues eso, que se la jugaron, bueno a ella no, quisieron jugársela a Roberto.

¿Y eso? ¿Quién quería jugársela? Alguno a los que le compraba la droga para luego venderla?

No se quién le habrá contado que el pasaba maria, pero no es cierto, eso es un camelo de la gente.

¿Qué quieres decir?

Que si, que es verdad que consumían de vez en cuando, pero como todos nosotros, nos fumamos algún porro que otro en el botellón, o cuando vamos alguna fiesta y eso, pero nada más.

¿Entonces como explicas que la pillaran mis compañeros con toda la maria que llevaba? —pregunto el agente— ¿A alguien se la tuvo que pillar no crees?

No, no lo creo. Ellos no compraban y menos Natalia, es cierto que Roberto cultivaba algunas plantas, pero para consumo propio, le puedo decir donde las tenía, yo las cuido aún, por que me da no se que, dejar que se mueran. Toda la movida que se comió Natalia fue por culpa del colgado del Sergio.

¿Quién es ese tal Sergio?

Ése, ése es un pringao que estaba pillao por Natalia, pero ella pasaba de él, fueron pareja hace mucho, antes de que ella conociera a Roberto, pero cuando lo conoció a él, paso del pringao ese, y se lió con mi amigo.

¿A qué se dedica ese tal Sergio? —le corto el inspector.

A todo lo que puede y nada limpio. Pasa droga, pero no sólo maria, sino todo lo que quiera, pastillas, coca de todo. También he oído que ha dado algún palo que otro en bares y comercios, pero como todos los tontos, siempre tiene suerte y nunca lo pillan.

¿Y que tiene ese Sergio que ver con la detención de Natalia?

Vera, Roberto me contó, que el colgaó de Sergio le había pedido un favor.

¿Qué favor?

Que llevara un paquete por él hasta Miajadas, ya ve unos treinta kilómetros de nada, bueno, pues eso que le llevara el paquete, que le pagaría unos pavos por ello, que él no podía, por no se que historia le contó, mentira, era todo una movida para que pillaran a Roberto con el paquete encima, lo quiso utilizar de chivo.

¿Tú crees?

Fijo que si, estaba pillao de Natalia y se lo quiso quitar de encima para volver ligársela.

Y si es así, como es que no cogieron a Roberto y si a Natalia.

Porque ese día nos pusimos hasta el culo y Ella no le dejo a Roberto que cogiera el coche, bueno, ni  a Roberto, ni a ninguno de nosotros. Quisimos ir nosotros y tomar unas copas en Miajadas, hacía mucho que no íbamos, pero nos pasamos con la priba y la maria. —le dijo el muchacho.

Entonces ella, cogió el paquete y se fue a Miajadas. —le dijo el inspector.

No le dio tiempo a salir del pueblo, la estaban esperando, la nacional, en la gasolinera, conocían hasta la matricula del coche. —dijo muy serio.

¿El de Natalia?

Que va, el de Roberto, ella llevaba el coche de él, si hubiera llevado el suyo no la paran.

¿Eso crees?

No lo creo, estoy convencido, fue un chivatazo del cerdo ese.

¿Y Roberto como se lo tomo?

Pues usted vera, quiso ir a por el mierda ese y darle una buena, por cabrón, pero Natalia no le dejo, le dijo que si le ponía la mano encima lo dejaba.

¿Después de todo lo defendía?

No, a ese cabrón no, lo hacía por Roberto, ella sabía que si le dábamos una paliza nos metían pa dentro y era lo que ella quería evitar, así que se comió el marrón ella sola — explico Fran al inspector.

¿Tú crees que se pueden haber enfrentado el tal Sergio y Roberto, y por eso los han matado?

No, Natalia no hubiera dejado a Roberto, ni que se acercara a ése, es un mal bicho y es mejor tenerlo lejos.

El interrogatorio siguió por espacio de dos horas más en las que el inspector repaso una y otra vez todo lo que estaba diciendo aquel chico. Cuando acabo el interrogatorio, le pidió que le llevara donde cultivaban la marihuana, pero le prometió que no haría nada, que podría seguir cuidándola. Así que llamo a Juan y los tres fueron hasta Trujillo. Las plantas estaban en una casa propiedad de la familia de Roberto. Había material para consumir una buena temporada. Dejaron a Fran en la plaza del pueblo, porque así lo pidió él.

Cuando se quedaron solos los agentes el inspector le dijo a Juan que le llevara a la casa del tal Sergio Romero Sánchez. Quería hablar con él.

Cuando llamaron a la puerta, les abrió un hombre mayor, se presentaron y preguntaron por Sergio. El hombre dijo ser el padre de chico, pero su hijo no se encontraba en casa. Al preguntarle donde podían encontrarle, el hombre no supo decir nada del paradero.

Pero pueden preguntarle a su amigo Alberto, vive en la siguiente calle, dos casas más abajo.

Muy bien gracias. Iremos a preguntar a Alberto, de todas formas si viene dígale que queremos hablar con el —dijo el inspector entregándole una tarjeta.

Los agentes se dirigieron hacía la casa del amigo, dieron enseguida con la casa, al llegar a la puerta, vieron algo que les llamo la atención a ambos. Llamaron al timbre y salió una mujer en bata a abrirlos.

¿Qué quieren? —pregunto muy seca.

Estamos buscando a Alberto, nos han dicho que vive aquí.

No esta, se fue esta mañana temprano con un amigo—dijo la mujer.

¿Sabe donde?

Yo que se, no me dice donde va.

¿Esa motocicleta es suya?

Si, es su moto, ¿por qué?

Entonces fue cuando el inspector sacó la placa y se presento como inspector de la guardia civil.

¿Me permite pasar un momento por favor?

Pase si quiere —dijo la mujer.

Los agentes entraron y el inspector se acerco a examinar de cerca la moto, miro las ruedas y le dijo a Juan.

Llame que vengan a por esta motocicleta y que la examine la científica —se volvió hacía la mujer y le pregunto— ¿De verdad, no tiene idea de donde han ido Alberto y Sergio?

Ya le he dicho que no, se fueron en el coche de Sergio.

El inspector volvió a mirar a Juan.

Que emitan una orden de búsqueda del coche. Que tráfico nos proporcione la matricula y el modelo —volvió a mirar a la mujer y le pregunto— ¿Sabe el número de teléfono de Alberto?

Sí, lo tengo grabado en mi móvil.

Me lo da por favor.

Voy a buscarlo, lo tengo dentro —dijo la mujer solicita.

Si no le importa Juan, acompañe a la señora a por su teléfono —le pidió el inspector a su compañero, mas que nada para evitar que pudiera llamar al chico y que le dijera que estaban allí.

Claro inspector. Vamos por favor la acompaño.

Mientras el inspector llamo al capitán y le puso al día de todo. Le pidió que lanzara la orden de búsqueda del vehículo a todas las patrullas de tráfico. En ese momento llego Juan con el número de Alberto. Se lo paso al capitán para que triangularan la señal y poder acotar la zona de búsqueda de Alberto y de Sergio. Ambos guardias esperaron hasta que unos compañeros llegaron junto a una grúa a recoger la motocicleta. El inspector les ordeno que se quedaran en la casa y llamó a otro coche para que se apostaran en la casa de Sergio por si volvían antes de que los localizaran. Cuando vieron que todo estaba en orden, los dos agentes se marcharon de vuelta al cuartel, con la esperanza de que no tardarían en descubrir el paradero de ambos.

Mientras se dirigían de vuelta, una patrulla dio el aviso de que el vehículo que buscaban acababa de ser visto en Navalmoral, saliendo hacia la A5, dirección Badajoz. El inspector ordeno que los interceptaran y que llevaran a los ocupantes al cuartel de Serradilla para interrogarles.

Al cabo de medía hora los sospechosos fueron interceptados cerca de Trujillo y trasladados a las dependencias de Serradilla, donde el inspector ya los esperaba. Éste pidió al capitán que interrogara a Alberto, a la vez que él hacía lo mismo con Sergio. Para ello le indico al oficial que era lo que quería saber del chico.

El inspector entro en la sala en la que Sergio estaba sentado, se le notaba nervioso, cualquiera diría que era normal, que una persona que se encuentra de repente en una sala de interrogatorios este nervioso.

Hola Sergio, soy el inspector Donoso —dijo a modo de presentación— Supongo que ya te han leído tus derechos ¿Verdad?

Si señor.

¿Sabes porque estás aquí?

Pues por que nos han parado los civiles, a mi y a Alberto. en mitad de la autovía y nos han metido en un coche patrulla.

Sí, supongo que eso es así, ¿Pero realmente saber por que han hecho eso mis compañeros?

Pues no, no tengo ni la menor idea.

Bueno pues yo te lo voy a decir, y desmiénteme si no es cierto —le dijo— Supongo que te has enterado de los asesinatos que ha habido en la charca del ahogado.

Si claro, quien no se ha enterado de ello.

Si, es cierto, sobre todo tú ¿verdad?

Que quiere decir —dijo el chico a la defensiva.

Nada, que Natalia fue tu novia un tiempo ¿No? Así que es lógico que te enteraras que tu ex fue asesinada.

¿Y que tiene que ver eso? De eso ya hace mucho.

Es verdad. También debes de recordar cuando Natalia fue arrestada por tráfico de drogas ¿No?

Si claro, quién le mando a ella dedicarse ha hacer recados a su novio, mientras el se colocaba —dijo Sergio en todo despectivo.

Ahí es donde quería llegar —dijo el inspector— ¿Sabes que nadie dijo que Natalia se ofreció a llevar el paquete por Roberto, porque estaba colocado?

No hacía falta que nadie lo dijera, lo sabía todo el pueblo —se defendió

Y como podía saberlo, si ella nunca dijo nada, ni siquiera a sus padres. Trago con todo por no decir a nadie que fuiste tú el que pidió a Roberto que llevara el paquete, que tú diste el chivatazo para que detuvieran a Roberto, que fuiste tu el que dio la matricula a mis compañeros de la nacional, creyendo que seria el Roberto el que llevaría el coche —comenzó a decirle el inspector, cada vez más alto.

Eso es mentira.

Ahora dime — le dijo el guardia mirándole a los ojos— ¿Por qué los mataste? Si todavía querías a Natalia.

Yo no los maté —dijo Sergio acalorado.

Tú los mataste, no se porque, pero sí, lo hiciste —le acusó el inspector— y ahora esta tu amigo Alberto confesándolo todo en la otra sala, él fue el que te recogió con su motocicleta, lo llamaste después de matarlos y le dijiste que te recogiera en la charca, porque llevaste hasta allí el coche de Roberto y lo hundiste en el fondo de la charca, y no tenias como volver.

Eso no es cierto —se defendió otra vez el chico.

Tú los mataste, sabemos que estabas en la charca el día de autos, tú móvil te sitúa allí, hemos comprobado tus llamadas a Alberto de ese día, y la señal del repetidor de la zona recogió la llamada a tu amigo. Lo que no logro entender es porque los has matado. Aclárame las dudas.

Yo quería a Natalia, no la haría daño.

Tú la querías y lo que querías era apartarla de Roberto, por eso quisiste colarle lo del paquete, para que lo detuvieran y quitarlo de en medio y que quedarte el camino libre para volver con ella.

Sí —grito Sergio con rabia— quería que él se comiera el marrón, era un imbecil, un gilipollas que no la merecía, pero no se que veía en él.

¿Y por eso lo mataste a los dos ¿Por celos?

Yo no quería matarles, pero ese mierda se río de mi, en mi cara, me escupió que ella le quería a él, que nunca se iría con alguien como yo, bueno sus palabras fueron, Natalia jamás se ira con una mierda que hizo que la trincaran, todo por querer joderme a mi, la jodiste a ella, se comió un marrón que no le pertenecía y encima tuvo los cojones de no delatarte, y todo porque un día sintió algo por ti —confeso Sergio con lágrimas en los ojos.

¿Y ella que hacía mientras tanto?

Ella nos miraba, no decía nada —dijo— luego, él me llamo amargado, dijo que era un desgraciado, carne de cañón, que algún día me encontrarían tirado en una cuneta.

¿Qué paso después? —le insto el agente.

Le dije que si iba a ser él, el que me dejara en la cuneta tirado, que no tenía los cojones suficientes, entonces fue ella, la que le animo a que me pegara —contó— le dijo, enséñale cariño quien eres, se lo merece por lo que quiso hacernos, déjale claro que pase de nosotros de una puta vez. Y el envalentonado, bien por las palabras de ella, o bien por que iba fumado, se me hecho encima.

¿Y?

Yo tenía las manos en el bolsillo, mi navaja estaba en el derecho la saque, se la clave una o dos veces en las tripas. Natalia, al verle sangrar se abalanzo sobre mi, yo no quería, pero se la clave en el pecho y en las costillas, cuanto más se la clavaba más me insultaba y se reía. Hasta que dejo de reír y de hablar, se quedo muda en el suelo, entonces él que estaba apoyado en el coche, empezó a llorar, a decir, la has matado cabrón, la has matado. Voy a ir a por ti, te lo juro por ella, voy a acabar contigo. Fue cuando le rebane el cuello, no podía seguir oyéndolo — acabo por derrumbarse del todo.

Sergio le confeso al inspector que su intención era tirar los cuerpos en el salto del gitano, que allí los buitres darían cuenta de ellos, pero sabía que iban muchos turistas a fotografiar el paisaje y las aves, que algunos tenían unos objetivos tan potentes que verían los cuerpos enseguida, así que opto por la charca. El inspector quiso saber porque no dejo los cuerpos en el maletero y los hundió en el agua como hizo con el coche, el asesino le dijo, que si dejaba los cuerpos a los carroñeros, en muy poco tiempo darían cuenta de ellos y no dejarían ni los huesos, mientras que si los dejaba en el coche, tarde o temprano aparecerían, la charca en verano baja mucho de volumen y el coche podría quedar al descubierto o verse desde la altura, bajo el agua, y no quería correr ese riesgo. Con lo que no conté, es que justo ese día el guarda pasaría por allí por casualidad, antes de que los animales acabaran su trabajo.

El inspector le dijo.

Sergio Romero Sánchez, queda detenido. Se le acusa de ser el autor material de la muerte de Natalia González Fresno y Roberto López Vergara: Tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga podrá ser usado en un tribunal, tiene derecho a un abogado, si no puede pagar uno, se le asignara uno de oficio ¿Ha entendido sus derechos?

El chico abatido asintió con la cabeza.

Diga, si. ¿Ha entendido sus derechos?

Sí, los he entendido.

Bien, ahora redactaran tu declaración y te la traerán para que la leas y si estas conforme la firmas, si no es así, volverás contar todo lo que me has dicho y será redactado por un escribiente —le dijo el inspector levantándose para salir de la sala.

El capitán salió del cuarto de al lado, había estado viéndolo y escuchándolo todo a través del espejo.

Buen trabajo inspector —le felicito

Gracias capitán, ¿Y el otro que ha dicho?

Que no supo nada, hasta que no llego a la charca a recogerlo, lo monto en la motocicleta y se fueron, que le pregunto y par de veces a su amigo que había pasado, y este le dijo que cuanto menos supiera mejor para los dos. Que se entero por las noticias y el revuelo que se armo en el pueblo por las muertes, pero que le dio miedo acusar a Sergio, entre otras cosas por que realmente tampoco sabia si había sido él o no. Así que se le acusara de encubrimiento, pero no creo que pase mucho en la cárcel.

Bueno capitán, prepararé el informe y volveré a Madrid, me esta esperando otro caso allí. Aquí ya pueden seguir ustedes con la instrucción de este caso.

Sí, como quiera Inspector, pero quiero que sepa, que ha sido un placer trabajar con usted.

Gracias capitán, lo mismo le digo —le contesto el inspector dándose la mano— ha sido un placer.

El inspector Donoso termino de ultimar los informes, llamo a Juan y se los dio para que fuera el en encargado de entregárselos al capitán. Los dos agentes se despidieron con un abrazo y un apretón de manos.

Hasta siempre Juan —se despidió el inspector.

Hasta pronto inspector —contesto el guardia— ha sido un honor ser su compañero estos días.

Gracias Juan, si necesitas cualquier cosa ya sabes mi número.

Si señor.

El inspector monto en el coche que habían enviado a recogerle y volvió a la capital a continuar con su labor, mientras pensaba que mientras hubiera personas como Sergio, siempre tendría trabajo.

Nota del autor: Este relato nació en su comienzo con el título “Los buitres”. Posteriormente se convirtió en la charca del ahogado. Quiero recalcar que todo los lugares y localidades que se mencionan en esta historia son reales todos pertenecen al parque Nacional de Mofragüe, la charca, Villareal de San Carlos, el salto del gitano, Serradilla, Trujillo. Las imágenes que han ido acompañando a los distintos capítulos, pertenecen a los lugares que se mencionan en la historia y todas han sido realizadas por mi persona.

Muchas gracias por la paciencia que habéis tenido con esta historia, Para mi, con que haya gustado a uno/a solo/a de vosotros/as me doy por satisfecho.

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La charca del ahogado. capitulo 5


Relato escrito para los 52 golpes 12/52 Aquí os dejo los capítulos anteriores para aquellos/as que estén interesados en leerlos.

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/08/la-charca-del-ahogado-capitulo-1/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/15/la-charca-del-ahogado-capitulo-2/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/23/la-charca-del-ahogado-capitulo-3/

https://antoncaes.wordpress.com/2018/03/31/la-charca-del-ahogado-capitulo-4/

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El inspector y Juan llegaron a casa del difunto Roberto López, al llegar vieron un coche patrulla en la puerta, saludaron a los compañeros y llamaron al timbre. Abrió un hombre de unos cincuenta o sesenta años.

  • Sr. López? —pregunto
  • Sí, quien es usted —contesto el padre el difunto con un hilo de voz.
  • Soy el Inspector Donoso —se presento— le acompaño en el sentimiento. Estoy a cargo de la investigación de los asesinatos de su hijo y la señorita Natalia. Se que no es el mejor momento, pero quisiera hacerle unas preguntas que quizás puedan arrojar algo de luz a la investigación, si no le importa.
  • Importarme me importa, claro que me importa, han matado a mi hijo y a su novia, no se porqué, llevó todo el día respondiendo las mismas preguntas a los policías que vienen una y otra vez, ustedes son los cuartos o los quintos que vienen a hacerme unas preguntas para lo cual no tengo respuesta. Y todavía me dice que si no me importa. Pues si que me importa, pero quiero que cojan a quien haya asesinado a mis hijos de una forma tan cruel y los metan en la cárcel para el resto de sus vidas.
  • Le comprendo Sr López, se muy bien por lo que esta pasando y entiendo como se siente —le dijo el inspector.
  • No, no lo entiende, cree entenderlo, pero le aseguro que no es así. Es usted padre.
  • No señor.
  • Ve como no lo puede entender, y menos saber por lo que estamos pasando, si alguna vez tiene un hijo y lo pierde, Dios no lo quiera, entonces será cuando comprenda por lo que se pasa. Ojala no tenga que hacerlo nunca —le dijo muy compungido el padre— pasen ustedes, llámeme Mario por favor
  • Gracias Sr Mario. No le quitaremos mucho tiempo.
  • Ya me han quitado lo más importante de mi vida, el tiempo ya me da igual.

 

Entraron en casa de la familia del finado y pasaron al salón donde la madre de Roberto, vestida de negro riguroso lloraba desconsolada, junto a ella había amigos y vecinos de la familia.

Esperaban a que el juez les diera permiso para poder trasladar los cuerpos al tanatorio y allí velar a los chicos y su posterior entierro. Mario les llevo a una sala más pequeña en la que no había nadie, donde podrían hablar más tranquilos.

 

  • Siéntense donde gusten —les dijo.
  • Gracias, no tardaremos mucho —le dijo el inspector— ¿Sabría decirme si su hijo tenía algún enemigo?
  • Se que mi hijo no era un santo, que había tenido sus mas y sus menos con la justicia, pero no era mala persona, no para que lo mataran al menos —contesto.
  • ¿Podría darme una lista de los amigos que usted conozca?
  • Él era muy conocido en el pueblo, puede preguntar a quien quiera, nunca hizo daño a nadie, si que es cierto que tonteaba con las drogas, pero nunca tuvo que robar o maltratar a nadie, cualquiera de los que lo conocían se lo podrá decir, le daré los nombres y los teléfonos de los amigos.
  • ¿Y de Natalia? ¿Qué me puede decir?
  • Poca cosa. Quería mucho a mi hijo, llevaban juntos unos cinco o seis años, pero se conocían desde el colegio. Ella estuvo un tiempo en la cárcel por drogas, la cogieron con una cantidad algo más grande de lo que se podía declarar como consumo propio, o al menos eso nos contaron. Pero vaya usted a saber para que era. Todo el mundo decía que la droga era de mi hijo y que la obligaba a ella a pasarla, pero no es cierto, mi hijo juraba y perjuraba que esa droga no era suya. Y por más que le pregunto a ella, nunca le dijo de quien era, al menos que yo sepa. ¿Cree usted que eso tendrá que ver es sus muertes? —le pregunto el padre visiblemente preocupado.
  • No sabría decirle, pero para eso estoy aquí, para averiguar quien y porqué los han matado.
  • ¿Esta seguro que cogerán a quien lo ha hecho?
  • En ello estamos trabajando y podré todo mi empeño en que así sea.
  • Gracias inspector. ¿Me mantendrá informado?
  • Puede estar tranquilo en ese aspecto que le informare de todo lo que me sea posible, siempre que no perjudique a la investigación —le dijo con toda tranquilidad— ahora le dejamos, tenemos que ver a los padres de la chica.
  • Lo entiendo, gracias de nuevo inspector.
  • De nada, como ya le he dicho antes, mis mas sinceras condolencias para usted y su familia, se que no es un trago fácil.

 

Le fue diciendo a la vez que ambos agentes y el padre del chico salían hacía la calle de nuevo, una vez en la puerta el inspector estrecho la mano al hombre y se dirigieron al coche, a la vez que saludaban con un gesto de cabeza a los compañeros que seguían en su puesto, dentro del vehículo policial.

  • ¿Y ahora?— pregunto Juan.
  • Ahora vamos a hablar con los padres de la chica —dijo el inspector.
  • Bien, como diga.

Los dos agentes se montaron en el coche y se dirigieron a casa de Natalia, estuvieron hablando con los padres, pero al igual que los de Roberto, poco pudieron aportar sobre la vida que llevaba su hija fuera de casa, era, según sus padres, una buena chica que quería a su novio. Cuando les preguntaron sobre todo lo ocurrido con los comentarios referente al trafico de drogas, lo desmintieron rotundamente, sabían que su hija fumaba marihuana, pero jamás había traficado y mucho menos que Roberto la usara para ello. Creían que era un bulo que alguien había hecho correr para manchar la reputación de su hija.

Al cabo de una hora se despidieron de los padres, y al igual que a los del chico, les aseguro que harían todo lo posible por encontrar al culpable o los culpables de su muerta. Al montarse en el coche le dijo a Juan que le llevara al hotel, que por hoy ya estaba bien, necesitaban descansar, pero antes de irse a casa le pidió.

 

  • Hágame el favor, averigüe quien llevo el caso de la chica, y que nos envíen una copia. Haber si para mañana por la mañana lo tenemos encima de la mesa.
  • Si señor, ahora hago las averiguaciones oportunas.
  • Gracias Juan.

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