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Como matar a un editor


Este texto está escrito bajo las pautas de True Crime para el Taller de Escritura j re crivello

Desenlace…

Debería dejar de trabajar con él o con la editorial, pero no puedo perder la única fuente de ingresos que tengo, si los abandono, pierdo los derechos de mis libros y necesito ese dinero, claro que por otro lado también puedo… Es una locura y me arriesgo mucho con solo pensarlo, pero soy escritor y muy bueno por lo que dicen las críticas, ¿Así que porque no? Como dijo alguien, la vida es un riesgo que hay que aprender a vivir.

Cuando Tom salió del restaurante su cara era otra, un rictus de determinación cruzaba su rostro, parecía como si la cena le hubiera cambiado por completo haciéndole un hombre nuevo. Volvió a casa y se sirvió un whisky con hielo y se sentó a escribir, las palabras surgían de su mente a través de sus dedos como corrientes eléctricas, termino otros dos capítulos y los releyó tranquilamente, vio que lo que había escrito era un plan fantástico para llevar a cabo y satisfecho con ello se acostó cerca ya del amanecer.

Se levanto a media mañana, estaba satisfecho de la decisión que había tomado, así que después de asearse y tomar un café como cada día cogió el coche y condujo más de doscientos kilómetros hasta otra ciudad donde comprar lo que necesitaba para urgir su plan. Llego cerca de la tres de la tarde, así que le tocaba esperar a que las tiendas abrieran por lo que decidió comer en un bar en el que el menú que tenía en la puerta le llamo la atención, comió tranquilo, dándole vueltas una y otra vez a su plan, no quería que nada saliera mal.

Cuando termino de comer pagó la cuenta y salió de aquel bar hacia una tienda de caza y pesca por la cual había pasado al llegar, todavía se encontraba cerrada por lo que se dio una vuelta mirando escaparates, encontró un supermercado abierto y entró a comprar algo de comida y algunas cosas que iba recordando le hacían falta en la despensa, café, agua, algún dulce, algo de carne y unas latas de conservas, lo llevo todo al coche y volvió a la tienda de caza y pesca que ya debería haber abierto, así fue, entro y estuvo mirando, se le acerco el dependiente y entablaron un pequeña conversación mientras el empleado le fue sacando los artículos que más se adecuaban a sus necesidades, salió satisfecho de la compra que había realizado y así poder llevar a cabo sus planes.

Tomo rumbo de nuevo a casa y como se encontraba algo cansado se tumbo en el sofá a ver un rato la televisión, al cabo de unos minutos se quedó dormido.  Se despertó a las dos de la madrugada, se levantó y se preparo un café, —algo quizás raro en una persona normal, pero en un escritor no es nada raro, ellos no tienen horario, éste se lo marcan las letras, la mente y las ideas, las ganas de plasmar esos pensamientos del poeta, la trama de la historia del novelista. Son horarios raros para las personas normales, son horarios simplemente para los artistas—. Después del café se sentó a escribir, tenía las ideas claras, sabía lo que debía hacer y lo haría, ahora se centro en su novela y empezó a teclear.

Al venir el día llamó a la editorial sabía que a esas horas ya encontraría allí a Leo, eran las siete y media, haría media hora que habría llegado a su oficina, es lo que tiene ser un animal de costumbre, enseguida te siguen el rastro.

—Hola Tom, ¿Me llamas para decirme que ya tienes acabada la novela? —le dijo Leo sin más preámbulos.

—No Leo, aún no la tengo acabada, pero ya me falta poco.

—¿Entonces?

—Te llamó para invitarte a comer hoy y así podemos hablar sobre la novela, tengo unas cosas que comentarte sobre el tema.

—¡A comer! ¿Tú y yo? Bueno vale, ¿Dónde quedamos?

—En mi casa, así no tendremos interrupciones y hablaremos más tranquilos.

—Bien, como quieras, ¿A las tres esta bien?

—Si, es una buena hora. Nos vemos a las tres entonces. Hasta luego Leo.

Colgó y salió al jardín a fumarse un cigarro, no era algo que hiciera a menudo pero cuando se sentía tenso le apetecía fumar, sabía que no le relajaba, pero le hacía sentir mejor aunque fuera mentalmente.

Dispuso todo lo necesario para un almuerzo con Leo lo tenía todo planeado minuciosamente, nada podía salir mal, se jugaba mucho con aquella jugada valga la redundancia, preparo la mesa y puso una botella de vino a refrescar para que tuviera la temperatura adecuada para sacarle todo su boque, la empresa de comidas llego a la hora convenida con todo lo pedido para aquella comida, el camarero del catering preparo los platos y abrió el vino para que se fuera oxigenando. Leo llego puntual, se estrecharon la mano y Tom le invito a entrar, el camarero los sirvió una copa de vino y se sentaron en el sofá donde hablaron de cosas intrascendentes antes de sentarse a comer. Cuando el camarero les indico que todo estaba listo se sentaron a la mesa y empezaron a comer, comenzaron con unos entrantes, endivias con anchoas y salsa agridulce, unos canapés de salmón y un salteado de setas de temporada como primer plato, medallones de solomillo de ternera en salsa de vino al oporto acompañados con una guarnición de verduras a la brasa, todo ello regado con vino blanco los entrantes y el primer plato y vino tinto el segundo con un brownie de chocolate de postre y para culminar con una digestiva copa de licor de naranja y un café expreso.

Habiendo terminado la comida, Leo, se deshacía en elogios hacía su anfitrión, hacía mucho que no comía de una forma tan frugal y tan agradable como ese día, estaban hablando del libro y de sus avances cuando Leo empezó a sentirse acalorado, al principio pensó que sería la comida que empezaba a cocer en su estomago y hacía que las calorías se le subieran por el cuerpo, pero enseguida se puso rojo y unas erupciones comenzaron a salirle por el cuerpo, Tom aviso al camarero para que le ayudara a llevarlo a la cama mientras llegaba la ambulancia que había sido avisada por Tom. Cuando llegaron los facultativos y vieron el estado del editor lo montaron en una camilla y lo trasladaron de forma urgente al hospital. Aunque no consiguió llegar al centro, de camino sufrió un paro cardiaco a consecuencia de un shock anafiláctico por el consumo de almendras. Leo era muy alérgico a los frutos secos, algo que muy pocos sabían debido al carácter que tenía, era introvertido de pocos amigos por lo que solo unos cuantos sabían de su alergia así como de cualquier otro asunto de índole personal.

Tom quedo exonerado del fallecimiento de su editor ya que todos los indicios llevaban a pensar que había sido un desgraciado accidente provocado por la falta de información por parte del anfitrión de la sobremesa, al menos fue lo que declaro la policía en su informe que trasmitió al juzgado.

Todo lleva a pensar que fue un accidente ¿O no? Quien sabe lo que pudo pasar y de hecho pasó, como de una conversación intrascendente entre dos compañeros de  trabajo de la editorial, una noche de fiesta, pasados de copas, podía dar con la llave para abrir una puerta cerrada a cal y canto.

Tom asistió al entierro de su editor aunque no derramó una lágrima, su cara era un cuadro del que no se sabía lo que quería significar, ¿Dolor?¿Pena?¿Resignación?¿O regocijo? Todo en uno o uno en todos. 

Publicado originalmente en https://masticadoresamerica.wordpress.com/

Actividad 4Taller de Escritura j re crivelloTrue Crimen / Serie negra / Barcelona

Como matar a un editor


Este texto está escrito bajo las pautas de True Crime para el Taller de Escritura j re crivello

Cuando llegó el forense se encontró con el cuadro, no entendía como podían haber cometido aquella atrocidad. El cuerpo de aquel hombre, o lo que quedaba de él, parecía sacado de una película de Hitchcock, echo un vistazo por encima y vio que le faltaba el dedo meñique de la mano derecha, no se veía por ningún lado a pesar de que el cuchillo con el que se lo habían amputado estaba encima de la mesa con restos de sangre. El resto del cuerpo tenía múltiples puñaladas, se habían ensañado con él como si su asesino tuviera algo personal en su contra.

El teléfono sonó de repente y sobresalto a Tom, siempre se concentraba cuando escribía que se desconectaba del mundo y se embutía en las historias hasta confundirlas con la realidad. Cogió el móvil sin mirar la pantalla.

—¿Sí?  —Pregunto.

—Tom, soy Leo, ¿Como va el trabajo? Se nos echa el tiempo encima y tenemos que publicarlo ya mismo.

—Hasta que ha sonado el teléfono iba bien, pero como siempre tienes que ser tan oportuno, ya sé que tengo que acabar la novela, me lo recuerdas todos los días y me tienes un poco cansado con tanto agobio, si no me dejas trabajar difícilmente podré acabar a tiempo —le contestó Tom malhumorado.

—Vale capto la indirecta, te dejo tranquilo para que sigas trabajando.

—Gracias Leo, ahora que ya me has distraído y he perdido el ritmo, no vuelvas a llamarme, cuando lo tenga listo te lo diré.  —le dijo Tom colgando.

Tom se levanto de la silla cansado, llevaba con aquella historia más tiempo de lo que hubiera creído y aquello le sacaba de sus casillas, máxime cuando tenia a Leo su editor detrás suyo metiéndole prisa para que le entregara el borrador de aquella segunda parte de la novela; Se fue a la cocina a prepararse una taza de café y salir fuera al jardín a tomárselo, le vendría bien aquel internodo para reflexionar sobre lo escrito y como podía continuar la trama que hasta aquel momento parecía ir sobre ruedas hasta que Leo —cabeceó de un lado a otro tratando de apartar aquél pensamiento que empezaba a frustrarle—. Salió y pareció que ver el sol y las plantas del jardín sosegaba un poco su mente. Se sentó en el sillón del jardín, cerró los ojos y se dejo llevar, escuchaba el viento, el canto de los pájaros, parecía que el sueño iba a hacer mella, cuando la voz de Leo volvió a golpearle bruscamente en la mente. —Vamos Tom deja de dormir y ponte a escribir, tenemos que prepararlo todo para la presentación y no puedes permitirte el lujo de dormir ahora, venga muévete—.

Se levanto del sillón, entró de nuevo en casa, pero sabía que no podía ponerse delante de la pantalla del procesador de textos porque no estaba de ánimos así que decidió darse una ducha y salir a comer algo, se acordó de aquel restaurante donde estuvo hacía unas semanas que preparaban unas tapas exquisitas y que le habían tratado muy bien, así que sin pensarlo mucho se metió en la ducha, luego se vistió y cogió el coche para ir al centro, aparcó en el parking del centro comercial y empezó a caminar por las calles de la ciudad, que dadas las fechas que eran, estaban llenas de gente haciendo las compras para las navidades que estaban ya cerca. Él no necesitaba hacer grandes compras, estaba solo como todos los años desde que se divorció de su mujer hacía ya seis años, desde entonces no precisaba hacer grandes desembolsos en estas fechas, eran unos días más del calendario que tachar. Los primeros años le invitaron a pasar las fiestas, primero en casa de su hermano un año, al siguiente en casa de su hijo y su nuera, pero ellos eran jóvenes y no quiso volver para no destrozarles los planes que preparaban con sus amigos, así que desde entonces declinaba toda invitación y las pasaba en casa solo como cada día, un año probo a ir a una cena de navidad para singles, pero aquello no cuajo, los que iban no querían nada más que encontrar una pareja para darse un revolcón esa noche y si había posibilidades alguna noche más, pero el no quería eso, no lo necesitaba, solo quería pasar una noche en compañía de gente, hablar, tomar unos tragos y disfrutar del momento.

Casi cuatro años hacía desde que publico su primera novela de misterio, le sorprendió la acogida que tuvo. El misterio de la puerta gris, era el título de aquella novela que todavía no recuerda bien cómo y porqué le puso aquel título ya que poco tenía que ver con la trama, pero por avatares de la vida fue un éxito de ventas y una editorial se pudo en contacto con él, quería publicar la novela a nivel nacional e incluso traducirla al Ingles, aquello le cogió por sorpresa y después de pensarlo firmó un contrato con la editorial, fue cuando llegó a su vida la presión, las prisas y Leo, su editor que era como una avispa en los “webos”, todo el día presionando para que escribiera una y otra y otra novela, como si aquello fueran coches que se hacen en serie, en una línea de montaje, trató de anular el contrato con la editorial, pero como en todo contrato, jamás se lee la letra pequeña y si lo incumplía tenía que pagar una fortuna de indemnización aparte de que perdía los derechos sobre las novelas publicadas con la editorial. A veces lo pensaba, no estaba tan mal trabajar con una editorial de no ser Leo… Había hablado con la dirección de la misma, había pedido a otro editor que le supervisara y le dirigiera en el trabajo, si, la gente se cree que un editor solo está para publicar los proyectos de los escritores, ojala, su función es más enrevesada que eso es …¡Umm! Digamos, el malo de la película dentro de mundo de la edición, están los diseñadores de portadas, los correctores, etc y por encima de todos los que meten prisa con las publicaciones, los que meten el tijeretazo a los borradores, —esto no llama, esto no pega, aquí deberíamos poner este capítulo, éste muerto no debe de morir aún— con ellos siempre hay pegas y contras, nunca pros. Y luego esta Leo, Leo es la almorrana de los escritores, dolorosa, sangrante y maloliente, algo así como una fístula con patas y poco cerebro.

Así que ¿Porqué no?¿Qué podía perder el mundo con un editor menos? Nada, esa es la única y mejor respuesta, a tan lógicas preguntas, ¡Nada! Sí, nada, un hombre sin más familia que su gato, sin más afición que su trabajo, sin más amigos que él mismo. Todo dicho por él. Algo que me confesó cuando nos conocimos y pensé que era normal, un hombre agobiado por su trabajo, pero no, vive y respira para su trabajo, jodernos y hacernos la vida imposible a los demás por una edición más, por una publicación más de éxito.

Estos, pensamientos me están volviendo loco, así que cabeceo, miro a ambos lados para ver si alguien me mira con cara de … Este es otro majara de este mundo, al ver que nadie me mira, entro en el bar a cenar y comer algunos de los pinchos que me gustaron tiempo atrás u otros nuevos, porqué no probar cosas nuevas.

Debo poner remedio ¿o tal vez fin? No lo sé  quizás sea todo fuente de mi imaginación y de la presión  a la que me veo sometido ¿O no? Muchas dudas y pocas respuestas o soluciones.

Continuara…

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Viaje Onírico


Relato escrito para Fleming Lab, ejercicio para del curso de escritura masticadores de letras. 

Cuando desperté, me encontraba entre las raíces de un inmenso árbol, los troncos eran tan anchos como yo, y su longitud incalculable, visible había unos cinco metros y se introducía en la tierra a la vez que se iba afinando su diámetro, levanté la cabeza por encima de aquellas raíces y mire a derecha e izquierda, solo había árboles iguales al que me acogía a sus pies, unas plantas trepadoras subían por los troncos buscando la luz del sol que debía hallarse quince o veinte metros por encima de las copas.

La humedad que había en el ambiente era pegajosa, la claridad era escasa, apenas penetraba entre el follaje, me levante despacio, me dolía todo el cuerpo y no sabía si tenia algo roto, con cuidado me palpe en aquellas zonas donde el dolor era más intenso, moví las piernas, los pies, los dedos. Parecía que todo estaba bien, nada roto, ninguna herida, alguna pequeña contusión sin más consecuencias. Una vez de pie, cogí una rama a modo de bastón, empecé a caminar despacio en dirección sur, había aprendido a orientarme por medio del sol o en este caso ya que no podía ver el sol por las copas de los árboles.

Examinando los troncos, vi que la humedad hacía crecer verdín en el lado norte del tronco al igual que el musgo crece en los lugares más sombríos en el hemisferio norte del planeta.

Lo que me hacia creer que estaría en algún lugar del hemisferio sur, ¿Pero como había llegado hasta aquí? Camine lo que me pareció varias horas, pero el paisaje no había variado un ápice, algo que me llamo la atención al poco de comenzar a andar, fue no oír ni el canto de un pájaro, ni el graznido o chillido de animal alguno. Siempre había oído que las selvas son un cúmulo de sonidos.

Seguí avanzando y ya debería de haber pasado varias horas, pero la luz no variaba, el sol parecía que no se había movido desde que abrí los ojos en este lugar.

El cansancio me podía y me senté un rato, tenía hambre y sed, aún así me quede dormido.

Abrí los ojos despacio, me encontraba aturdido, algo había cambiado, era de noche, estaba oprimido, como si no me hubiera movido durante el tiempo que he estado dormido y hubiera quedado entallado entre las raíces del árbol en el que me había tumbado agotado.

La oscuridad lo abarcaba todo, levante la vista hacía el cielo, pero la negrura era total, intente moverme y no podía, estaba inmovilizado por algo que impedía realizar cualquier desplazamiento, poco a poco la vista se fue acostumbrando a aquella oscuridad total y comencé a vislumbrar algo a mi alrededor más cercano, baje la vista hacía mi cuerpo y vi que algo me tenía amarrado, era como un fino hilo de seda, como si una araña gigante me hubiera envuelto en su tela para preservarme, ¡Para Dios sabe que! Como pude empecé a mover la mano izquierda y pude meterla en mi bolsillo del pantalón, en el cual llevaba un encendedor, lo saque despacio y lo encendí a riesgo de quemarme, pero no, en cuanto el hilo noto el calor se encogió, por lo que pude sacar la mitad del brazo, como pude, siempre para no quemarme, fui prendiendo a lo largo de mi cuerpo hasta liberarme de aquel capullo de seda, una vez libre, levante la mano con el mechero encendido, recordé algo que siempre me había dicho mi abuelo, cuando era niño,

— Hijo, uno siempre debe de llevar encima, un mechero, una navaja y una cuerda.   —¿Por qué abuelo? “Porque nunca sabes cuando las vas a necesitar” —fue su respuesta. Aquello se me quedo grabado y siempre llevo un mechero de gasolina y mi navaja, la cuerda la llevo en la mochila, pero no siempre va conmigo. Ahora agradecía las enseñanzas de mi abuelo.  La llama del encendedor ilumino gran parte de lugar, había más de una veintena de capullos por toda la gruta. Sin pensármelo dos veces, busque por donde poder salir de allí, me desplace a lo largo de las paredes de la cueva, hasta que en uno de los puntos, no sabría decir cual, había perdido todo el sentido de la orientación, note un poco de aire que venia de más adelante, así que con una mano en la pared fui avanzando en aquella dirección, pasado una eternidad salí a la luz del día en un pequeño claro, la gruta en la cual había estado, se encontraba debajo de una ladera, pensé en subir a la cima y otear desde allí, desde arriba podría ver si había algún rastro de civilización.

Comencé mi ascenso por la ladera, no fue un camino de rosas, pero tampoco lo podría considerar muy complicado, cuando llevaba unos cuantos metros por encima de la entrada de la gruta, algo abajo llamo mi atención, de la boca de la cueva salía una cabeza con múltiples ojos y al menos cuatro patas, me tire al suelo de piedra y me fundí, mas que pegarme a él. Aquella cosa no salió mas de lo que había visto, no se si por miedo a la luz o porque había perdido mi rastro, al momento, se metió dentro de nuevo, me puse de pie y seguí el ascenso con más miedo que prisa, de vez en cuando miraba alrededor pero solo había árboles por todas partes, me recordaban a las secuoyas que había visto en un reportaje y comparados con estos, eran arbustos. Levante la cabeza, vi que quedaba mucho por ascender, así que me arme de valor y paciencia para seguir caminando hacía lo alto de aquella montaña, porque de ladera ya tenía poco, el cielo comenzó a oscurecerse lentamente, la noche se echaba encima y allí no había donde guarecerse, por otro lado solo el pensar en meterme en otra cueva para pasar la noche, hacía que mi cuerpo tuviera espasmos, por el temor a lo que pudiera encontrarse dentro.

Me metí entre dos rocas que encontré un poco más arriba, estaban de tal forma que no cabía nada por arriba, ni por los lados, tan solo por el hueco por el que había pasado yo, y me había costado entrar, tuve que hacerlo de lado y casi me quedo entallado. No quería dormirme por miedo, pero el cansancio y la mente juegan en contra de uno, volví a dormirme.

Cuando desperté me asuste, quise levantarme pero no pude, me encontraba atado con lianas las tenia por todo el cuerpo, me agite, convulsione, grite de rabia, de furor, todo en vano, no pude soltarme.

Una cara se puso en mi ángulo de visión, algo apartado, como si me tuviera miedo, me miraba de reojo mientras se movía de un lado a otro de la estancia donde me encontraba.

  • ¿Quién eres? —pregunte.

Silencio fue lo que encontré a modo de respuesta, aunque debió de oírme, porque me miro durante unos segundos y volvió a lo que fuera que hiciese.

  • Quiero hablar con alguien, con tu jefe o con quien sea que mande aquí — le dije un poco enfurecido.

Volvió a mirarme y se dio la vuelta y salio, no se si me había entendido o no, pero escuche como se abría y se cerraba una puerta de madera. Pasó lardo tiempo hasta que volví a oír aquella puerta, ahora estaba más despejado, mis sentidos estaban más alerta. La primera cara se puso de nuevo a mi altura y una segunda apareció por su derecha. Este último fue el único que me hablo.

  • ¿Como se encuentra? — preguntó.
  • ¿Quién es usted? ¿Dónde estoy? —preguntarle a mi vez.
  • Tranquilo, todo a su tiempo. — me dijo a su vez — Primero dígame como se siente.
  • Como una mosca en una tela de araña —dije.

Aquel comentario me trajo a la memoria el suceso de dos o tres días atrás, aquello me hizo estremecer, la persona que estaba delante al verme me pregunto.

  • ¿Tienes frío? Parece que tienes escalofríos.
  • No, lo que quiero es que me desaten y dejen marcharme.
  • Eso no va ha ser posible, aún no —me dijo.
  • ¿Qué es lo que quieren de mí?
  • Saber lo que hay en tu cabeza.
  • ¿Cómo? Que pretendéis abrirme el cráneo?
  • Si fuese necesario. Pero no creó que lleguemos a tanto. Solo queremos saber que ocurre dentro de tu mente, para entender ciertas cosas. Ahora descansa y después volveremos a hablar.
  • No quiero descansar, quiero salir de aquí y quiero que me suelte ¡Ya!
  • Tranquilícese cuanto más se altere peor será.
  • ¿Que quiere decir, con que peor será?

No contestó, solo miro al otro que seguía a su lado y le hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, esté fue al otro lado de la estancia, y comenzó a moverse de un lado a otro, yo no veía lo que hacía desde mi posición, pero al momento empecé a tener sueño, por más que luchaba por mantenerme despierto más se me cerraban los ojos, hasta que pasados unos minutos….

Debía de estar sumido en un sueño muy profundo, porque oía desde un lugar muy lejano. Sr. Pérez, me oye, Sr. Pérez vuelva, todo esta bien, despierte por favor.

Poco a poco fui abriendo los ojos, había un hombre con una bata blanca, que me miraba con cara de preocupación.

  • ¿Se encuentra usted bien?

Solo pude contestar.

  • ¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?
  • ¿No lo recuerda?
  • ¡Recordar! ¿El qué?
  • Se encuentra en el centro de investigación del sueño, vino hace dos semanas para que le tratásemos las pesadillas que padecía. Le hemos tenido en un sueño inducido químicamente, le hemos monitorizado durante todo este tiempo —me explico el médico— Soy el doctor Gutiérrez, Joan Gutiérrez.

Me miré levantando un poco la cabeza y vi un montón de cables que salían por todos lados hacía unas maquinas que había a los lados de la habitación, más allá en la pared de la derecha, había un cristal que abarcaba todo el perímetro.

El médico dijo: ya tenemos todos los datos para tratar su problema Sr Pérez.

  • ¿Cuál problema? ¿Qué solución?
  • Su problema, es que tiene el poder de viajar a través de los sueños. La solución es que el gobierno quiera potenciar esa habilidad.

Fue todo lo que oí a modo de respuesta antes de volverme a quedar dormido.

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Mara


Mi último trabajo en el curso de escritura de ESCRITORES “INDIES” [FLEMINGLAB]

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Me detuvieron por primera vez con catorce años. Por clavarle una percha de plástico al vigilante de una tienda de ropa, intentaba retener a una amiga, decía que había robado unas prendas de ropa interior. Cuando la percha le penetro en la pierna soltó a Sonia y las dos corrimos como alma que lleva el diablo, yo me reía, no se si de los nervios o de lo que había hecho. Nos perdimos por las calles del centro, ya no podían cogernos, paramos para tomar aíre.

  • Tía eres la caña —me dijo Sonia— ¿como has podido hacer eso?
  • Qué querías, te tenía cogida por el brazo —le dije.
  • Pero si yo no he robado nada —me contesto.
  • ¿Y eso importa?
  • Aunque me registrara no me iba a encontrar nada —dijo ella muy segura.
  • Pero que ilusa eres tía —le dije— ¿Qué crees que quería él, tonta? Sobarte, meterte mano, estos tíos se las gastan así, te llevan al cuartito y primero te soban y cuando ven que no tienes nada, te hacen desnudarte para comprobar que no lo ocultas en alguno de tus agujeros.
  • Anda ya Mara, que has visto muchas pelis —me dijo con cara de incrédula.
  • ¿Tú crees? Pues la próxima vez dejo que te lleve al cuarto y lo compruebas por ti misma —la dije muy sería— Me voy para casa que por hoy basta de emociones

Cuando llegue a casa había dos polis esperándome en el salón con mis padres, me habían cogido las cámaras de seguridad de la tienda. Entre como si nada hubiera pasado. El más mayor de los dos me dijo.

  • ¿Tamara Fuentes?
  • No, lo siento se equivocan de persona —dije irónicamente— Yo soy Mara, Tamara es mi hermana gemela, pero ahora esta de viaje.
  • Mara hija —dijo mi madre a punto de llorar— ¿Como has podido?
  • ¿Cómo he podido qué?
  • Mire señorita, tenemos las grabaciones de la cámara de seguridad de la tienda, sabemos que ha sido usted quien a apuñalado al guardia de seguridad.
  • ¿Apuñalado? No, por ahí si que no. Solo lo he percheado. O tenía que dejar que metiera mano a mi amiga.
  • Llámelo como quiera, pero le ha clavado una percha en la pierna al vigilante y ha quedado grabado —dijo uno de los polis— El vigilante, dice que su amiga había robado unas prendas intimas.
  • ¡Eso es mentira! Ese cerdo lo único que quería era manosear a mi amiga.
  • Son acusaciones muy graves.
  • Pues es lo que hay — dije muy tranquila.
  • Debes acompañarnos a comisaría, te tenemos que tomar declaración y ya veremos lo que dictamina el juez —dijo el agente.
  • Como quieran, —dije poniéndome en pie— ¿nos vamos ya? ¿Por cierto a mi amiga que le va ha pasar? —pregunte a los agentes.
  • Ya han ido unos compañeros a buscarla, —dijo uno de ellos— la llevaran también a comisaría, para tomarla declaración, como a ti.

Aquella fue la primera vez que pise una comisaría de policía, fui fichada y entré a formar parte de la larga lista de delincuentes juveniles.

Posteriormente pasé a disposición judicial y más tarde a juicio en el que el juez me impuso una multa de mil quinientos euros y una pena de seis meses de trabajos a la comunidad.

Pero aquello más que amedrentarme lo que hizo fue enfurecerme más, perdí la fe en la justicia y en las leyes que sustentaban la sociedad actual. Mi ira fue en aumento, no comprendía como la ley protegía a una persona que abusaba del poder que le daba el uniforme, para cometer abusos a chicas jóvenes bajo la argucia de que habían robado en el establecimiento en el que estaba de servicio.

Empecé a juntarme con chicos y chicas que como yo habían tenido algún traspié con el sistema judicial. En poco tiempo fui convirtiéndome —sin yo pretenderlo— en una persona influyente dentro del grupo. Comencé a tontear con las drogas, al principio fueron los porros de marihuana o hachís, con el tiempo la cocaína y las pastillas me atraparon en una espiral de adicción. Para entonces ya había perdido la virginidad, tanto moral como física, la primera vez que me acosté con un chico, fue algo, no se… como explicarlo, no fue como había contado, algo especial, algo mágico. No sentí nada más que un dolor en mi sexo, que me duro un par de días, aquello me hizo ser  algo reticente a volver, cuando aquel ingenuo quiso repetirlo, a su madre le debieron de pitar los oídos de cómo puse al niñato y a la madre que lo parió.

Un mañana me levante algo asqueada de todo, como cada día mi madre se levanto con las pilas cargadas y empezó con su retahíla de siempre.

  • ¿Dónde vas, Mara?
  • A dar una vuelta.
  • ¿Una vuelta? Son las diez de la mañana. ¿No es temprano para dar una vuelta?
  • ¿Qué pasa, que las calles están cerradas a estas horas?
  • No me hables así.
  • Pues no me vengas con chorradas, Me largo.
  • No sales ahora, tenemos cosas que hacer.
  • Pues eso voy hacer mis cosas y una de ellas es largarme a dar una vuelta.
  • No salgas por esa puerta.
  • ¿Y que pasa si salgo? ¿Me vas a pegar? Anda y que te den.
  • ¡Maraaa!

Yo ya me había largado pasando de mi vieja. Fui a la plaza donde pensaba que encontraría a alguien de la peña, pero que va, no había nadie. Mande un whatsapp a Lucas.

  • ¿Donde andas?

Nada. — Que raro que no vea el whatsapp. Lo intente con Elías.

  • ¿Dónde estáis Elías? Lucas, no ve mis msj,
  • Estoy en casa.
  • ¿En casa? ¿Sabes algo de Lucas?
  • Se ve que no te has enterado. Lo pillaron anoche y esta detenido.
  • ¿Y eso? ¿Qué ha pasado?
  • Una movida con unos tíos de la banda de tú amigo Dominique. Iban fumados y se liaron a palos, pasaba la poli por allí en ese momento y los pillaron.
  • ¿Tú no estabas?
  • Que va, me fui antes, tenia planes y los deje en la plaza.
  • ¡Ya! La Jeni.
  • Sí, jajaja. Como lo sabes. Nos vemos esta tarde y te cuento.
  • Chao entonces.

Me puse a caminar por la ciudad sin rumbo fijo, no quería volver a casa, con mi madre de uñas, solo tendría bronca. Cuando me dí cuenta, estaba dentro de la tienda donde clave la percha al guarda, no me acordaba de aquello hasta que no lo vi venir hacía mi.

  • ¿Que haces aquí, puta? —me escupió a la cara
  • ¿De que vas tío? ¿No puedes hablarme así? Soy una clienta.
  • Eres una zorra, eso es lo que eres.
  • Quiero hablar con el dueño, o si no, mejor, voy llamar a la policía.
  • No vas a llamar a nadie, ya te estas largando de aquí o acabaras en el cuarto de atrás, y no te va a gustar.
  • Eres un cerdo y un cabrón de mierda. No creas que te vas a salir con la tuya.
  • ¿Me estás amenazando, puta?
  • Llámalo como te salga de los cojones —le dije mientras me iba hacía la calle.

Salí de allí cagándome en todos los santos del cielo. Aquella tarde en la plaza vi a Dominique y hable con él.

  • Hola tío, ¿como lo llevas?
  • Ya ves, como siempre, vaya colegas tienes —me contesto.
  • Ya me han contado lo que paso ayer. En cuanto se fuman un porro se pierden.
  • Bat, no pasa nada. —Me dijo — Mira, ya los han soltado. Ahí viene tú colega Lucas.
  • Hola pareja —nos saludo Lucas.
  • ¿Qué pasa tío? Has dormido bien en la trena —le soltó Dominique.
  • Un noche de descanso viene bien de vez en cuando —dijo él con una sonrisa— ¿Y tú que tal Mara? Tienes mala cara.

Les conté mi encontronazo con el cabrón del segurata.

  • No jodas que te ha dicho eso, que hijo puta —dijo Lucas.
  • Su pinché madre, ese mierda se merece un escarmiento —dijo Dominique.
  • Sí tío, a ese cabrón le tenemos que dar por culo — contesto Lucas.
  • Bien dejármelo a mi, ya os aviso.

Les dijo Dominique levantándose y dirigiéndose hacía sus colegas, estuvo hablando con uno y este asintió con la cabeza y salió disparado hacía no se dónde.

Al cabo de unos días me vino a buscar a casa Carla.

  • Hola Mara.
  • Que tal Carla, qué haces ¿aquí? —la pregunte.
  • Me envía Dominique, quiere verte esta noche —me dijo.
  • ¿Esta noche?
  • Sí, dice que tenéis que solucionar algo que había pendiente —me comento.
  • ¿Y dónde quiere verme?
  • En el local abandonado del muelle, ¿sabes cuál es? —me pregunto Carla.
  • Si, se cual es.
  • Bien, pues esta noche a las once estate allí, hasta la noche Mara —me dijo despidiéndose.
  • Gracias Carla, nos vemos.

Hable con Lucas esa noche  y le conté lo que me había dicho Carla, se ofreció a ir conmigo y juntos fuimos hasta el local del muelle. Al llegar estaba uno de la pandilla de Dominique guardando la puerta.

  • Pasad —nos dijo sin más— están al abajo, al fondo están las escaleras, cuidado que no hay luz.
  • ¿Están? —pregunte— ¿Quiénes?
  • Bajad y lo averiguaréis, pero pasad que las paredes tiene ojo y no pueden vernos aquí o vendrá la pasma —dijo apremiándonos para que pasáramos.

Entramos y Lucas encendió la linterna del móvil, fuimos por aquella estancia en la que había basura por todas partes, hasta el fondo del local, las escaleras estaban justo al final a la derecha tras un pequeño recodo, bajamos despacio y otro de la pandilla de Dominique nos indico que fuéramos hacía una puerta que se encontraba al fondo del pasillo que había al final de las escaleras, se veía luz y se escuchaban unas voces apagadas, aunque por su tono parecían cabreadas. Avance decidida hacía allí, Lucas me siguió, al llegar a la habitación donde estaban Dominique, Carla y tres más de su banda, vi que estaban alrededor de una silla en la que había alguien sentado, con la cara desfigurada de los golpes que le habían propinado. Carla nos vio entrar y le hizo un gesto a Dominique, este se volvió y al verme me sonrió, se giro de nuevo hacía el que estaba en la silla y le dijo.

Ahora vas a saber de verdad lo que es la MARA.

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Felicitación de Navidad y año nuevo


Como última actividad del año FlemingLab y Juan Crevillo su tutor/impartidor del curso de escritura en el que he tenido el placer de participar durante todo el año 2017 y del cual he aprendido mucho sobre el mundo del escritor.

Quiero felicitar la navidad, a todos/as los integrantes de esta gran familia, que son/somos los masticadores de letras, y al resto de la blogosfera, con esta pequeña postal navideña,

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